Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, saluda a niños que juegan fútbol  en las nuevas canchas que están en el Gran Malecón.
Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, saluda a niños que juegan fútbol en las nuevas canchas que están en el Gran Malecón. Hansel Vásquez

La ley del Montes | El año de Barranquilla

En 2019 -al igual que sucedió en la década del 30- Colombia se enamoró de Curramba, que de la mano de Alex Char volvió a ser referente nacional.

Política

En 2019 -al igual que sucedió en la década del 30- Colombia se enamoró de Curramba, que de la mano de Alex Char volvió a ser referente nacional.

El contraste no puede ser mayor: mientras el resto del país se muestra más convulsionado que nunca, con ciudades a punto de estallar, como Bogotá, Barranquilla es un oasis en medio de tanto caos. La ciudad es un referente nacional, una capital modelo, una especie de remanso de paz en medio de una Colombia que parece sitiada por las llamas. Hoy se habla de Barranquilla por sus logros y no por sus fracasos. El patito feo se convirtió en cisne. ¿Milagro? No. ¿Trabajo, visión y convicción? Si.

En realidad en 2019 Barranquilla cosechó todo lo sembró en la última década. Lo que hoy el país admira se plantó hace varios años, cuando nadie apostaba un peso por la transformación de una ciudad que se había convertido en el reino de la desidia y la corrupción. A ello se sumó un discurso perverso y malévolo promovido por falsos profetas que se dedicaron a dividir la ciudad entre ricos y pobres, con la esperanza de sacar réditos de su mezquindad. Por fortuna araron en el desierto.

En aquellos años -no tan lejanos por cierto- Barranquilla se encontraba en el foso de la Ley 550. Es decir: estaba quebrada. Nadie daba un peso por una ciudad que en los esplendorosos años 30 y 40 lució con orgullo el título de “Puerta de Oro de Colombia”. De aquellos bellos tiempos no quedaba nada, solo recuerdos en las mentes de los abuelos y fotos amarillentas marchitándose en los álbumes familiares. 

La llegada de Alejandro Char Chaljud a la Alcaldía de Barranquilla por primera vez en enero de 2008 significó un cambio radical en el rumbo de la ciudad. Que un joven ingeniero civil y exitoso empresario tomara las riendas de La Arenosa, acompañado de un equipo integrado por talentosos profesionales, casi todos sin experiencia en la administración pública, fue una bocanada de aire fresco y sirvió para enviar el mensaje a los barranquilleros de que la suerte podría cambiar. Y cambió.

Pero para que la metamorfosis de Barranquilla fuera posible hubo que sanear las finanzas y convencer al sector productivo -industriales, comerciantes y empresarios- que debían apostarle de nuevo a la ciudad. También se requirió de intensas jornadas de entrevistas con inversionistas extranjeros para que confiaran una vez más en la ciudad que cuenta con la mayor fortaleza geoestratégica de América Latina. En efecto, ¿cuántas capitales del continente tienen a su disposición un río y un mar para expandir sus sueños? Pocas.

Pero por increíble que parezca, Barranquilla vivió durante décadas de espaldas al Río Grande de la Magdalena y al inmenso Mar Caribe. Estábamos dedicados a devorarnos entre nosotros mismos. Mientras tanto el país andino disfrutaba de ese triste espectáculo y llevaba agua para su molino.

Darle de nuevo la cara al río con proyectos de infraestructura y urbanísticos que no solo integraran a los ciudadanos, sino que sirvieran como punto de encuentro, como ocurre con el Gran Malecón y el Centro de Eventos Puerta de Oro, fue sin duda una decisión acertada. Para inyectar recursos frescos a una economía en la que pocos creían fue necesario eliminar una serie de concesiones privadas que manejaban billonarios recursos públicos con absoluta ineficiencia. Fue así como dejaron de existir los tristemente célebres Metrotránsito, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte y Métodos y Sistemas, entre otros.

La continuidad que tuvo la gestión de Alex Char por parte de Elsa Noguera fue fundamental para que la ciudad mantuviera su rumbo. El trabajo en equipo -tan devaluado en estos tiempos de egoísmos y vanidades- también jugó un papel determinante en la Barranquilla que en este 2019 -de nuevo bajo la batuta de Alex Char- se ganó el respeto y la admiración de los colombianos. Gobernantes entregados a su trabajo y ciudadanos que confían en su gestión -hasta el punto de que la ciudad pasó de recaudar 95 mil millones de pesos en 2007 a 370 mil millones en 2019- hicieron posible la metamorfosis. Hoy lo que tiene la inmensa mayoría de los habitantes de Barranquilla en sus mentes es un “modelo de ciudad”, que les gusta y disfrutan a plenitud. ¿Defectos? Muchos. ¿Tareas pendientes? Todas, por fortuna. Lo que hay es trabajo por hacer. Falta mucho camino por recorrer, sobre todo porque el resto del país nos tomó mucha ventaja en aquellos “años de la postración”, como ocurrió entre los años 60 y los 90.

