Fruto del recuerdo de lo sucedido aquel 9 de abril de 1948 en el Paseo Bolívar de nuestra ciudad, don Ismael Escorcia Medina, una vez radicado en Barranquilla y desarraigado de su natal Calamar, decide en su plena juventud, incorporar un disfraz que recreara y representara aquellos momentos de violencia que estaban en su interior adolescente.
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Hijo de Manuel Escorcia y Cecilia Medina, inicia su existencia un 17 de febrero, en pleno carnaval bolivarense de 1930; maduró al fragor de la violencia colombiana, ubicándolo en un entorno cultural que generaría un legado al futuro de la realidad reflexiva, donde vislumbró su más preciado aporte como lo fue su mensaje social colectivo.
De sus recuerdos solo aparecen en sus ideas cientos de mutilados pasando río abajo por el Magdalena; su inquietud interna era eterna, unos sin cabezas, otros sin los brazos, aquellos sin piernas, en fin, eran tantas preguntas para respuestas injustificables.
“Yo lo que sí recuerdo de mi Calamar querido, en mi pueblo, eran cuerpos sin cabeza que pasaban por el río, no sabía de dónde eran y menos de dónde salían. Este episodio me inspiró mucho para diseñar mi aporte al Carnaval de Barranquilla; lo único novedoso en este disfraz es que le incorporé el machete en una mano y en la otra, la cabeza, ya que el mensaje era pedir la justicia y perseguir al que se la había cortado y esto lo relaciono con la muerte de Gaitán; por eso en mis primeras creaciones de cabezas la semejanza con el físico del caudillo se evidenciaba fácilmente”.
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Por más de 70 años
Ya comenzada la década de los cincuenta y en sus primeros años crea el disfraz que en la actualidad supera los 70 años de permanencia. Lo hace con la firme convicción de hacerle un homenaje a su ídolo Jorge Eliécer Gaitán Ayala: “Mijo, yo era muy joven cuando mataron a Gaitán; lo conocía por sus largos discursos en la radio, era del pueblo, estaba identificado con nosotros, el pueblo, la gente necesitada”.
Y fue en el año de 1954 cuando incorpora al Carnaval de Barranquilla, la viva representación de la violencia en Colombia a partir de la muerte del caudillo liberal; el descabezado nace en medio de la multitud ante una realidad colectiva de goce y regocijo en cada esquina y cuadra de la ciudad, eso sí con un grito fuerte ante un eco de mensaje social crudo y real. Un cuerpo de un la’o pa’ otro lleno de sangre, la cabeza en una de las manos; en la otra, un descomunal machete encargado de establecer el susto, desconfianza y estupor. La idea había nacido en uno de los patios del barrio El Santuario al compás de tragos y épocas de regocijo carnavalero.
Don Ismael recuerda cuando no quería tomar sopa y su madre lo asustaba con llevárselo al burro sin cabeza. Hoy su legado pervive en sus familiares: hijos, nietos y bisnietos, los cuales continuarán la herencia cultural cimentada en la violencia política del país, que en nada ha mejorado.
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El disfraz inicialmente contaba con un diseño serio, representado en un pantalón caqui y una camisa blanca, estos fueron sus primeros colores; años más tarde, el pantalón sería de color azul turquí y desde hace muchos lustros al personaje carnavalero le han implementado, los demás miembros de la familia,notas modernas en dichos disfraces.
Su estreno fue un Martes de Carnaval, el 22 de febrero de 1954, apareciendo en el concurso de disfraces individuales, le siguieron ‘El Periquito de la reina’ y ‘El Sesohueco’; los tres fueron los que más impactaron a la multitud y llamaron inmediatamente la atención.
Lleno de orgullo
También con mucho orgullo guardaba su primer registro gráfico publicado en el diario La Prensa del día siguiente, fotografiado por el señor Martínez. “La primera impresión de la gente fue buena. El personaje gustó, aunque pocas personas sabían el porqué de ese descabezao”.
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En su últimos años vivió de la pensión que le dejó las Empresas Públicas Municipales, hizo parte del equipo de operadores en el área del taller de mantenimiento de automóviles, sitio en el cual diseñó la estructura rígida que por muchos años le acompañaba con su alta sombra ladeante por las calles carnavaleras de esta capital; esta estructura medía aproximadamente dos metros de altura. Todavía se sentía firme para seguir con sus presentaciones de su típico raro disfraz, como muchos lo describen desde el momento en que aparece, pero la muerte se interpuso en su camino. Ahora sus familiares: hijos, nietos y bisnietos siguen el mismo mensaje político en homenaje a todas las víctimas de la violencia política colombiana y deberán luchar por sostener su legado. Don Ismael además creó el grupo ‘Monstruos y seres extraterrestres’, cuya creatividad e innovación fue altamente valorada.
A sostener el legado
Ya van cuatro generaciones alrededor de este significativo ícono emblemático carnavalero, nuevo equipo emocional tiene ahora la misión de seguir su legado con el fin de preservar una expresión de memoria colectiva resistente.
Para el año 2009, la Fundación Carnaval de Barranquilla decidió escoger a Ismael Escorcia como rey Momo, pero por motivos de salud don Ismael deja la misión en manos de su hijo Wilfrido Escorcia Salas, quien lo representa en tan significativo reconocimiento por parte de dicha corporación cultural.
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El legado sigue y se incorpora también su nieto Wilfrido Escorcia Camargo; se evidencia la responsabilidad familiar y hasta quizás sus bisnietos tendrán el espacio suficiente en el futuro para mantener viva su creación popular, representando una manifestación cultural significativa que seguirá alimentando la memoria del Carnaval de Barranquilla y nuestro gran Caribe colombiano.
Apartes del proyecto editorial “El Gaitanazo en Barranquilla”, próximo a publicar.


