El Adviento marca el punto de partida del calendario litúrgico y se convierte cada año en una invitación a detener el ritmo cotidiano para mirar hacia dentro, como una retrospección.
Epic Games Store ofrece Hogwarts Legacy gratis por tiempo limitado
Shakira sorprendió en Argentina asistiendo a una función de ‘Zootopia 2’ con sus hijos
María Clara García y Álvaro Escobar son los reyes del Carnaval de Baranoa 2026
Comprende cuatro semanas dedicadas a preparar el corazón para el nacimiento de Jesús. Lejos de ser una simple antesala festiva, la Iglesia propone el Adviento como un tiempo de expectativa serena. Los creyentes son llamados a renovar la esperanza, fortalecer la vida de oración y asumir gestos que transformen sus actitudes personales y comunitarias.
Entre las tradiciones más conocidas se encuentra la corona de Adviento, una pieza circular elaborada generalmente con ramas verdes que representan la vida y la continuidad. Sobre ella se colocan cuatro velas, distribuidas para acompañar cada uno de los domingos previos a la Navidad.

Tres velas son moradas, color que remite a la introspección y al deseo de cambiar aquello que aleja del propósito cristiano. La cuarta vela, rosa, se reserva para el tercer domingo y anuncia un momento especial: la alegría que surge cuando la celebración del nacimiento de Jesús está cada vez más cerca.
Cada vela encendida ilumina simbólicamente el camino espiritual del creyente, recordando que la esperanza crece a medida que se aproxima el 24 de diciembre.
Oración para el tercer domingo de Adviento
- Realizar algún canto o gozo.
- Una persona debe servir como guía e iniciar con: “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
- Guía: Reconocer ante Dios que somos pecadores.
- Todos en familia: “Confieso ante Dios todopoderoso”.
- Guía: Leer la liturgia de la Primera Carta a los Tesalonicenses 5, 23.
- Dar una breve pausa de reflexión y meditación.
- Guía: “Los hombres de hoy no verán en persona a Cristo en esta Navidad. Pero sí verán a la Iglesia, nos verán a nosotros. ¿Habrá más luz, más amor, más esperanza reflejada en nuestra vida para que puedan creer en Él?”.
- Encender la vela rosada con la siguiente oración:
- Guía: “En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz”.
- “Cuando encienda estas tres velas, cada uno quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!”
- Realizar el Padre Nuestro en una sola voz.
- Todos juntos: “Y seremos salvos. Amén”.





