El rezago todavía es inmenso. El déficit social sigue siendo enorme. La desigualdad no cede como todos quisiéramos. La informalidad galopa desbocada. La inseguridad intimida a propios y extraños. La corrupción asoma sus orejas entre incisos y “otrosí”. La integración regional liderada por Barranquilla, como ciudad modelo, sigue estando en la lista de “asuntos pendientes”.

Ahí están, pues, los retos de la nueva administración en cabeza de Jaime Pumarejo Heins, uno de los jóvenes que en 2008 llegó a la administración de Alejandro Char con la ilusión de transformar la ciudad. A partir de este primero de enero tendrá la oportunidad de darle continuidad a una gestión que cuenta con el respaldo de la inmensa mayoría de los barranquilleros, a juzgar por lo que dicen todas las encuestas. Jaime Pumarejo llega a ponerse al frente del timón de una ciudad que en este 2019 de nuevo enamoró a Colombia.

¿Cómo se dio la transformación de Barranquilla?

Alex Char, el nombre del éxito

En Colombia somos expertos en graduar futuros presidentes. Es casi que un deporte nacional. Encontrar una especie de Mesías que nos salve de esta debacle hace parte de nuestro desespero. Buscamos siempre un Salvador. Alex Char hace parte de esa lista de futuros “salvadores” y “mesías”, lo que no significa que el alcalde de Barranquilla quiera hacer parte de esa lista, al menos por ahora. Carismático, trabajador y visionario, Char encaja perfecto en el imaginario que tenemos en Colombia de lo que sería un buen gobernante. Su aprobación por encima del 90 por ciento en sus dos administraciones lo convierten en el “candidato ideal” y el más apetecido de los dirigentes políticos nacionales. Nadie en Colombia, ni presidente, ni alcalde, ni gobernador ha contado con semejante respaldo. La última encuesta del año de Gallup le dio una arrolladora aprobación del 95 por ciento, contra un 4 por ciento que no lo respalda. De ese tamaño es el “fenómeno Char”. Punto. La metamorfosis de Barranquilla tiene, sin duda, la impronta de Char, quien supo darle a su administración el sello que le garantiza un lugar muy destacado en la historia de la ciudad.

Un equipo con talla nacional

La Barranquilla que en este 2019 enamoró a Colombia también es producto del trabajo y el esfuerzo de un equipo. Tan bueno resultó que varios de ellos dieron el salto al Gobierno Nacional, empezando por el propio Alex Char, quien se desempeñó por algún tiempo como Alto Consejero Presidencial. Pero hay más: Elsa Noguera -nueva Gobernadora del Atlántico- fue ministra de Vivienda, al igual que Jaime Pumarejo. Karen Abudinen es la Consejera Presidencial para las Regiones y Alta Consejera para Asuntos Políticos de Iván Duque y fue directora del ICBF. Pero no solo se trata de integrar buenos equipos, sino de trabajar de forma armónica con ellos. Y en ese sentido la llave “Alex Char-Eduardo Verano” también demostró que los éxitos se alcanzan con mayor facilidad cuando se suman voluntades. Nadie puede negar que los logros alcanzados son producto de la solidaridad recíproca entre Alcaldía y Gobernación.

Sector productivo, mucho mejor de aliado

Después de múltiples fracasos y de muchas décadas perdidas, que llevaron a la ciudad a su postración económica y social, se llegó al convencimiento de que para que el sector público logre óptimos resultados necesita trabajar de la mano con la empresa privada. En el caso de Barranquilla es indudable que los resultados no hubiesen sido los mismos de no haber contado con el concurso del sector productivo. El músculo financiero de empresas como Tecnoglass, Gases del Caribe y Cementos Argos, entre otras, contribuyó a dinamizar obras de infraestructura y a generar empleos en la ciudad. En momentos en que en el país se cuestiona al sector productivo, como muestran algunas encuestas en estos días de “paro nacional”, merece destacarse el compromiso de los industriales y empresarios de Barranquilla con la ciudad. Lección para todo gobernante: siempre será mucho mejor tener al sector productivo de aliado y dinamizando la economía que de enemigo. Que lo diga la Venezuela chavista que se dedicó a combatirlo hasta liquidarlo y hoy paga las consecuencias.

¿Y ahora qué sigue?

Uno de los problemas que tiene el patito feo cuando se convierte en cisne, como le ha sucedido a Barranquilla, es que de ahora en adelante todos serán más exigentes con los resultados. Al patito feo nadie lo determinaba, al cisne todos lo quieren mirar y tocar. En este 2019 -cuando Barranquilla fue noticia nacional porque pudo hacer varias marchas de protesta sin que hubiera un solo destrozo en vías públicas- los habitantes de la ciudad pudimos demostrar que si es posible la convivencia pacífica en medio de las diferencias. El rezago que por años nos ha separado de buena parte del resto del país tiene que superarse muy pronto para -ahí si- proyectar la ciudad hacia niveles de productividad y competitividad que nos igualen con otras ciudades del país y de América Latina. El crecimiento económico con desigualdad es perverso y solo genera mayor resentimiento. Acumular riqueza sin generar empleos dignos solo alimenta odios. Esa lección la estamos viendo en varios países del mundo. Es bueno tomar atenta nota para no tener que vivir esa triste y cruel experiencia.

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