En una esquina del tablero electoral, lejos de las maquinarias más robustas y de las alianzas más ruidosas, se mueve la consulta de las “soluciones”: la tercera y más pequeña coalición interpartidista que el próximo 8 de marzo buscará colarse en la primera vuelta presidencial.
Allí están la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, y el abogado y académico Leonardo Huerta. Dos nombres que intentan abrirse paso en medio de un espectro de centro que volvió a fragmentarse antes de arrancar.
Durante meses sonaron otros nombres para engrosar esa baraja: Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, y Mauricio Armitage, exalcalde de Cali. Pero la alianza nunca terminó de cuajar. Fajardo optó por seguir en solitario, impulsado por encuestas que lo mostraban competitivo frente al petrismo y con la lección aprendida —según ha dicho— de lo que llamó su “fatalidad electoral” en la pasada coalición de Centro Esperanza.
Claudia López levantó el teléfono varias veces. Insistió. Buscó el acuerdo. No prosperó. Y esa fractura, inevitablemente, dejó su candidatura con menos músculo político del que esperaba.
Pero ella no parece dispuesta a leer la historia en clave de debilidad.
“A las mujeres siempre nos subestiman, nos pordebajean. Yo perdí todas las encuestas para la Alcaldía de Bogotá, pero gané la elección”, dice con ese tono entre combativo y pedagógico que la ha acompañado desde el Senado hasta el Palacio Liévano.
Su apuesta es clara: el 8 de marzo no solo se elige Congreso; también se define quién pasa a la primera vuelta presidencial. “Yo quiero competir en mayo y ser la presidenta de las soluciones. Colombia necesita cooperación institucional, no saboteos”, insiste.
“Al final en este tarjetón competimos contra el Uribismo que ha sido el palo en la rueda del cambio de justicia social en Colombia. Y la consulta de Roy, en mi opinión, realmente es la consulta de la corrupción”, agregó.
El Caribe, termómetro
Barranquilla y el Caribe se han convertido en parada obligatoria de su discurso. Allí agradece las firmas, las fotos, los abrazos. Pero también lanza una pregunta que repite como mantra: “¿cómo puede una región con puertos, sol, viento, gas y talento seguir siendo de las más pobres del país?”
“Es doloroso ver al Caribe en esa situación de pobreza que no tiene sentido. Aquí hay puertos, hay energía, hay talento, pero la gente paga tarifas altísimas”, afirma.
Habla de bajar costos de energía, de invertir regalías con criterio regional y de recuperar infraestructura básica. Habla, sobre todo, de seguridad y salud.
“Durante el Covid a todo el mundo le dimos su medicamento, su cama, su tratamiento. Vamos a volver a un sistema de salud con auditoría, sin corrupción, pero oportuno”, promete.
Y sobre la violencia en Barranquilla, es tajante: “Necesitamos más pie de fuerza, más coordinación y una fiscalía antimafia que enfrente a los criminales”.
Becas, cuidado y empleo
En su libreto —que intenta que suene más a experiencia que a promesa— hay tres ejes repetidos: educación, empleo y mujeres.
Propone un millón de becas con trabajo incluido. “El mercado laboral es cruel: si uno es muy joven no lo emplean, si es mujer creen que va a quedar embarazada y si es mayor de 50 dicen que está muy viejo. Eso hay que cambiarlo”.
También insiste en ampliar el sistema de cuidado. “Las mujeres cuidamos, lavamos, planchamos, trabajamos y nadie nos ayuda. Necesitamos servicios de cuidado para poder estudiar y trabajar, para tener autonomía económica”.
Por otro lado, sobre el Gobierno del presidente Gustavo Petro, su balance es de matices: respalda reformas sociales como la pensional y la recuperación de derechos laborales, pero reconoce fallas.
“Hay logros que defiendo, pero hay cosas que van mal y hay que corregirlas, como la salud y la seguridad”, señala, marcando una línea que busca diferenciarla sin romper del todo con el electorado progresista.
En este sentido, Claudia López sabe que compite en una consulta pequeña y en un escenario fragmentado. Pero se aferra a la narrativa que ya le funcionó una vez: la candidata subestimada que termina sorprendiendo.
“Soy hija de una familia trabajadora. He combatido la corrupción toda mi vida. Quiero ser la primera mujer presidenta para fortalecer la educación, la seguridad y la autonomía económica de las mujeres”, dice.
Cambiar el libreto
No viene de una casa política tradicional ni ha ocupado un ministerio. Su carta de presentación, dice, son más de 20 años como docente universitario, un millón de firmas recogidas en las calles y una convicción: que Colombia necesita menos búsqueda de culpables y más soluciones concretas.
Leonardo Huerta, candidato presidencial por la llamada “consulta de las soluciones”, se define como un outsider con formación técnica y experiencia pública suficiente para gobernar.
“He sido docente universitario por más de 20 años en Barranquilla, en derecho público y derechos humanos. Esa formación académica y mis investigaciones sobre el Estado me dan la autoridad para gobernar a Colombia”, afirma.
Pero no se queda en la academia. Asegura que el segundo pilar de su aspiración es la gerencia pública. Y allí marca distancia frente a quienes exaltan la experiencia empresarial como único requisito para dirigir el país.
“Es muy fácil en una empresa privada comprar dos computadores levantando el teléfono. Haga eso en una alcaldía o en la Presidencia sin seguir el procedimiento y comete más de cinco delitos. Hay que conocer cómo funciona el Estado”.
Para Huerta, uno de los grandes problemas del país es la baja ejecución presupuestal, producto —según sostiene— de la falta de conocimiento técnico en la administración pública.
Su tercer argumento es el territorio. Como defensor del derecho a la salud recorrió hospitales desde Providencia hasta Puerto Nariño, y desde Puerto Carreño hasta Tumaco. Ese periplo, dice, le dejó una conclusión clara: el problema estructural de Colombia es la falta de gobernabilidad.
“Un alcalde que quiere hacer un acueducto tiene que pedirle el favor a un congresista y rogarle a un ministro para que le viabilicen el proyecto. En ese tránsito se quedan comisiones y termina torciéndose la licitación. Ahí nace la corrupción”, aseguró.
Huerta logró inscribirse con firmas. Entregó un millón y le certificaron más de 600.000. Para él, ese respaldo es su principal activo político.
“No le mendigué el aval a ningún partido. Mi aval es la gente”, explicó.
Reconoce que ha enfrentado invisibilización y cuestionamientos. “¿Quién es Huerta?”, dice que preguntan algunos sectores. Pero insiste en que su sola presencia en el tarjetón ya es un triunfo contra el pronóstico.
Con un lenguaje futbolero, compara su candidatura con una selección que nadie daba por favorita.
“Si nadie más puede ganar porque ya se sabe quién va a hacerlo, entonces que Colombia no vaya al mundial. Nosotros vamos a competir. Y podemos hacer un gol olímpico”.
Sobre el gobierno del presidente Gustavo Petro, Huerta ofrece una lectura menos polarizada. Considera que su llegada al poder rompió un mito.
“Se desmitificó que si la izquierda llegaba al poder esto se volvía Venezuela o Cuba. Aquí no hay bloqueo institucional; hay tensiones, pero las instituciones funcionan”, aseguró.
Por último, valora algunos avances, como el impulso inicial a la reforma agraria y la apertura a sectores históricamente excluidos, aunque reconoce errores y falta de consolidación en varias políticas.


