El Heraldo
Génesis, con 9 meses de embarazo, acompaña a Javier mientras trabaja en el barrio El Manantial, en Soledad. Jesika Millano
Barranquilla

Javier y Génesis: la realidad de los menores que migran solos

EL HERALDO narra la historia de dos adolescentes extranjeros que sin haber alcanzado la mayoría de edad decidieron migrar en busca de calidad de vida.

Javier Muñoz y Génesis Perozo, con 17 y 15 años respectivamente, tomaron en 2018 una de las decisiones más difíciles de sus vidas. Lo pensaron una y mil veces pero desde un principio lo tenían claro: no podían esperar a que sus circunstancias mejoraran.

Eran las 4:00 de la madrugada y en sus últimos minutos juntos, Javier se aferró a su madre en un abrazo y respiró profundo para evitar llorar. Génesis, por su parte, se había despedido el día anterior de su abuela, quien estaba a cargo de su cuidado, y quien ante ese inminente adiós de su nieta prefirió ocultarse triste en la habitación.

Después de cruzar el portón de la casa, contuvieron las lágrimas. Javier volvió a abrazar a su madre y, junto a Génesis, abordó un ‘carro por puesto’ que los esperaba frente a su vivienda. Habían partido de Maracaibo rumbo a su travesía migratoria con la promesa de salir del país los dos o ninguno.

A lo largo del camino, habían recopilado información crucial de otros migrantes: las rutas más convenientes, los lugares que debían evitar y dónde buscar alimento.

“Uno de ellos preguntó dónde estaban nuestros padres y le contesté que estábamos viajando solos y no teníamos un permiso legal".
Javier Muñoz, actualmente tiene 20 años.

Pero a kilómetros de allí, en el punto de control de ‘La Raya’, hombres de la Guardia Nacional detuvieron el vehículo en el que ambos viajaban junto a otros tres pasajeros. En ese momento, afirman, cerraron los ojos y se encomendaron a Dios, mientras un uniformado verificaba sus documentos de identidad.

“Uno de ellos preguntó dónde estaban nuestros padres y le contesté que estábamos viajando solos y no teníamos un permiso legal, y que ella (Génesis) era mi mujer y tenía una responsabilidad que debía asumir”, respondió Javier señalando el vientre de la adolescente con 5 meses de embarazo.

Después de tanto insistir, los uniformados dejaron que ambos siguieran su camino, no sin antes despojarlos del dinero que tenían para continuar con su viaje a territorio colombiano.

Javier y Génesis son unos de los cientos de adolescentes extranjeros que han llegado al país sin sus progenitores; jóvenes que sin haber alcanzado la mayoría de edad emprendieron solos el proyecto migratorio.

En Venezuela ambos estudiaban, y aunque Javier logró terminar su bachillerato, Génesis no.

"A raíz de su embarazo a mí se me metió en la cabeza la idea de emigrar".

“Yo me metí a vivir con Génesis cuando tenía 14 años y yo 16. A raíz de su embarazo a mí se me metió en la cabeza la idea de emigrar y comencé a trabajar para reunir el dinero para el pasaje. Teníamos que echar pa’ lante para sobrevivir y poder ofrecer un mejor futuro a nuestro hijo”, narró Javier.

Viacrucis del migrante

Contra todo pronóstico, finalmente ambos adolescentes llegaron a la terminal de Maicao donde tomaron un bus rumbo a Barranquilla. En todo el trayecto, al vehículo no lo pararon en ningún punto de control.

“Yo tenía unos pesos que había reunido y escondí en mi ropa para que los guardias no me los quitaran. Con eso pagamos el pasaje”, contó Javier.

Al llegar a su destino, un conocido les consiguió un lugar para alojarse. Era un local que estaba desocupado en el barrio La Paz y donde vivieron por varios meses.

Génesis Perozo, cumplió 18 años el pasado noviembre y está embarazada por segunda vez.
"Los médicos descubrieron que el bebé no tenía signos vitales".

