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Cuando Monsieur Periné consiguió el Latin Grammy como Mejor Nuevo Artista en la edición 2015 del premio que exalta lo mejor de la música latina, el mensaje de Catalina García, su vocalista principal, fue un contundente aforismo a una vocación que, años después, seguiría intacta: 'Somos representantes de muchísimos jóvenes artistas que, como nosotros, llevan muchos años buscando y luchando en sus raíces latinoamericanas'.

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Los años transcurrieron y la banda mantuvo la vocación y compromiso beligerante de ser resistencia en contra de lo establecido, manteniéndose capaz de seguir llegando a nuevas audiencias con ritmos capaces de contar las diferentes latitudes del continente, e incluso, del mundo, por medio de canciones orientadas a hacer sentir desde la música, pero también capaces de poner a pensar.

Bajo esa filosofía artística, Santiago Prieto y Catalina García trabajaron por varios años en Bolero Apocalíptico, un álbum integrado de sensibilidad y profundo amor hacia Colombia expresado en ideas, propuestas y la necesidad de ir más allá en la ya complicada labor de unir al país ante las cada vez más incipientes divisiones, según ambos manifiestan.

Cuarto en su discografía de álbumes, Bolero Apocalíptico comenzó a trabajarse en la pandemia y recopila a corazón abierto el sentir de sus integrantes a lo largo de los momentos más convulsivos de los últimos años, pasando especialmente por el confinamiento y la crisis social atravesada por el país en el marco de las manifestaciones correspondientes al estallido social de 2021.

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'Queríamos quitarnos la presión de buscar el hit, que es como la película en la que se meten muchos artistas -y productores- en la industria, porque casi todos los hits terminan hablando de lo mismo, con las mismas líneas armónicas, todos hablan de la misma cosa, los vídeos se ven igual (risas) y en Prométeme tratamos de burlarnos de eso, al mismo tiempo que buscamos seguir siendo igual de fieles a lo que hacemos. Hay bolero porque amamos los boleros y porque también buscamos mantener nuestro estilo de vida', reconoce Catalina García a la hora de hablar de la producción.

Seguidamente, Santiago especifica que, más que el género, la idea es mantener la vocación latinoamericana de un estilo de canción menos preferido ante el decantamiento social hacia el mainstream: 'este no es un disco de boleros (risas) porque realmente solo tiene como un pedacito de canción, pero tiene el nombre en alusión a un espíritu que, más que genero, busca conjugar dramatismo y romanticismo'.

{"titulo":"Vicente García aviva la intensidad de amar con ‘Candela’","enlace":"https://www.elheraldo.co/entretenimiento/vicente-garcia-aviva-la-intensidad-de-amar-con-candela-638253"}

Conscientes del paso del tiempo, tanto Santiago como Catalina consideran que su música, ante energética por una amplia capacidad de transformarse, también mantiene una esencia viva, como la llama de una vela que se niega a desaparecer ante las adversidades. 'Nuestros conciertos son rituales llenos de poder. Habrá quien diga que no vendemos, pero nuestra vocación no es eso; hicimos swing, pero estamos lejos del reggaetón, y mucha gente podrá criticarlo, pero es ese nuestro estilo. Viajamos por la música y tratamos de hacer lo que nos gusta'.

Cumbia, el quinto elemento

Tal vez la canción más sentida de todo el álbum es Cumbia Valiente, hecha en colaboración con Ana Tijoux. Colombia, es pa'ti, arranca diciendo la melodía.

'Esa canción fue la necesidad de expresar descontento y frustración', menciona con seriedad y fuerza Catalina. 'Existen necesidades colectivas como sociedad y es necesario tener espacios neutros para no tildar a nadie de una cosa u otra. Querer decir eso se mezcló con el estallido social y la canción es un ejercicio de libertad de expresión. Los artistas en Colombia nos convertimos entonces en un foco de persecución pues para algunos movimientos éramos un riesgo'.

Y continúa: 'Nos importa el bienestar humano, más allá de un gobierno o el político de turno o el chisme político del momento y en ese momento, pues con todo lo que estaba pasando en la calle era muy oscuro. Era un poco tenebroso, era violento, de mucha incertidumbre, pero no de una pandemia, sino de la vida misma para muchos'.