A los 91 años, muchos pensarían en descansar, en sentarse a ver pasar la tarde sin mayores afanes, pero Ubaldo Mendoza no es de esos. A esa edad, cuando la mayoría suele bajar el ritmo, él termina de ajustar el pantalón, se alisa la camiseta blanca, anuda la pañoleta roja al cuello y se cuelga una mochila multicolor que parece acompañarlo siempre.
No se olvidó de su cita con EL HERALDO y la esperaba con ganas, listo para conversar y empezar una enriquecedora tertulia.
Su casa está en Country Villas, cerca del corredor universitario, justo frente a la tienda Donde Pepe. No hace falta preguntar por ella, se reconoce de inmediato. La fachada está llena de flores, un gran cartel que dice: La Revoltosa y la bandera ondeando, izada días atrás, moviéndose por la brisa que la acariciaba, tal como se mueve una pollera cuando la flauta de millo suena.
Sí, es él. El Rey Momo 2005. El mismo que por más de 20 años llevó el timón de la cumbiamba La Revoltosa, esa joya del Carnaval que este año completa 70 años bailándole a la vida y a la calle, un privilegio que muy pocos pueden contar. Y Ubaldo Mendoza lo dice con un orgullo que se le nota en la sonrisa, esa que hace que sus ojos pequeños casi desaparezcan, achinados, cada vez que habla de lo que ama.
Antes de sentarnos a conversar, hay un espacio que se roba todas las miradas. Es un rincón cuidado como un altar, donde descansan más de una decena de reconocimientos. Congos de Oro, placas, recuerdos que no caben en una sola repisa y que resumen años de sudor y amor por el folclor.
—Pasen y miren con confianza, todo esto es un tesoro para nosotros
A un costado está Dennys Mendoza, su hija. Frente al espejo termina de maquillarse, se observa con atención y se cuelga unos aretes redondos color fucsia que resaltan sobre su piel canela. La falda de flores, esa que identifica a La Revoltosa en cada salida, reposa sobre la mesa. Denis la toma con cuidado y la retira del lugar para que su padre se acomode mejor.
“Yo estoy saliendo de la cumbiamba desde 1955. El fundador se enfermó y ya no podía con la carga. Yo mantenía algún liderazgo y en el año 70 me entregaron eso a mí”.
Para entender cómo nació La Revoltosa, Ubaldo se va al barrio, a ese que lo vio nacer, porque todo empezó allí. “Todo el mundo sabe que Rebolo es un barrio futbolero y carnavalero. Allí con relación a las fiestas de San Roque se originaban muchas ruedas de cumbia en eso. Entonces, a raíz del fútbol, participaban en el campo Barranquilla varios barrios de la ciudad”.
Recuerda los partidos en ese lugar, donde se enfrentaban barrios como Chiquinquirá, Las Nieves, Monte y San Roque.
“San Roque se distinguía porque tenía muy buenos jugadores, ahí jugaba Marcos Coll. Por lo regular, Rebolo le ganaba a San Roque. La competencia siempre terminaba entre esos dos”.
Esa rivalidad se desbordó del fútbol y se metió de lleno en el Carnaval. San Roque tenía su cumbiamba llamada Los Patulecos, y eso encendió el orgullo de Rebolo. “La gente, inquieta con el fútbol, el Carnaval y la competencia, decidió hacer una cumbiamba exclusivamente para ganarle a los Patulecos”.