“Conocimos a una señora que nos ayudó. Al ver que Génesis estaba embarazada nos regaló 100 mil pesos para que pudiéramos subsistir. Con ese dinero nos mudamos a una casa en el barrio El Manantial, en Soledad donde pagábamos 100 mil mensuales de arriendo y dormíamos en la sala, en una colchoneta que nos regalaron. Allí vivíamos siete personas”.

Con la mitad del dinero regalado comenzaron a vender café para cubrir su alimentación hasta que Javier consiguió trabajo como ayudante de construcción. “Logré estabilizarme un poco y pude comprar un ventilador”, dijo.

Génesis, con 9 meses de embarazo, descubrió en un chequeo de rutina que el corazón del bebé no latía. “Ella no presentó dolores, fuimos al hospital porque faltaba poco para su parto pero durante la ecografía, los médicos descubrieron que el bebé no tenía signos vitales”.

"Aquí no nos ha ido tan mal porque no pasamos hambre, pero estamos sobreviviendo”
Ambos jóvenes viven juntos desde que tenían 16 y 14 años. Jesika Millano

Un futuro incierto

Hoy en día, Javier tiene 20 años y se gana la vida como barbero debajo de un palo de mango en un parque. "Me iba bien antes de la pandemia, pero nuestra situación económica se ha puesto difícil. Con todo eso busco la forma de salir adelante y resolver para pagar el arriendo y la comida".

Por su parte, Génesis cumplió 18 años el pasado noviembre y está embarazada por segunda vez, ya cumplió 37 semanas de gestación y está a la espera de una niña. “Ha sido muy difícil estar lejos de nuestras familias, nunca habíamos vivido lejos de ellos. Queremos que en Venezuela mejore la situación para poder regresar”, añade.

Aunque tienen pensado legalizar su permanencia en Colombia a través del Estatuto de Protección Temporal para los migrantes venezolanos, también quieren migrar a otro país: Chile. “Queremos empezar una nueva allí a ver si nos va mejor. Aquí no nos ha ido tan mal porque no pasamos hambre, pero estamos sobreviviendo”, agregó Javier.

Javier se gana la vida como barbero ambulante en un parque. Jesika Millano
La ruta más peligrosa

Save The Children señaló que en la mayoría de casos estos menores transitan en canoas y otras rutas irregulares, como por ejemplo por el río Arauca. Además predominan como ‘La Cortica’ o ‘La Ochenta’, coloquialmente llamadas trochas ubicadas en el corregimiento de Paraguachón de La Guajira, las cuales son las más comunes y las que presentan mayor riesgo, debido a que, personas que administran estos negocios ilícitos, cobran una cantidad monetaria por pasar por estos sectores.

“El tránsito lo deben realizar por vías de influencia de grupos armados que imponen ciertas dinámicas que los niños no acompañados desconocen y por su curiosidad pueden quedar expuestos a manipular artefactos o caer en riesgo de reclutamiento”, añadió Save The Children.

Una vez logran entrar al país se movilizan a otras ciudades pidiendo la denominada ‘cola’ a conductores que no conocen, los que en ocasiones desean recibir compensaciones sexuales por brindarles ayuda.

En camiones migrantes cruzan la frontera por la trocha denominada ‘La Cortica’. Cortesía Luis Gutiérrez

Dentro del ejercicio de atención en sus casos, Aldeas Infantiles también ha identificado una alta frecuencia de hurto en el transcurso del camino, debido a que usualmente estos menores de edad tienden a relacionarse con quienes ellos denominan ‘Los Hinchas’, que ejercen control en diferentes sectores del país y tienden a estar armados.

“Al presentar alta permanencia en calle, están expuestos a sectores de vulnerabilidad donde es común el consumo y expendio de sustancias psicoactivas. Y por otro lado, existe un alto porcentaje de población migrante que presenta enfermedades de transmisión sexual, y se ha identificado que la población caminante en especial maneja relaciones sexuales de riesgo, asociadas a sexo por supervivencia, factores ambientales y sociales que influyen en este tipo de conductas”, precisó Rosales.

