Compartir:

Los disfraces que engalanan los desfiles del Carnaval de Barranquilla no se tejen de un día para otro, y aquellos que lo portan no lo hacen de forma arbitraria. Ensamblar cada pieza del vestuario requiere de tiempo, mientras que, en ese periodo, el amor por lucir lo que con su manos forman se acentúa.

La entrega por esta labor se revela explícitamente en uno de los desfiles más apoteósicos de la fiesta: la Gran Parada de Carlos Franco.

Tres grandes muñecones llamaron la atención al inicio del evento, especialmente el de Maduro. Y es que, de acuerdo con Miguel Herrera —representante de este grupo— el Carnaval, y especialmente los disfraces, no debe omitir una particularidad que es, en realidad, una esencia Caribe: la sátira.

“Estas son las gigantonas de Cara Sucia. Y, bueno, Maduro se escapó de Estados Unidos para ver el Carnaval. Esta fiesta tiene una particularidad, y que siempre tiene que estar presente, y es la sátira, la comedia y aquí la representamos”, expresó el también conocido como ‘Monedita’.

Y metros más atrás La Soyá hacía sentir su llegada. Luego de jalar por el cabello a una mujer del público, expresó a esta casa editorial: “ayer me dormí tranquila y hoy desperté como loca”.

La que lo interpreta se llama Emiliana Villar y lleva 42 años metiéndose bajo la piel de una “desquiciada” para estas fechas.

“Estos trapos duran arriba del techo todo el año y las muñecas (desaliñadas) son las de siempre”, explicó la mujer.

La sátira y la comedia también está para burlarse de lo “no tan bueno” en estas fiestas. Boris Pérez se burla del mosquito Dengue a través de un disfraz elaborado, cuya boca lleva un pito que intenta imitar el zumbido del insecto.

Pero el ingenio no se detiene ahí: este desfile es el verdadero rincón de la entrega. El señor José Ahumada lleva décadas portando el disfraz de cavernícola y decidió innovar siendo albino. Por esa idea, en esta ocasión, le pidieron varias selfies.

Personajes que se la gozaron

A esta cita acudió Alberto Linero, mejor conocido en el país como el Padre Linero. En la comparsa de la Universidad de la Costa venía gozándose su carnaval.

“El carnaval no sólo es expresión cultural, sino también una de las maneras como nosotros, los barranquilleros, los caribeños, somos capaces de vivir y de lograr la salud mental también. Porque aquí no sólo hay creatividad, aquí no sólo liberamos el estrés, sino que somos capaces de celebrar la vida, que es lo más importante”, expresó a EL HERALDO.

Jeisson Gutierrez