En varias partes del mundo se pueden evidenciar varios videos que se han hecho virales de jóvenes que se identifican como “therians”.
Barranquilla y Valledupar, epicentros de dos fiestas representativas en Colombia
Entre música y barras, se vive la elección de la soberana popular
Se pueden ver en plazas, en parques y hasta en eventos públicos usando máscaras de lobos o zorros mientras corren en cuatro patas o imitan conductas animales.
Los “therians” son una comunidad que define su experiencia como una conexión profunda e involuntaria con un animal específico. Es decir, se pueden identificar como cualquier animal y “actuar” como ellos.
Este fenómeno se ha conocido en estas últimas semanas gracias a plataformas como TikTok y YouTube. Despierta mucha curiosidad pero también preocupación.
¿Desde cuándo existen los therians?
Aunque parece una tendencia digital, la identidad therian tiene antecedentes en foros de internet de los años noventa. En esos espacios virtuales, usuarios comenzaron a intercambiar experiencias sobre lo que describían como una identificación interna con animales.
El término proviene de “therianthropy”, palabra de origen griego que combina las ideas de “bestia” y “ser humano”. A diferencia de relatos mitológicos sobre transformaciones físicas, la versión contemporánea se centra en una vivencia psicológica o espiritual.
Con el paso del tiempo, la conversación migró desde comunidades cerradas hacia redes sociales masivas, donde jóvenes explican su “teriotipo”, es decir, el animal con el que sienten mayor afinidad. Los más mencionados suelen ser lobos, zorros, perros y felinos.
¿En qué se diferencia el movimiento furry a los therians?
Una de las confusiones más comunes es comparar a los therians con el fandom furry. Sin embargo, mientras el furry se vincula a una expresión artística o de entretenimiento, con disfraces y personajes antropomórficos, quienes se definen como therians sostienen que su identidad no es una performance es algo real.
Para ellos, no es cosplay ni un juego de rol. Describen su experiencia como parte integral de su vida diaria, que puede manifestarse en conductas, rutinas simbólicas o accesorios como collares y colas.
Algunos sectores promueven el respeto hacia las distintas formas de autoidentificación, otros cuestionan los límites de estas expresiones en espacios públicos, porque empiezan a ladrar como perros, por ejemplo.


