No es un negocio cualquiera. Es una fiesta donde se gana y goza. Por lo menos así lo ven decenas de silleteros y vendedores informales que, a falta de veinte horas para la Guacherna, acampan en las solitarias calles de Barranquilla para cuidar un puesto. O como ellos le dicen, 'marcar terreno'.
Sobre la carrera 44 entre calles 74 y 72, donde comienza el desfile, la familia Iriarte Noel se apodera de gran parte de la acera para ubicar sus 50 sillas y siete neveras. Llegaron este jueves a La Arenosa desde Cartagena y solo regresarán a su hogar, según las predicciones de la abuela Edtih Iriarte, después de Carnaval.
Iriarte, una morena de falda negra y turbante, lleva más de 35 años de trabajo en fiestas carnestolendas. Por eso hoy carga tres sábanas gruesas, pues sabe que la noche será fría y les espera a ella, sus hermanos, sobrinos y nietos una 'jornada de camello bien larga'.
'Hay que tener el ojo bien abierto y ser muy unidos para cuidarse las espaldas. Yo ahorita me echo un sueñito y mis primos nos cuidan porque uno anda por acá solo y no queremos que se nos pierda nada', expresa la mujer de 62 años, con acento cantado.
Mientras se arropa y se acomoda entre cajas y palos, dos de sus familiares se alistan para descansar plácidamente. Debajo de los árboles secos del parque Luis Carlos Galán Sarmiento, la familia cartagenera se acurruca en hamacas y camas improvisadas con madera y colchones. Como almohada, usan recuadros de icopor y retazos de tela.
El panorama se repite en los siguientes tramos. En la primeras tres cuadras, se cuentan más de seis campamentos callejeros.

El plan Guacherna
Desde las 5 a.m. de este viernes, la agenda para los ‘reyes’ de la venta informal de cervezas, gaseosas y bolsas se agua se aprieta.
Entre las tareas pendientes está la búsqueda de hielo y la compra de dos o tres cajas de cervezas, así como de otros refrescos. Organizar sillas, cuidar el puesto, convivir con el sol, algunos de las labores pendientes para hoy.
'La parte más dura es que buscar donde dormir y donde hacer las necesidades. Yo en Cartagena tengo mi casa con abanico, mueble, nevera y de todo, así que nunca es fácil acampar en las calles', cuenta Iriarte, antes de recordar algunas anécdotas durante su trabajo en fiestas.
Cuenta que, en el municipio de Turbaco (Bolívar), un día las peleas callejeras durante las festividades la hicieron, de los nervios, subirse a un árbol, del cual después no sabía cómo bajarse.
'Lo más chévere es que gane o pierda plata, uno se divierte y baila bastante. Yo no soy de las que vendo y no le paro lo bola al desfile. Yo estoy pendiente y lo gozo', cuenta la morena, ante las risas de Keyner García y Katia Castillo, dos de sus familiares.
Según cuentan García y Castillo, la idea es ganar en el desfile cerca de $600.000, restando los gastos de ida y regreso a Cartagena. 'El sábado vamos a Santo Tomás y luego seguimos para el resto de eventos', aseguraron.
Entre risitas, lo confiesan. Además de alquilar sillas y cobrar dinero, aprovecharán los faroles y luceros para bailar cuando venga la Guacherna.




