Así se armó La Revoltosa con un total 105 parejas, entre los que figuraban jóvenes del barrio, varios futbolistas y algunos muchachos escogidos por su disciplina. “La primera actuación fue presentarnos frente a la sede de los Patulecos. Ellos se derrotaron. Nosotros seguimos todavía aquí y se llama La Revoltosa por Rebolo, por fonética”.
Y si algo los distinguía era que solían cantar mientras bailaban. “Cantábamos A pilar el arroz, de Irene Martínez y Los Soneros de Gamero. Con ese fue el primer tema que nosotros desfilamos”.
Con el paso de los años, La Revoltosa fue cambiando de canciones, renovando repertorio sin perder la esencia. Tanto así, que un día el periodista y cronista Ernesto McCausland, escribió: La Revoltosa, la cumbiamba que baila cantando.
“Ahora todo el mundo canta, y eso está bien. Nos gusta que esas tradiciones no se pierdan”.
No pierde sus raíces
A Dennys apenas se le estaba acomodando la falda y era casi imposible no pensar en que en cualquier momento sonaría una de sus arengas más características: “Ya llegó La Revoltosa, la que siempre baila y goza”. Con esos colores llamativos nada podía pasar desapercibido. Flores estampadas bajo un rosa fuerte con arandelas amarillas y verdes marcaban la diferencia.
No es la tradicional pollera a cuadritos. Y es que su vestimenta viene de un legado español. “Cuando armamos la cumbia nos dimos cuenta de que no habíamos creado un grupo de carnaval, sino un grupo folclórico auténtico de nuestra región. ¿Cómo íbamos a cambiar un vestido español por uno escocés, si a nosotros nos conquistaron los españoles?”.
Ya con la experiencia que le han dado los años, resalta que no buscan ser los más grandes, sino hacer las cosas bien. Hoy son unas cincuenta parejas. Algunos han llegado y otros se han ido, pero hay quienes llevan más de veinte años y hasta uno que suma treinta y nueve desfilando con ellos.
“Aquí llegan y lo educamos a nuestra manera. Poco a poco la gente se va contagiando, se enamora del grupo y termina sintiendo que la cumbiamba también es suya. Eso sí, nos gusta la gente disciplinada”.

El reconocimiento no ha faltado. Han recibido menciones de la Unesco, del Senado, de alcaldes y gobernadores. Puerto Colombia lo declaró ciudadano especial y Barranquilla le entregó la medalla Barrancas de San Nicolás, un reconocimiento poco común para un grupo folclórico.
Ya se viene lo bueno
Encontrarlos vestidos de cuambiamberos es la escena más natural en la casa de Don Ubaldo, y ahora que los compromisos aumentan, será todo un traje de gala apto para cada ocasión.
Acaban de salir de un Fin de Semana de Tradición exitoso, en el que la competencia no viene siendo lo más primordial para ellos. “A nosotros no nos quita el sueño sumar puntos ni quedarnos con un puesto. Lo que de verdad importa es que todo lo que han preparado durante meses salga como debe ser y que la gente quede contenta”.
Cuando llega el sábado de Batalla de Flores, todo está medido. Carnaval les fija horarios y ellos los cumplen al pie de la letra. La disciplina es una de sus marcas y por eso casi siempre van adelante en el desfile. “Somos puntuales. Nadie quiere quedar mal y todos estamos dispuestos a cumplir”.
Dennys sabe que ya viene su turno de conversar, pero primero atiende unas llamadas de una actividad que tenían en Comfamiliar más tarde.
-Disculpen, es que para este tiempo todos nos llaman, quieren contar con nosotros en varias presentaciones y nos gusta que nos tengan en cuenta así que para nosotros es un honor.

Puro amor al arte
Y La Revoltosa tiene futuro. El relevo ya está en casa. Dennys ahora asume la dirección de la cumbiamba, pero, sobre todo, es una mujer que lleva 57 años caminando el Carnaval de Barranquilla desde adentro.
Sus primeros recuerdos en la cumbiamba son de cuando apenas levantaba cabeza. Recuerda los ensayos, las ruedas de baile y a los “parejos”, que no eran muchachos sino señores ya grandes. “A ellos les gustaba bailar conmigo. Era una niña bailando cumbia de tú a tú con los mayores, aprendiendo sin darse cuenta”.
Nadie le dijo cómo mover los pies ni cuándo entrarle al tambor. “Eso vino en la genética. Aprendí mirando, sintiendo, bailando. Ni siquiera mi papá le dio instrucciones. Él decía: ‘Suéltela’, y todos mis hermanos y yo crecimos bailando natural”.
Dice que con los años todo ha cambiado. La organización, el manejo de la gente, los vestuarios, las telas, todo. Antes era más fácil conservar lo tradicional, hoy no tanto. La llamada “proyección”, como se le dice a las nuevas tendencias, golpea fuerte lo que hacen.
“Nosotros hemos sido muy rígidos en la conservación. Rígidos en el baile, en el vestuario, en los colores y hasta en el comportamiento. Hoy todo es más acelerado, hay más opciones, más distracciones, y por eso el trabajo se vuelve más dispendioso”.
Lo que hacen es puro amor por la fiesta, amor al arte. “Nos llaman y ahí estamos porque La Revoltosa no descansa. Este es un trabajo de 24 horas, los 365 días del año. Para mantenerse visibles, para seguir vivos en el Carnaval, no se puede parar”.





















