Al llegar al hogar de Rafael Rieder, un sandiegano que vive entre Barranquilla y Baranoa, uno siente que se sumerge en otra dimensión, y en efecto es así, quedas atrapado en el mundo de la Numismática (coleccionismo de divisas).
Lea ‘La era de hielo 6’ se estrenará en cines el 5 de febrero de 2027
Este hombre de ascendencia alemana, de 48 años de edad, desde que tenía 6 años, se le despertó la pasión por coleccionar, luego de que su abuela le regalara dos billetes. Aquel momento marcó el camino a seguir y si bien es arquitecto, ha dedicado gran parte de su vida a buscar, intercambiar, comprar y vender billetes provenientes de cualquier parte del mundo.
Hablar con él es hacer un curso rápido de historia, geografía, economía, sociología y hasta de geopolítica. Es un hombre que a través del papel moneda ha descubierto el paso del tiempo por distintos países, la evolución de la sociedad y sus culturas.
Aquí Muere Luis Fernando Verissimo, uno de los autores brasileños más exitosos de su generación
En una mesa cubierta de álbumes plásticos cuidadosamente organizados, Rieder despliega parte de su universo: la notafilia (coleccionismo de billetes).
Cada hoja encierra billetes que encapsulan parte de la historia universal. Algunos, en perfecto estado, parecen recién salidos de la imprenta; otros, envejecidos por el paso de los años, guardan la huella de manos que los usaron hace décadas, pero la mayoría están bien conservados y no es por alguna casualidad, sino que él es un hombre sumamente cuidadoso y sabe del valor real que representan cada uno.
Además ‘Entre Momos’: el formato audiovisual que celebra la historia y legado del Rey Momo
“Un billete es el reflejo de la idiosincrasia y economía de un país. El billete cafetero de Colombia, por ejemplo, nos retrata como nación agrícola. En otros países muestran tejedores, pescadores o campesinos. Siempre reflejan la base de su sociedad”, afirma con convicción el oriundo de San Diego, Cesar.
Aunque de profesión es arquitecto, confiesa que su esencia es la del campo y que su mayor pasión, además de tener finca, está en los billetes.
También Guillermo del Toro en Venecia tras 30 años soñando con ‘Frankenstein’: “Tengo depresión postparto”
Hoy, tras 42 años de dedicación, su colección ronda las 40 mil piezas, organizadas en más de 280 álbumes. Muchas de ellas están guardadas en cajillas de seguridad en el Banco de la República.

Pasión ligada a su familia
Este arquitecto de profesión, campesino de corazón, y viajero frecuente que colecciona momentos y billetes, cuenta que el punto de partida fue aquel gesto de su abuela, quien le regaló un par de piezas tras encontrarlas en la billetera de su abuelo recién fallecido. Luego una tía también lo impulso cediéndole dos piezas más.
Lea Silvestre Dangond vive una noche especial bajo la lluvia en Bogotá
A los 8 años de edad ya tenía su archivo con billetes de baja denominación, especialmente de billetes de dos y cinco pesos, y a los 14 contaba con más de 300 piezas. Esa fue su primera colección formal, sin embargo, tuvo que venderla a los 21, cuando decidió comprar una finca y necesitaba invertir en ganado. “La colección se convierte también en un ahorro, lo que compras con pasión después puede darte estabilidad económica”, reflexiona.
Aunque disfruta cada adquisición, para Rieder lo más importante es transmitir esta pasión a las nuevas generaciones. Su hijo Mauricio, de apenas 13 años, ya se mueve con destreza entre álbumes, catálogos y ferias internacionales de numismática. “Le he enseñado todo para que le dé el valor a mis colecciones y comience a hacer la suya, porque quiero que quede en buenas manos esto que me ha costado tiempo, ahorros y viajes alrededor del mundo. Incluso mi hijo hoy sabe mucho más de la notafilia colombiana que yo”, anota.
Aquí Barranquilla fortalece su iglesia con nuevos diáconos y sacerdotes
Juntos han viajado a países como Holanda, Argentina y Estados Unidos, participando en eventos que reúnen a coleccionistas de todo el mundo. “Uno va con un presupuesto y siempre queda corto. La ilusión de conseguir una pieza nueva es indescriptible”, comenta entre risas.

