“¡Y dice!/Para Colombia entera/El hombre que vino de Biafra/El pantera, oh”. Así bautizó Álvaro José Arroyo González, Joe, a Gustavo García en el emblemático tema El Árbol, composición de Isaac Villanueva y grabado por Fruko y sus Tesos. El cartagenero más barranquillero le presentó al mundo a ‘el Pantera’, un hombre sagaz que con su trombón lleva más de cuarenta años poniendo a bailar al público.
La historia de Gustavo Emilio García Olivo comienza lejos de los grandes escenarios. Nació en Calamar, Bolívar, en 1954, en una familia atravesada por la música. “Mis raíces son profundas, negras, indias, mestizas”, dice, al recordar un entorno donde el bullerengue, las gaitas y las big bands eran parte del día a día. Su padre, saxofonista, convirtió el patio de la casa en escuela y caseta de carnaval.
Sin embargo, el trombón, el instrumento que lo haría reconocido, no fue su primer amor. “El primer instrumento que yo estudié fue la trompeta”, cuenta. Llegó a ella casi por accidente y empezó a tocar siendo adolescente en Valledupar. Más tarde, ya en Bogotá, la vida lo empujó hacia otro camino. “El trombón me lo encuentro… por tropezar con unos señores que tocaban trompeta y trombón”, recordó en su visita a EL HERALDO.
‘El Pantera’ aprendió a tocar trombón sobre la marcha, leyendo, preguntando, improvisando. “Nunca había estudiado trombón… me aprendía las posiciones donde se tocaban esos temas”, admite. Aun así, esa intuición lo llevó rápidamente a los circuitos más activos de la música tropical en Bogotá, especialmente en los llamados amanecederos. “Ahí se podía encontrar realmente toda la sociedad… se aparta el racismo y lo que hay es el goce”.
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De la Onda a Fruko
De ese entorno surgió su primera gran oportunidad: la Onda Panamericana, considerada la primera orquesta de salsa bogotana. Luego vendría el salto a Medellín y a Discos Fuentes, donde grabó con Fruko y sus Tesos. La anécdota de su llegada es ya parte del folclor salsero. “Fruko me preguntó: ‘¿y el trombón?’… y yo le dije: ‘yo no tengo trombón’”. Terminó grabando clásicos como Tania, El preso, El caminante y más, con un instrumento viejo comprado en una compraventa.
El origen de su apodo
Otro de los temas que grabó con ese remendado trombón fue aquel con el que comenzó la nota donde Joe Arroyo lo bautiza gracias a su estilo bohemio, “porque le recordaba a la Pantera Rosa, por el camina’o. Una vez estábamos en un avión que nos llevaría a tocar en el reinado nacional de la belleza en Cartagena, yo iba con mis pantalones bota campana y mis zapatos de plataforma, me subí al avión y empecé a caminar por el pasillo hacia mi silla y empezaron a cantarme la canción de la Pantera Rosa, ahí quedé bautizado”. Hasta que en El Árbol el mundo lo conoció.
Sonido único
En paralelo, su sonido empezaba a tomar forma propia, influenciado por figuras como Willie Colón y por la escena neoyorquina que conoció de cerca. Su paso por Nueva York fue determinante. “Salía todas las noches… viendo tocar a todo el mundo”, cuenta. Allí no solo tocó, también estudió de manera autodidacta, comprando cursos por correspondencia y empapándose de armonía y orquestación.
Esa experiencia se condensó en Pantera, su único disco como solista, grabado a finales de los años 70. Un álbum adelantado a su tiempo que, paradójicamente, no tuvo éxito comercial en su momento. “Ese disco tenía mucha calidad y decían que eso no era hecho en Colombia”, recuerda sobre las críticas que terminaron sepultándolo.
Lejos de frustrarse, García tomó distancia del negocio. Nunca persiguió el éxito bajo los parámetros de la industria. “Yo hago algo y ya no me interesaba más”, afirma.
Su enfoque siempre ha sido otro: la música como búsqueda constante. “Lo más importante es poder seguir viviendo de músico… dedicado a la música”.
Hoy, casi cinco décadas después, Pantera tiene una segunda vida. El disco fue relanzado este mes en plataformas digitales, ahora con una nueva edición restaurada. “Lo he mejorado con los softwares nuevos… ahora sí legalmente y con regalías”, explica García.
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El reconocimiento, sin embargo, sigue siendo un tema secundario para él. “A mí eso no me importa… lo que más me interesa es que yo le dé el reconocimiento a lo que el país me dio a mí”, dice, con una mirada más amplia sobre la vida y el oficio. Para ‘el Pantera’, Colombia es “el país de la resiliencia”, una tierra donde, pese a las carencias, florece el talento.
A sus 72 años, sigue creando, estudiando y soñando. Entre sus planes está volver a Calamar para impulsar un proyecto educativo y musical. “Quiero crear una escuela donde los niños puedan ir a estudiar… y que venga gente de Europa a aprender”, finaliza.




















