Apenas dos días después de haber instalado en la terraza de su casa un lavadero de manos improvisado para que quienes pasaran por la puerta de su casa, Wadith Enrique Alvarino Aguirre se dio cuenta a sus 55 años que no todos se contagian de su espíritu de solidaridad. 'Hay quienes, por naturaleza, se dejan llevar por la necesidad, y es lo entiendo', pensó en la mañana de este viernes cuando notó que alguien había robado su invento en medio de estos tiempos de coronavirus.
'Eso fue como que en la madrugada. Yo soy bastante conocido en el barrio y a lo largo del día varias personas me llamaron diciendo que unos chirretes se habían robado el tanque verde', contó Alvarino Aguirre a EL HERALDO.
Aseguró que cuando salió de su casa para ir al mercado a abastecerse de víveres se encontró con una empleada de su restaurante que también dijo saber dónde estaba el balde al que él mismo le había adaptado un dispensador de agua para ponerlo en la terraza de su casa en la calle 20 con carrera 19, en el Centro de Soledad.
Según le dijo la mujer, muy temprano en la mañana había visto a dos hombres con el balde intentando venderlo, pero la mayoría de las personas a las que les ofrecían el utensilio sabían que pertenecía a Alvarino Aguirre porque lo habían visto instalando otros lavamanos improvisados en varios sectores del Centro.
'Ellos se enhuesaron. Como que lo llevaron a varias partes y todo el mundo decía: ‘ese es el de Wadith, el de la calle 20’. Hasta los policías del sector llegaron a mi casa a decirme que sabían donde estaba, pero que tenía que poner la denuncia para que les quitaran el balde', explicó el hombre.
Sin embargo, habiendo sido víctima del hurto, Wadith Alvarino Aguirre volvió a dar catedra de solidaridad, pues en lugar de alentar una persecución contra los ladrones, prefirió pensar que habían cometido el robo 'por la necesidad que estamos pasando todos en cuarentena'.
'Eso es algo menor y prefiero evitar chicharrones. Yo soy consciente de la situación y más bien hice otros cinco lavaderos en puntos estratégicos —dijo—, pero esos los estoy tapando en las noches para que no se los lleven. Después compré seis plumillas para los otros tanques y me quedó una en la casa; esa la voy a acondicionar otro para reemplazar el lavadero que se robaron de la terraza. Vamos pa’ lante, el propósito sigue siendo el mismo', afirmó Wadith Alvarino.