Con los años, Rieder no solo se consolidó como coleccionista, sino también como comerciante. Ha llegado a pagar hasta 15 millones de pesos por un billete, como uno emitido por el Banco de Panamá, y en ocasiones ha vendido piezas a precios muy superiores gracias a su escasez y conservación.
Además Teddy Pank: la banda local que debuta en el Timeless
“En el coleccionismo lo que define el valor es la rareza y el estado de la pieza. Un billete impecable puede multiplicar su precio varias veces después de ser certificado”, explica.
Su nombre incluso aparece en algunas certificaciones internacionales bajo el sello ‘Rieder Collection’, lo que identifica piezas que alguna vez formaron parte de su archivo personal.
También Alexandra Cianci, la nueva Srta. B/quilla y su labor social
Más allá de sus 40 mil piezas obtenidas alrededor del mundo, Rafael va tras un Récord Guinness, al ser el mayor coleccionista a nivel mundial del extinto Banco de Pamplona. “Tengo billete de 1, de 10 y de 20 pesos. Fueron los billetes que emitió Pamplona que abrió en 1983 y cerró en 1985. Tengo 230 piezas emitidas por ese banco y no existe en el mundo quien tenga más que yo”, dice con voz fuerte.
Los tesoros de Colombia
Entre los tesoros de la notafilia colombiana menciona piezas icónicas como ‘La Pachanga’, el billete de $10.000 conmemorativo de la indígena Emberá, creado en 1992 para marcar los 500 años de la llegada de Colón a América. “Más que un descubrimiento, fue la llegada de extranjeros a un territorio que ya estaba habitado. Ese billete es un recordatorio de nuestra verdadera historia”, reflexiona.
Más Cinco años después, Michelle Char hace realidad otro sueño: su graduación presencial del colegio
También posee los de las primeras emisiones del Banco de la República en 1923, algunas de las cuales alcanzan hoy precios inimaginables en subastas internacionales.
En el mundo del coleccionismo siempre existe la pieza soñada, esa que resulta esquiva o demasiado costosa. Para Rieder, hay varios “caramelos difíciles”, como se les dice popularmente, entre ellos el billete de 500 pesos de 1923, que hoy su valor supera los 300 millones de pesos en el mercado.
Lea Siete defensores de la tradición aspiran a rey Momo 2026
También está el billete de 1.000 pesos del año 1899. “Yo tengo un amigo que vendió ese billete en $800 millones y luego fue subastado en $1.500 millones. Nada más se conocen tres o cuatro ejemplares. Son piezas únicas, casi imposibles de conseguir, pero ahí está la magia del coleccionismo: la ilusión de algún día tenerlas”, asegura.

Tips para los que empiezan
A los curiosos que se acercan al coleccionismo, Rieder les advierte que no se dejen llevar por el impulso ni por precios inflados. “El secreto está en saber comprar, en asesorarse de personas confiables y en conservar bien las piezas. Un billete puede ser barato hoy y en 15 años convertirse en una joya”, asegura.
En cada palabra se nota que lo suyo no es un simple pasatiempo, para este costeño la numismática es cultura, hobby e inversión, tres pilares que se entrelazan en una pasión que lo acompaña desde la infancia y que espera seguir cultivando hasta la vejez. Este mundo es sinónimo de culturización porque cada billete enseña sobre la historia, los personajes, las costumbres y hasta la economía de una nación. También es hobby, porque para un coleccionista conseguir una pieza soñada es una emoción indescriptible. Y es una inversión porque, bien conservados, los billetes pueden aumentar su valor de manera exponencial con los años.
Aquí Se esperan más de 2 mil visitantes a Ixel Moda en Barranquilla
“Yo compré piezas en mil pesos que hoy se venden en cien mil. Es un mercado que supera incluso el ritmo de la inflación”, sostiene.
Para él, la conservación es tan importante como la adquisición. Por eso guarda sus billetes en hojas libres de PVC y en álbumes importados que evitan el deterioro con los años.
Además Julia Roberts, deslumbra en ‘After the Hunt’, film que abre en Venecia el debate feminista
Para él, cada billete es un espejo de la historia y una forma de valorar la cultura de los pueblos. Por eso, más que un hobby, se ha convertido en una forma de vida, una pasión que ahora comparte con su hijo y que espera transmitir a futuras generaciones. “Los billetes son historia viva, en cada pieza hay un país, un pueblo y una época encapsulada. Eso es lo que realmente colecciono pedazos de la memoria del mundo”, concluye.
