11:00 a. m., megáfono en mano. Sirenas sonando y una multitud de niños gritando. El director de Carnaval de Barranquilla S.A.S., Juan Carlos Jaramillo, vestido de gorila, dio la orden oficial para que la fiesta del semillero cobrara vida.
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La calle 70 con carrera 53 fue el punto de inicio de un legado de alegría en el que serían partícipes más de 200 grupos folclóricos representados en congos, cumbias, comparsas, disfraces y letanías que encarnan la creatividad y la alegría de los más pequeños.

Este domingo 8 de febrero ellos son los protagonistas. La fiesta cambia de estatura, pero no de grandeza, y el público lo sabe. Familias enteras se congregan en este sector de la ciudad para disfrutar de una jornada comandada por los portadores de la tradición.

“Definitivamente, el Carnaval de Barranquilla se fortalece año a año. Todo el trabajo que hemos venido haciendo con la Alcaldía de Barranquilla, a través de los semilleros, de lo que sucede en las Casas Claves de Cultura, es el reflejo de lo que hoy veremos”, dijo el director de Carnaval de Barranquilla S.A.S., Juan José Jaramillo.

También destacó el gran valor que tiene ver a tantos niños compartiendo un mismo espacio. “Los niños enseñan y demuestran que se puede vivir en sociedad. Recorrer un espacio como este bajo las reglas de los niños y las niñas es bien importante”.
La tradición es la que manda
Luego del paso de la monarquía, fue la tradición la que tomó el mando de la calle, tal como ocurrió en La Guacherna. El desfile volvió a sus raíces y dejó que los ritmos ancestrales abrieran la jornada.

La cumbia abrió el camino con el Cumbioncito de Oro y los Cumbiamberitos Lasallistas. Tras ellos, el Garabatico de la 8 llenó el recorrido de color y picardía, seguido por la Danza Infantil Congo Alegría, que desató aplausos con su fuerza y expresividad.
La tradición continuó con la Cumbiamba Infantil Puerta de Oro, los Cumbiamberitos de Buenos Aires y El Mambacazo, que no dejaban de ondear sus polleras y rendir tributo al ritmo madre del país.
El Son de Negros no podía faltar y se hizo sentir con la Corporación Artística Nativos, que puso en el recorrido la fuerza ancestral de uno de los bailes más representativos del Carnaval. Tras su paso, la fantasía tomó forma con la comparsa Son Latino, dirigida por Federman Brito, que mezcló ritmo y color.
Fue entonces cuando las comparsas desplegaron todo su brillo. No importó el sol inclemente ni la temperatura que ya se acercaba a los 30 grados. Los niños siguieron bailando y sonrientes mostrando su mejor espectáculo al público.



















