El Heraldo
Alfredo Gutiérrez, de 77 años, es uno de los pocos juglares de la música vallenata que sobreviven.
Josefina Villarreal
Sociedad

“Lo que más me enorgullece es mi longevidad artística”: Alfredo Gutiérrez

‘El monstruo del acordeón’ sigue vigente luego de seis décadas musicales. Acaba de estrenar un álbum que mezcla la música caribeña con la africana.

Alfredo Gutiérrez sigue divirtiéndose con la música. Al Trirrey Vallenato no le bastó con ser pionero en incorporar el acordeón a géneros como la cumbia y el porro; ahora se sumerge en un mundo de fusiones con arreglos que involucran elementos de la música caribeña y africana, produciendo así un álbum completo al que denominó El Champetú.

‘El monstruo del acordeón’, como es conocido el intérprete, compositor, arreglista y cantante de música tropical colombiana cuenta con 60 años de carrera artística y tiene más de 100 álbumes publicados, un recorrido envidiable. Esta es quizás su mayor satisfacción, sumar seis décadas alegrándole la vida a diferentes generaciones, y por eso a sus 77 años no se detiene y quiere calar en el gusto de los más jóvenes, a los que les llevará clásicos como El sombrerito panameño, todo un ícono de nuestro folclor cargado con nuevas sonoridades.

EL HERALDO diálogo con este artista sabanero sobre su nueva propuesta, la manera en qué ha vivido la pandemia, su proceso de reinvención, sus grandes logros y también reflexionó sobre la forma en que los jóvenes están haciendo música.

P.

Háblenos de su gusto por la champeta y su nuevo álbum ‘El Champetú’.

R.

Es un homenaje a este género que también es muy caribeño, con raíces africanas tributamos a la auténtica champeta. Tenemos un repertorio con clásicos que hicimos con los Corraleros de Majagual y mi conjunto que adaptamos. Son 13 temas, entre ellos La yerbita, El enredadero y El tanganazo de Eliseo Herrera, La cañaña con la que nos ganamos el Congo de Oro en 1976, y unas inéditas como Coloraito y Candela. 

P.

Hablando de mezclas, ¿qué sintió cuando tema suyos como ‘Ojos verdes’ o ‘Dime por qué’ fueron llevados a la salsa?

R.

Lo tomé como un homenaje que me hicieron los salseros, eso fue muy importante para que ellos lo hicieran a su estilo. Es algo que han hecho orquestas como La Sonora Ponceña e Ismael Rivera.

P.

El tema de la pandemia ha afectado mucho la industria musical, ¿cómo le ha ido a usted?

R.

Al principio todo fue llanto; me dio muy duro. Lloraba a diario porque uno lleva la música en las venas, a mí no me corre sangre, sino música. Me ha hecho falta estar en tarimas, es como el aire, uno sin música es como si muriera. Nos ha tocado entrar en esta era de la virtualidad y con el apoyo de ustedes vamos a seguir adelante. Me comunico mucho con mis músicos y con palabras de aliento les he dicho que tendremos ciertos toques a finales de noviembre y diciembre, esperando que el otro año hayamos superado la pandemia.

En diciembre voy a lanzar un sencillo, El prodigio, en referencia a que cuando estaba niño me gané ese apelativo debido a que desde los cuatro años tocaba acordeón. Estoy buscando patrocinios para hacer conciertos, la cosa no está fácil y en esta era virtual hay que seguir subsistiendo.

P.

Su ídolo musical y amigo Calixto Ochoa acaba de cumplir cinco años de fallecido. ¿Cómo lo recuerda?

R.

 Esa muerte para mí fue de las más duras, me dolió igual que la de mis padres, porque él fue quien me guió en la música y me puso a cantar en Los Corraleros. Precisamente mi nuevo álbum es una especie de homenaje a él, porque tiene canciones como El calabacito alumbrador y también temas de Eliseo Herrera, el Rey del Trabalenguas.

P.

¿De las tres coronas que obtuvo en el Festival Vallenato cuál fue la más difícil de conseguir?

R.

La primera porque en esa época abría la ronda contra los acordeoneros sabaneros y todos eran muy buenos, pero ya después todo fluyó, el público que tenía en Valledupar era grande y estaba también en la cumbre de mi carrera. 

P.

¿De dónde surgió la idea de tocar el acordeón con los pies y eso de sacudir los cachetes?

R.

