El Carnaval de Barranquilla ya se siente desde este jueves. La sonoridad del río Magdalena, ese del que se cumplen 525 años desde el descubrimiento de su desembocadura, es el gran abrebocas de la fiesta con La Noche del Río, que ya celebra sus 20 años.
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La cita de este jueves marca dos décadas de una tradición que nació en el Parque Cultural del Caribe bajo la dirección de Carmen Arévalo y el investigador Guillermo Carbó, y que hoy continúa bajo el cuidado de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta. Desde 2023, la entidad asumió la tarea de custodiar este ritual que reúne a cantadoras, tamboreros y bailadores de distintas orillas del Caribe colombiano.
Quien haya venido en años anteriores sabe que aquí el tiempo funciona distinto. Cada agrupación trae consigo no solo un repertorio, sino una forma de contar su territorio. Esta noche, ese mapa sonoro pasa por Hatillo de Loba, Talaigua Viejo, San Martín de Loba, Necoclí, Cartagena y Barranquilla.
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Precisamente, desde la Depresión Momposina apareció la Fundación Cultural Chandé Tradicional de Talaigua Viejo, que conserva vestuario, pasos y forma de tocar sin concesiones.
“Desde la depresión momposina nos sentimos complacidos por participar en este magno evento. Somos los encargados de abrir y agradecemos por rendir homenaje a las expresiones culturales del Magdalena. Bienvenidos todos y que se gocen La Noche del Río”, dijo la agrupación desde la tarima.

En la voz de la cantadora Catherine Ramírez interpretaron temas como ‘Tres golpes’ en son de Chandé Chandé o ‘Chispa candela’ en ritmo de Chandé paseado.
Al finalizar su majestuosa presentación de unos 45 minutos recibieron el anhelado Coyongo del Río, el galardón que reciben las agrupaciones que ponen a gozar al público.
Seguidamente la Gobernación del Atlántico hizo un reconocimiento a la organización del evento por sus dos décadas manteniendo el folclor.
La segunda agrupación fue Marchegua, una familia que convirtió la tambora en herencia viva, liderada hoy por Delmina Muñoz Barriosnuevo tras el legado de Venancia Barriosnuevos.
Con ritmos como el de son de tambora y temas como ‘Oye tamborero’ deleitaron al público. La locura llegó cuando decidieron interpretar la canción ‘Me robaste el sueño’, que se ha convertido en un verdadero clásico en los últimos años en voces como la maestra Martina Camargo.

Y qué decir cuando el clásico ‘A pilar arroz’, ese mismo que en esta época no deja de sonar con Irene Martínez y los Soneros de Gamero, sonó ante los aplausos del público.
Esta agrupación de Hatillo de Loba, Bolívar, también se llevó el Coyongo del Río, que se hace con madera náufraga. La encargada de recibir el premio fue Etelvina Muñoz Barriosnuevo, hija de Venancia Barriosnuevo.
“Comencé a bailar a los 14 años acompañando a mi madre. Ahora he quedado con mi dinastía, porque todos son hijos y nietos”, dijo la mujer.
A este escenario también han llegado desde San Martín de Loba, Dinastía y Folclor, guardianes de bailes cantados como la guacherna y el berroche, con Ismael Ardila al frente, creador y bailador.
‘El pollo Isma’, como es conocido el creador del grupo, dijo: “Ya he participado tres veces. 74 años que tengo y todo lo que viene. Buenas noches Barranquilla. Nos hacemos presente aquí”.
También pisará el escenario Riquezas de San Martín, dinastía que mantiene vigente la memoria del maestro Casildo Gil Padilla a través de hijos y nietos que heredaron el tambor como lengua materna.
Cartagena se hará presente con Tambores de Cabildo, dirigidos por Rafael Ramos Caraballo, que combinan herencias afrocolombianas del Caribe, el Pacífico y San Andrés en un montaje especial preparado para esta noche, con cantos en español, creole y lengua palenquera.
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Y desde Barranquilla, Gaiteros de Pueblo Santo, liderados por Marlon Peroza, suman la gaita a este tejido sonoro con un repertorio original que dialoga con la tradición sin quedarse inmóvil.
Cada grupo trae una historia que no cabe en un programa impreso. Son relatos que se entienden mejor cuando suenan el tambor y el coro responde.
A visitar la exposición
Pero esta edición no solo mira al escenario. También mira hacia atrás.
Desde ayer está abierta en la Galería La Aduana la exposición fotográfica “20 noches eternas: Voces, rostros y memorias del Río”, un recorrido visual por las 19 ediciones anteriores a través de las miradas de Wilber Lareus, Linda Aragón y David Britton. Rostros sudados, manos en el cuero del tambor, miradas del público. Instantes que ayudan a entender por qué este encuentro se volvió referencia cultural en la ciudad.
La organización, además, lanzó la convocatoria “Memorias del Río”, invitando a asistentes, artistas y aliados a enviar fotos y videos de años anteriores para ampliar ese archivo colectivo. Algunas de esas imágenes ya hacen parte de la muestra y otras se sumarán al relato que sigue creciendo con cada edición.
La Noche del Río ha visto pasar por su tarima a nombres mayores como Totó la Momposina, Petrona Martínez, Magín Díaz, Ceferina Banquez y Martina Camargo, y también a propuestas contemporáneas que dialogan con esa raíz. El evento cuenta con el respaldo de Carnaval de Barranquilla S.A., la Alcaldía Distrital de Barranquilla, la Gobernación del Atlántico, la Fundación Santo Domingo y la Cámara de Comercio de Barranquilla, aliados que han entendido que este no es un espectáculo, sino una salvaguarda viva del patrimonio cultural.
Mientras la noche avanza y el escenario empieza a latir con el primer golpe de tambor, queda claro que este aniversario no es una cifra redonda para conmemorar. Es la confirmación de que, veinte años después, la ciudad sigue reuniéndose alrededor de un mismo sonido: el que viene del río y se transforma en canto colectivo.




















