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Atlántico ratificó su favoritismo y fue una de las más animadas durante el desfile. Josefina Villarreal
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Atlántico sube la marea real

El Desfile de Balleneras vuelve a ser un evento concurrido, luego del ausentismo de los últimos años

Cartagena es una alcahueta que escondió los truenos para darle paso al Sol. La amenaza de lluvia fue pura bulla y la plataforma de agua se mantuvo como la mejor pasarela del esperado Desfile de Balleneras, que volvió a ser un evento concurrido mas no multitudinario, donde el ranking real se agitó con intensidad, a los ojos del pueblo cartagenero y la prensa nacional congregada en la Heroica.

Una pasarela esperaba a las 21 concursantes en la Terraza de las Ánimas del Centro de Convenciones, donde poco más de un centenar de personas, entre público y periodistas, logró apreciarlas en traje de baño antes de que se embarcaran en el primer gran destape, a la vista de los congregados en el paseo peatonal de Castillogrande, a la orilla de la bahía.

Y el público regresó a apreciarlas y las aspirantes al título de Señorita Colombia respondieron con la cercanía. Esta vez hubo una delimitación que hizo que los botes balleneros circularan lo más próximo posible a la orilla, entre los asistentes de tierra firme y los que prefirieron ver el acto desde sus yates y botes, al filo de las boyas que marcaron el trayecto de las candidatas.

Algunas reinas subieron mientras que otras bajaron el termómetro, y otras, por supuesto, ratificaron su favoritismo. Atlántico, Valle y San Andrés hicieron parte de este último grupo. Además, fueron de las más animadas durante el desfile.

Paulina Vega Dieppa, representante de los atlanticenses, es la reina del pueblo, que la aplaude y le aclama en cada presentación. Sobre la pasarela, las demás candidatas veían cómo era ella a quien más le solicitaban poses los fotógrafos, mientras seguidores se retrataban a su lado y su nombre sonaba por todas partes.

Su figura de guitarra, por mucho superior a la del promedio de candidatas, la ubican como la mejor del Concurso Nacional de Belleza, que de ser por Cartagena, ya tuviera ganadora anticipada: Pauli, como le dicen sus allegados. A la orilla de la bahía se repitió la historia, y los yates y embarcaciones que gozaron con fiestas improvisadas sobre el mar se ‘prendían’ ante el paso de Atlántico, que demostró actitud, rostro y porte.

A su lado, Arauca apenas se hace notar. Resulta que la llanera, favorita al llegar al Corralito de Piedra, fue perdiendo puntos por su falta de chispa, su baja estatura y, desde ayer, por su cuerpo: no hay curvas, no hay cola, solo una buena cara con mucho cabello.

Lo mismo pasa con Risaralda, que no ha demostrado ser más que un rostro lindo, muy bien maquillado y criticado por eso. Tiene una gran silueta, un abdomen tonificado al que no acompaña el volumen: nada por delante y nada por detrás. Le falta demostrar empatía con el público. Luce, en ocasiones, forzada a sonreír, y ayer no fue la más carismática.

Antioquia gusta. Es linda y buena conversadora, pero sus atributos demasiado notorios le restan clase, algo que están buscando los jurados, dicho por ellos mismos. Bogotá y Bolívar han pasado sin pena ni gloria: la primera linda, pero hasta ahí, y la segunda más bien llenita y cachetona para un reinado de belleza. Cartagena se les une. A pesar de los grandes aplausos que se lleva por ser la local, los críticos salen al paso para advertirle al público de su baja estatura, extraña sonrisa –nada linda- y pasarela exagerada.

Caquetá… ¡Caquetá! Nadie le ha parado bolas, pero es una chica con actitud, que se desenvuelve muy bien ante los medios y que, sin ser la más linda, ha logrado sacar varios aplausos. Le falta trabajar el abdomen, pero no desentona en el grupo de las 10. Puede ser el palo, como Huila y Magdalena, dos niñas lindas que no impactan, pero que tienen buenas figuras, sin ser espectaculares.

Este par también se expresa muy bien, y aunque no han sonado hasta ahora, son mejores opciones en el grupo de semifinalistas que algunos desaciertos en el Reinado, que ni quitan ni ponen, como Norte de Santander, que nada tiene que hacer con un notorio tatuaje de gitana en el torso, aunque se esfuerce por esconderlo; o Nariño, con una evidente operación en el abdomen que resalta por lo artificial. Además, luce muy mayor al lado de sus compañeras.

Las negras del grupo también gustan, más San Andrés que Chocó, pero ambas con cuerpos muy cuidados, pieles lozanas y afros que se roban el show. A la chocoana la falta estatura, pero dará la pelea.

Y de último siempre Valle, aunque no en el ranking, donde se mantiene como favorita por su figura marcada y su energía, la más arrolladora del certamen, sin ser escandalosa. En ella reside la madurez de una mujer muy joven que tiene a la carga a su familia de cinco hermanos. Gran conversadora. Su talón de Aquiles es el rostro, aunque a ella no le desluce, sino que la hace parecer una morena interesante.

Enviada Especial
 

 

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