La despedida fue espontánea, pero entusiasta y hasta emocionante. No hubo una convocatoria abierta y oficial para darle el adiós a Junior por su viaje a Medellín para el segundo partido de la final, tal vez porque varios hinchas consideran 'de mala suerte' estos eventos que en el argot del barrismo se conocen como 'banderazos'.
Sin embargo, muchos fanáticos tiburones se hicieron presentes con alegría y energía para brindarle una última dosis de aliento al equipo que luchará por la décima estrella de la historia del club.
Realmente no fue un banderazo, solo un hasta luego positivo. En grupos, individualmente o por casualidad, un conjunto de hinchas se tomaron la salida del hotel Dann Carlton para arropar a Arturo Reyes y sus dirigidos.
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Con camisetas de Junior, pancartas, banderas y a todo pulmón, le dieron ambiente y banda sonora a estas escenas finales de la historia de la Liga II 2023.
En medio de cánticos y gritos de la afición, Carlos Bacca apareció por la puerta principal del hotel Dann Carlton. Sonriente, saludando con su mano izquierda a todo el público y levantándoles el dedo pulgar, el artillero porteño avanzó hacia el bus.
'¡Vamos goleador! ¡Empújales dos más! ¡Tú nos vas a dar la estrella! ¡Vamos con fe!', le expresaban a Bacca en medio del bullicio.
Después del legendario romperredes, varios jugadores, Edwin Herrera, Gabriel Fuentes, Brayan Ceballos, Jefferson Martínez, Hómer Martínez y Emanuel Olivera, entre otros, avanzaron en combo y se emocionaron con la pasión que derrochaban los seguidores junioristas.
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'Miren miren qué locura, miren miren qué pasión, este es el glorioso Junior que viajó a Medallo y salió campeón', coreaban los hinchas a los cuatro vientos.
Todos gozaron del absoluto respaldo de los torcedores.'¡Moral! ¡Moral! ¡Vamos con todo, Olivera, tú eres bueno, eres grande!', le alcanzaron a decir al defensa central argentino.
Aparte de Bacca, los más aclamados y buscados fueron Santiago Mele, que va camino de convertirse en ídolo, y Jermein Zidane Peña. El arquero uruguayo salió de la ruta hacia el automotor para saludar a los aficionados que estaban en un lugar menos privilegiado para observar a los jugadores.
Posaba para fotos y estrechaba la mano de quien se la estiraba. El cancerbero charrúa aplaudía y respondía con entusiasmo y amabilidad a todo el cariño y apoyo que le demostraban.
'¡Ooolé, olé, olé oléeee… Meleee, Meleee!', corearon los fanáticos.
Peña también tuvo su capítulo aparte. Gritaba vehemente y levantaba con fuerza su brazo derecho como cuando celebra en la cancha un cierre, un planchazo acertado o un bloqueo.
Cuando todos entraron, el bus, después de unos minutos de pito y andar lento esperando que la gente se apartara, partió rumbo hacia el aeropuerto para posteriormente viajar a Medellín. Ojalá vuelen en el gramado del Atanasio Girardot. El entusiasmo y cariño de la gente es una buena gasolina.



















