Las más recientes observaciones sobre el asteroide 2024 YR4 han cambiado el panorama inicial que generó preocupación a nivel mundial.
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Según confirmó la NASA, actualmente no existe una probabilidad significativa de impacto ni con la Tierra ni con la Luna, descartando así los escenarios que en su momento despertaron alarma.
Uno de los avances clave en esta actualización proviene del James Webb Space Telescope, cuyas capacidades permitieron definir con mayor precisión la órbita del objeto.
Gracias a estas observaciones, se determinó que el asteroide pasará a una distancia aproximada de 21.200 kilómetros, alejándose de cualquier riesgo de colisión.
Este nuevo cálculo representa un punto de inflexión, especialmente porque durante parte de 2025 el seguimiento del asteroide fue limitado, generando incertidumbre en la comunidad científica. La dificultad para observarlo desde la Tierra había impedido precisar su trayectoria, lo que alimentó especulaciones y versiones exageradas sobre un posible impacto.
Cuando fue detectado a finales de 2024, el 2024 YR4 activó los protocolos de vigilancia de la NASA, debido a que los primeros análisis indicaban una remota posibilidad de colisión con la Tierra para el 22 de diciembre de 2032. Sin embargo, incluso en ese momento, los expertos aclararon que el riesgo era bajo.
Con el paso del tiempo y la recolección de más datos, la hipótesis fue evolucionando. En lugar de la Tierra, la atención se trasladó hacia una posible interacción con la Luna, con probabilidades que alcanzaron alrededor del 4,3 % a inicios de 2026. No obstante, esta posibilidad también ha sido completamente descartada tras los estudios más recientes.
Actualmente, el asteroide continúa bajo monitoreo constante, aunque se trata de un objeto extremadamente tenue.
Las capacidades del telescopio Webb, especialmente su sensibilidad y precisión para rastrear objetos en movimiento, han sido fundamentales para obtener información más exacta y reducir la incertidumbre.


