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Mesa de negociación en La Habana.
Política

La ley del Montes | ¡Mentirosos, mentirosos...!

Contra toda evidencia los exjefes de las Farc insisten en negar sus atrocidades, entre ellas el reclutamiento forzoso de menores.

En la negociación de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc en La Habana desde un comienzo quedó claro que los acuerdos que se firmarían estarían acompañados de una serie de compromisos ineludibles.

El cumplimiento de ellos permitiría no solo garantizar una paz duradera y perdurable, sino que le daría una mayor transparencia a lo pactado entre las partes, para ganarse de esta forma la confianza de la mayoría de los colombianos. La negociación se construyó sobre tres pilares fundamentales: verdad, justicia y reparación a las víctimas. A ellos se sumó la garantía de no repetición de las atrocidades cometidas durante el conflicto.

De manera que contar la verdad de la guerra, con toda su crudeza y su crueldad por parte de las Farc, no es un embeleco, ni mucho menos un capricho de los colombianos. Es uno de los soportes principales de los acuerdos de La Habana. Las Farc –y el Estado colombiano, por supuesto– deben contar toda la verdad sobre su actuación durante el conflicto armado, que se prolongó por más de cinco décadas.

Contar los hechos tal y como sucedieron no es un gesto magnánimo, ni un acto de desprendimiento y generosidad por parte de los antiguos jefes de las Farc. A cambio de decir la verdad ellos recibirían una serie de gabelas, muchas de las cuales fueron rechazadas de forma masiva por los colombianos.

Uno de dichos beneficios fue el no ser juzgados por la justicia ordinaria, sino por un tribunal extraordinario que se creó para tal fin, que es la Jurisdicción Especial de Paz (JEP). Ese enorme “sapo” nos lo tuvimos que tragar los colombianos a cambio de que las Farc contaran –sí o sí– la verdad de sus atrocidades.

Pero las Farc no han cumplido con ese compromiso y ya es hora de que la JEP haga que lo cumpla. De forma sistemática los antiguos jefes de las Farc han negado todas sus prácticas criminales, sin que la JEP se pronuncie de forma contundente y les exija cumplir con lo pactado en La Habana.

El episodio más reciente de la burla de los exjefes de las Farc a la verdad corrió por cuenta de Griselda Lobo, mejor conocida como ‘Sandra Ramírez’, el alias que utilizó mientras estuvo en la guerrilla, quien llegó al Congreso de la República gracias a los acuerdos de La Habana y acaba de ser designada segunda vicepresidenta del Senado a nombre del partido Farc, que nació de los acuerdos con el gobierno de Santos.

Con absoluto cinismo y contra todas las evidencias, tanto documentales como testimoniales, Ramírez sostuvo en entrevista concedida a Blu Radio que el reclutamiento forzoso por parte de las Farc “es una mentira”.

“Las Farc no tenían como política el reclutamiento de menores”, declaró Ramírez, quien también narró que ingresó de forma voluntaria a las Farc a comienzos de la década de los 80. Ramírez se convirtió en la compañera sentimental del jefe máximo de las Farc, Manuel Marulanda, ‘Tirofijo’, hasta el día de su muerte. Como mano derecha de ‘Tirofijo’, Ramírez era la encargada de manejar las comunicaciones del Secretariado de las Farc con todos los frentes de la organización guerrillera.

Es decir, si alguien puede contar la verdad del reclutamiento forzado de menores por parte de las Farc –porque conoció de primera mano esa práctica criminal– es Sandra Ramírez. Pero ella, como todos sus excompañeros de armas, entre ellos Rodrigo Londoño, alias Timochenko, presidente del partido Farc, han preferido seguir mintiendo.

En la propia JEP reposan documentos y testimonios que hablan de más de 8.000 menores reclutados a la fuerza por las Farc, mientras que la cifra que maneja el Centro Nacional de Memoria Histórica es de 2.650 casos. Aunque con distintos registros, ambas entidades reconocen la práctica del reclutamiento forzado por parte de las Farc. Ninguna lo desconoce, como hacen de forma cínica y grosera los antiguos jefes de las Farc.

Pretender ignorar un hecho evidente, como el reclutamiento forzoso de menores, es un grave error que debería tener consecuencias, tal y como quedó pactado en La Habana. Un efecto de ese desconocimiento es la pérdida de los beneficios recibidos, como podría ocurrir con las curules otorgadas al partido Farc.

¿Cuáles serían las consecuencias que tendría el que los ex jefes de las Farc insistan en no reconocer sus actuaciones criminales?

Ramírez y Timochenko, volviendo trizas los acuerdos

Que Sandra Ramírez y Timochenko nieguen que las Farc reclutaban menores es una ofensa al pueblo colombiano. Punto. Ese cinismo mina mucho más la ya maltrecha credibilidad que tienen los acuerdos de La Habana.