Eso surgió en la caseta ‘La Piragua’ que hacían en el Mercadito de Boston en pleno Carnaval. En los años 70 alternaba junto con Nelson Henríquez y Los Blanco de Venezuela, cuál de los tres estuviese más pegado. El timbalero de Los Blanco había hecho tremendo show y a mí nunca me ha gustado que me roben el protagonismo, así que me tiré al suelo y toqué el acordeón con los pies, desde entonces ese show quedó institucionalizado en todos mis conciertos.

El sacudir de mis cachetes surgió en Chiquinquirá, Boyacá. Eran las tres de la mañana, frío bajo cero y no aguantaba más, así que le pedí un trago de aguardiente y sacudí toda la cara y desde entonces eso me caracteriza.

P.

¿Desde niño se visionó haciendo vallenato?

R.

Yo veía muchas películas de Elvis Presley, se escuchaban mucho sus canciones, a mí me gusta mucho el rock y es por eso que en mis conciertos también toco rock and roll, soy un vallenatero rockero. 

P.

¿Cuándo está solo en casa qué música escucha?

R.

Vallenatos de Calixto Ochoa, Alejandro Durán, Colacho Mendoza, escucho a Diomedes, Andrés Landero, Juancho Polo Valencia, Luis Enrique Martínez y rancheras de José Alfredo Jiménez, Antonio Aguilar y Miguel Aceves Mejía. También mis porros de Pedro Laza y sus Pelayeros y La Sonora Cordobesa que grabaron El pájaro picón, tema que ahora hago en champeta.

P.

¿Tiene alguna frustración a nivel musical?

R.

Yo siempre quise grabar un álbum con Diomedes Díaz, pero el hombre se nos fue. En 1984 me fui para la CBS (actual Sony Music) a montar las pistas para una producción que haríamos, pero Diomedes se tuvo que ir para Valledupar. Cuando regresó ya yo tenía otros compromisos y nos quedó esa tarea pendiente, pero nos teníamos mucho cariño, cada vez que nos veíamos él decía “llegó el monstruo”. 

P.

Explíquele a los millennials y centennials qué es un juglar.

R.

La palabra juglar aplicada al vallenato quiere decir que la persona toca el acordeón, compone sus canciones y las canta. El juglar casi siempre es analfabeto, deja su pueblo, a su novia y se va en su burrito a demostrar su talento en otras plazas. Como no sabe escribir, cuando vuelve a ver a su amada le canta algo como: “Tiene los ojos indios/ como me gustan a mí”. El vallenato es historia, es romance, son verdades que se cuentan con canciones. Casi todos los juglares se han muerto, sobrevive Lisandro Meza, del resto se nos fueron Calixto Ochoa, Andrés Landero, Alejandro Durán, Julio De la Ossa, entre otros.

P.

Usted tuvo una marcada rivalidad con Aníbal Velásquez, ¿qué recuerda de eso?

R.

En los años 70 hubo una disputa, el público fue el que se encargó de alimentar la rivalidad, porque entre nosotros no hubo ni una sola mala palabra. Aníbal salió primero al ruedo, yo quería tocar como él y me ganaba la platica en las fiestas de toro debajo de los palcos, y en las cantinas. Me iba bien con La guaracha en España, y así fue que llegó mi fama a oídos de Toño Fuentes quien llamó a Calixto Ochoa para que le llevara a ese muchachito que tocaba la música de Aníbal Velásquez para que grabara y así fundamos Los Corraleros de Majagual en 1961.

P.

¿Cuál ha sido su gran logro musical: las tres coronas vallenatas, ser fundador de Los Corraleros o su carrera en solitario?

R.

Lo que más me enorgullece es mi longevidad artística, estoy lleno de salud gracias a Dios, toco las canciones tal como lo hice hace 60 años, la voz se me ha conservado, así que ese es mi gran orgullo. Ni siquiera las tres coronas vallenatas, ni El Trébol de Oro, ni el Califa de Oro que me gané en México, yo mantengo viva mis cualidades, intactas, y en mi nueva producción podrán escuchar mis clásicos con otros sonidos, pero la voz es la de siempre.

P.

¿Cuál es su consejo a las nuevas generaciones de músicos?

R.

Les aconsejo que dejen de copiar sonidos y se dediquen a escuchar a los juglares y comiencen a formar su identidad. Los artistas que terminan siendo longevos artísticamente son los que conservan un estilo. Alejo Durán decía que los músicos de antes si éramos 10, cada uno tenía su estilo, ahora todos se parecen.

‘El champetú’ es su nuevo álbum, una propuesta en la que mezcla la música caribeña con la africana. Josefina Villarreal
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