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¿Esto es real? Ese es el interrogante que la mayoría de personas debe hacerse por estos días luego de ver una fotografía o un video en redes sociales, especialmente si se trata de contenido político, y todo debido a la inteligencia artificial (IA), una herramienta tecnológica que hace cuatro años “no estaba al alcance de la mano” y que en la presente carrera por la Presidencia de Colombia ha sido la nueva protagonista.

La batalla por la Casa de Nariño ya no solo se libra en plazas públicas, debates o entrevistas televisivas. Ahora también ocurre en TikTok, Instagram, Facebook y X, plataformas donde memes, jingles, videos creados con IA y hasta las populares ‘frutinovelas’ moldean emociones y generan recordación.

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Incluso muchos videos son creados por algunos ciudadanos que, tras tener definido su voto, exploran algunas aplicaciones y crean piezas llamativas que los propios candidatos terminan aplaudiendo y compartiendo con todo el país.

En este panorama también han ganado relevancia los tradicionales jingles que se han renovado, y a ritmo de reguetón y pop han logrado calar en el público más juvenil, virilizándose en redes sociales.

“Tigre que ruge y muerde, tigre que nada teme, tigre que deja huella”, es la estrofa que se escucha en medio de sonidos urbanos en el tema Póngale la raya al tigre, con el que el candidato Abelardo De la Espriella genera recordación entre la población votante.

Otra muy coreada por sus adeptos repite la clásica barra futbolera Decime qué se siente, adaptada al presidente colombiano, Gustavo Petro: “Petro, decime qué se siente, tener al tigre frente a vos”.

Todas estas herramientas le ponen picante a la contienda electoral que este domingo convoca a los colombianos a acudir a las urnas para definir quién será el próximo presidente.

Hasta las denominadas ‘frutinovelas’, muy de moda en TikTok, también han recreado a los distintos candidatos en situaciones que van desde las más cómicas hasta las más tensas, lo que indudablemente genera todo tipo de emociones en quienes las observan con detenimiento.

Política emocional

Para Eduardo Palencia Ramos, abogado constitucionalista y director del programa de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Simón Bolívar, estas campañas se ha caracterizado más por las emociones que por las propuestas. “Estas campañas presidenciales se han caracterizado por ser más de formas que de contenido. Lo que buscan es generar impactos emocionales a través de símbolos”, sostiene.

Según el académico, la IA se convirtió en una herramienta poderosa para identificar qué emociones movilizan más a los votantes: miedo, esperanza, indignación, orgullo o sentido de pertenencia. “A partir de la IA se diseñan discursos, eslóganes, lemas, jingles y videos que conecten con esas emociones”, explica.

Palencia agrega que estas tecnologías permiten segmentar públicos con precisión: jóvenes, adultos, votantes indecisos, habitantes urbanos o rurales. Y aunque aclara que una campaña viral no garantiza votos, sí logra instalar narrativas y conectar emocionalmente con determinados sectores.

“El joven suele movilizarse más por la esperanza que por el miedo. Por eso las campañas usan la IA para vender escenarios de futuro, ascenso social o mejores oportunidades”, señala.

Sin embargo, advierte que el exceso también puede jugar en contra. “Muchos jóvenes perciben estas estrategias desde la ridiculez y rechazan cuando sienten que intentan manipularlos”.

Para Reynaldo Villarreal, director del centro de investigación AudacIA de Unisimón, el uso masivo de IA en política merece un análisis profundo. “Esto marca un punto de inflexión en la comunicación política en Colombia (…) Hoy una persona puede generar un video, simular una voz o crear una narrativa viral en cuestión de minutos”, explica.

El investigador considera que la IA también tiene usos positivos, como acercar propuestas a la ciudadanía o facilitar la pedagogía electoral. Sin embargo, alerta sobre los riesgos crecientes de desinformación y manipulación emocional.

“El problema no es únicamente la IA, sino el ecosistema donde circula: redes sociales que premian la viralidad, algoritmos que favorecen la emoción intensa y ciudadanos expuestos a enormes volúmenes de información”, sostiene.

Villarreal señala que muchas de las piezas más virales ni siquiera provienen de campañas oficiales, sino de simpatizantes, influenciadores o cuentas anónimas.

“Muchas veces buscan interacción, no verdad”, advierte.

Por eso insiste en que el gran reto no es prohibir la inteligencia artificial, sino exigir transparencia, fortalecer la alfabetización digital y promover el periodismo de verificación.

“La ciudadanía debe aprender a desconfiar de lo demasiado perfecto, demasiado emocional o demasiado conveniente para una narrativa política”, enfatiza.

Dramatización de la política

Ángel Tuirán, doctor en Derecho Público de la Universidad de Grenoble y docente investigador de Uninorte, considera que esta elección marca un cambio histórico en la propaganda política. “La IA se volvió protagonista porque esta campaña marca un cambio importante en la producción de propaganda digital. Antes se recurría más a afiches, cuñas o televisión. Hoy las piezas generadas artificialmente permiten fabricar atmósferas emocionales para transmitir miedo, esperanza, burla o épica”, afirma.

Para Tuirán, más allá de una pieza específica, lo llamativo es el patrón general que se repite en redes, espacio en el que se observan candidatos convertidos en héroes, villanos, víctimas o salvadores mediante imágenes y videos creados con IA.

“Estamos asistiendo a una nueva dramatización de la política, en algunos casos con dosis de desinformación”, advierte.

El sociólogo y catedrático de la Universidad Autónoma del Caribe Freddy García señala que la IA es una herramienta que puede ser usada tanto para construir como para manipular emociones. “La IA permite crear comunicaciones emotivas, para bien o para mal”, explica.

Según el académico, detrás de cada pieza viral hay estudios psicológicos, sociales y culturales orientados a impactar emocionalmente a determinados grupos poblacionales.

“Las imágenes, palabras y símbolos deben impactar emocionalmente a la persona para llevarla a tomar una decisión favorable a ciertos intereses”, sostiene.

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No obstante, García considera que muchas campañas pueden caer en exageraciones que terminan generando el efecto contrario. “Cuando se usan mensajes alejados de la realidad, la gente lo percibe fácilmente y eso puede convertirse en un problema para quien intenta manipular”, afirma.

El experto también cree que los jóvenes no son tan vulnerables como algunos piensan. “La juventud ya tiene criterios formados. La IA puede influir, pero no cambia de un día para otro la ideología o la intención de voto de una persona”, asegura.