Asumir la postura de negar una conducta criminal como es el reclutamiento forzado de menores prueba la prepotencia y la miopía política de quienes hoy están al frente del partido político que nació de los acuerdos de La Habana. No es por esa vía como las desaparecidas Farc van a ganar adeptos o simpatizantes entre los electores colombianos. Faltar a la verdad es faltar a la paz.

En este caso no es el Estado colombiano –o el gobierno de Iván Duque– quienes mienten o faltan a los compromisos adquiridos. No. Aquí quienes mienten y faltan a los compromisos son los exjefes de las Farc. En otras palabras: quienes están volviendo trizas los acuerdos de La Habana son Ramírez, Timochenko y compañía. Nadie más. La demolición de los acuerdos corre por cuenta de quienes no han tenido la valentía de reconocer sus delitos del pasado.

En esta oportunidad el dedo acusador no puede señalar a nadie distinto a ellos mismos.

Una prueba de fuego para la JEP

La JEP tiene ante sus ojos el mayor reto desde su creación. Es necesario que ese tribunal de justicia transicional se pronuncie y tome decisiones de fondo sobre la conducta criminal de las Farc en lo que tiene que ver con el reclutamiento forzoso de menores, práctica que viene acompañada, además, de otras atrocidades como el aborto, el abuso y violación de menores de edad.

La JEP tiene la obligación de desenmascarar con pruebas irrefutables las mentiras construidas por años por los antiguos jefes guerrilleros, entre ellas el supuesto “ingreso voluntario” a las filas de las Farc, como de forma cínica sostienen Ramírez y Timochenko. Que la JEP escuche a las víctimas de las Farc, entre ellas las que hacen parte de la Corporación Rosa Blanca, integrada por mujeres reclutadas a la fuerza por las antiguas Farc.

Son cerca de 1.200 mujeres que pueden dar testimonio en primera persona de todos los abusos y vejámenes que sufrieron por parte de quienes eran sus jefes en su época de combatientes.

Ellas pueden narrar cuál era el papel que desempeñaba la hoy segunda vicepresidenta del Senado, Sandra Ramírez. La JEP tiene la obligación legal y moral de escucharlas.

Sin verdad, los acuerdos de La Habana fracasan

Sin verdad es muy difícil que haya justicia, reparación a las víctimas y compromiso de no repetición. Sin verdad por parte de los exjefes de las Farc todo lo demás es imposible. Aunque la mesa de la negociación de La Habana tiene tres patas, la más fuerte de ellas es la verdad. Si los exjefes guerrilleros se niegan a reconocer sus atrocidades la mesa se cae. Así de simple.

¿Cómo puede haber reparación a las víctimas de las Farc si los antiguos jefes del grupo guerrillero niegan la verdad? ¿Cómo puede hacer compromiso de no repetición de todas las atrocidades cometidas por las Farc, si sus exjefes las niegan? ¿Cómo puede haber compromiso de no repetición si su principal vocera en el Congreso de la República en su calidad de segunda vicepresidenta del Senado sostiene que si “volviera a nacer sería de nuevo guerrillera”, como declaró Ramírez a la emisora La W.

¿Sería de nuevo guerrillera con todos los actos de terror cometidos, incluyendo el reclutamiento forzoso de menores? ¿Incluyendo la instalación de minas antipersonales, que tantos soldados mutilados han dejado en el país? La senadora Ramírez debe entender que la selva quedó atrás y que su apuesta ahora es por la reconciliación nacional. Pero para que ello sea posible es necesario que empiece por reconocer sus delitos y contar la verdad.

Los “bebecitos” del Mono Jojoy

Un video que circula en redes sociales muestra al entonces “jefe militar de las Farc”, Jorge Briceño, alias Mono Jojoy, dándoles la bienvenida a los nuevos combatientes de las Farc. En dicho video se observa al desaparecido Mono Jojoy referirse a los “bebecitos” de la tropa

. Y en efecto, buena parte de los nuevos combatientes eran menores de edad, quienes recibirían el entrenamiento militar y el adoctrinamiento político. No todos estarían en la primera línea de combate. Entre sus funciones estaban las de ubicarse en sitios estratégicos o incluso infiltrarse en la población para reportar la presencia “del enemigo”.

¿Todos ellos llegaron de forma voluntaria a las Farc? ¿Ninguno fue reclutado a la fuerza? ¿Ninguno llegó en cumplimiento de la “cuota” establecida por las Farc a las familias campesinas? Cuota que era de obligatorio cumplimiento. No es con mentiras como las Farc van a reparar el daño causado al país.

Ni tampoco es con ellas como se van a comprometer a no repetir sus atrocidades. Si las niegan es porque siguen creyendo en sus bondades o en su legitimidad. Y no es esa precisamente la conducta que esperamos de quienes hace un tiempo dijeron adiós a las armas.

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