Por su parte, el Icbf señaló que en algunos casos, estos menores no pueden obtener documentos de identidad apropiados, no tienen acceso a registros, su edad no puede determinarse, ni pueden tampoco solicitar documentos, instar la localización de la familia, ni acceder a sistemas de tutela o asesoramiento jurídico.

Cortesía Luis Gutiérrez
¿Por qué los menores de edad migran solos?

De acuerdo con el Icbf, los menores viajan solos por diferentes circunstancias. “Pueden extraviarse de sus familiares en el proceso migratorio o están en compañía de adultos que no tienen la responsabilidad de su cuidado", indicó la entidad.

El tránsito, según Save the Children, lo logran utilizando los pasos irregulares, evadiendo los controles de Policía y de Migración Colombia, valiéndose de apoyos en la vía y grupos que se conforman en el trayecto.

Otras de las causas identificadas por Aldeas Infantiles SOS Colombia es que estos menores relatan maltrato intrafamiliar, abandono o muerte de uno de sus progenitores, así como trastornos mentales, reunificación con familia que reside en un país determinado, deseos de viajar o influencia social porque sus amigos y familiares han migrado.

“Generalmente el discurso de los adolescentes se asocia a las condiciones socioeconómicas y deseos de laborar para enviar dinero a sus familias; sin embargo, es recurrente encontrar en estos adolescentes dificultades en la dinámica familiar”, expresó la directora de la organización internacional.

Tal como el caso de Javier y Génesis, Aldeas Infantiles SOS Colombia también ha evidenciado un alto porcentaje de adolescentes que migran con la intención de emanciparse con sus parejas. En su mayoría son adolescentes mujeres que han tomado la decisión de independizarse.

Y es que, de acuerdo con la organización internacional, la cultura de la población venezolana genera un grado de independencia alto para los adolescentes de 16 años en adelante, por encontrarse próximos a cumplir su mayoría de edad.

"El inicio temprano de la vida sexual y los embarazos adolescentes son muy frecuentes, y por ende se asocian con las responsabilidades, decisiones y situaciones propias de los adultos. Los padres difícilmente interponen denuncias, reportes de desapariciones cuando sus hijos salen de sus hogares por periodos prolongados de tiempo", mencionó Ángela Rosales.

Menores migrantes en cifras

Durante el 2020, en protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) se encontraban 201 casos activos relacionados a niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados y atendidos a través de un Proceso Administrativo de Restablecimiento de Derechos (PARD).

De esta cifra, el instituto señaló que el 61% son menores entre los 12 a 17 años, mientras un 18% son niños, niñas y adolescentes entre los 6 y 11; un 6% corresponde a mayores de 18 años y un 15% son menores entre 0 y 5 años, que así como los adultos, ingresan al país a través de cruces clandestinos, irregulares o incluso regulares.Por su parte, Aldeas Infantiles SOS Colombia ha atendido en total 248 menores que han arribado al país sin ningún acompañante legal, el pasado año y en lo que va del 2021. De ese reporte, 208 casos han sido identificados en La Guajira y 40 en Nariño.

Ángela Rosales, directora nacional de esta organización precisó que el rango de edad en el acogimiento de menores en Maicao es entre los 6 y 11 años, en su mayoría niñas. En Ipiales (Nariño), la mayor predominancia es la de adolescentes de 15 y 17 años, siendo el género masculino el más frecuente.

“Para el año 2021 hemos contado con participantes desde 9 años hasta 17 años teniendo mayor predominancia en adolescentes de 14, 16 y 17 años, teniendo hasta el momento más predominancia el género femenino”, señaló Rosales.

En 2020, Save the Children Colombia identificó 47 casos, aproximadamente. En Arauca se identificaron 10 casos; Valle del Cauca 17 y 20 en La Guajira.

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