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Vantara, el arca biotecnológica de la familia Ambani en la India, es un ecosistema entre la infraestructura de la mayor refinería de petróleo del mundo creado con una selva artificial de diez millones de árboles, que se ha ofrecido como la única salida técnica para frenar el sacrificio de hipopótamos autorizado este mes por el Gobierno de Colombia.

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Este oasis de 1.200 hectáreas, blindado y privado, desafía la lógica del paisaje árido del oeste de la India. No funciona como una reserva al uso, sino como un centro de ingeniería biológica donde el cuidado animal se gestiona con la precisión de un laboratorio genómico.

En este enclave de los Ambani, la herencia más problemática del ecosistema colombiano podría encontrar su destino final bajo un sistema de bienestar animal que parece extraído de la ciencia ficción.

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VANTARA/EFEHipopótamos en el santuario animal Vantara, en la India.

Donde Bill Gates y Zuckerberg vistieron de “jungla”

Este despliegue es la apuesta personal de Anant Ambani, hijo menor de Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia cuya fortuna supera los 115.000 millones de dólares. Su nombre recientemente atrajo la atención de la élite global con una celebración prematrimonial estimada en 600 millones de dólares.

Agencia EFEÉl es Anant Ambani, el multimillonario indio que quiere trasladar los 80 hipopótamos

Las festividades, que paralizaron la ciudad de Jamnagar, convirtieron el santuario de animales en uno de los escenarios principales del evento social del año.

Bajo el código de vestimenta “fiebre de la jungla”, figuras como Bill Gates, Mark Zuckerberg e Ivanka Trump recorrieron las instalaciones de rescate como parte de un itinerario de lujo que incluyó vuelos privados, espectáculos de Rihanna y menús de 2.500 platos únicos supervisados por 21 chefs.

Para la familia Ambani, el santuario es el corazón de su “capital privada” en Gujarat, un complejo con hospitales, estadios y una reserva de vida silvestre que ahora busca albergar a los hipopótamos.

Medicina de ciencia ficción y lujo clínico

La oferta para trasladar a los hipopótamos desde el río Magdalena representa una exhibición de músculo técnico en un enclave donde la medicina de fauna silvestre cuenta con recursos casi futuristas.

Destacan las piscinas de hidroterapia con 260 chorros de presión y las cámaras de oxígeno hiperbárico para tratar a animales de gran tonelaje, según datos del centro.

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Sus quirófanos de 9.300 metros cuadrados permiten realizar cirugías oculares complejas en grandes felinos bajo anestesia de precisión con lidocaína. Además, el centro dispone de una cocina robótica capaz de procesar 156.000 kilos de alimento al día, una logística vital para sostener a los 80 nuevos huéspedes de dos toneladas cada uno.

El desafío de los protocolos internacionales

La ejecución de esta propuesta supone elevar el proyecto científico de la familia al siguiente nivel mediante la nueva Vantara University, una institución que busca aplicar la filosofía del “Seva” o servicio compasivo hacia la naturaleza.

Sin embargo, el éxito de la operación depende ahora de un complejo entramado de permisos y de la resolución sobre la financiación de la traslocación, un detalle que la propuesta enviada a Colombia no especifica.

CortesíaDe acuerdo con expertos, la llegada de esta especie no solo afecta a nivel ecosistémico, sino que también impactaría a pescadores y comunidades.

Mientras las autoridades colombianas avanzan en los protocolos de eutanasia ética, la oferta de la India plantea un debate sobre la viabilidad de trasladar especies invasoras de gran escala entre continentes, una operación técnica y diplomática que todavía no cuenta con precedentes en la gestión de fauna silvestre en el país asiático.

Del capricho del narco a la filantropía del crudo

La posible llegada de estos ejemplares a la India encierra una ironía si se piensa que los hipopótamos, que aterrizaron en Colombia en los años 80 como un símbolo de la extravagancia y el poder sin límites de Pablo Escobar, podrían encontrar su destino final en otro ecosistema nacido de la opulencia extrema.

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Lo que comenzó como un capricho exótico financiado por el narcotráfico en la Hacienda Nápoles, se ha convertido cuatro décadas después en una crisis ambiental que solo parece encontrar solución en el bolsillo de los Ambani, uno de los mayores multimillonarios del mundo.

Es el relevo de dos eras de riqueza, la del dinero del tráfico que creó el problema frente a los miles de millones de la industria energética que hoy ofrecen la tecnología para resolverlo.