El Heraldo
El grupo de danza africana del Comité de Proyectos Culturales de Usme, Cundinamarca, demostró que los ‘cachacos’ también saben bailar bien al ritmo de la champeta. Carlos Cordero
Barranquilla

La tradición no tiene límites regionales

Los 51 grupos visitantes que participaron en la Gran Parada Carlos Franco demostraron que el folclor une a los distintos departamentos de Colombia.

Una parranda de colores y música en la que la tradición unió al departamento del Atlántico con Cundinamarca, Bolívar, Magdalena y Antioquia, fue la que disfrutaron los asistentes a la Gran Parada Carlos Franco, en la que 51 grupos folclóricos visitantes derrocharon energía bajo el sol. (Leer Encuentros en la Gran Parada Carlos Franco).

¿Que los ‘cachacos’ no bailaban champeta?, esa fue la duda que con ritmo y precisión resolvieron los 168 integrantes de la comparsa que llegó desde la localidad de Usme, Bogotá, para demostrar durante el recorrido que quebrar la cadera y contonearse con sabrosura no es exclusividad de los costeños.

Visitar anualmente Barranquilla se convirtió para los mestizos, indígenas y afrodescendientes que hacen parte del Comité de Proyectos Culturales de Usme, en una festiva manera de reencontrase con sus raíces, desde hace ya 15 años.

El colorido de la comparsa de fantasía cartagenera Yembé se destacó en el recorrido.

Ver galería Gran Parada Carlos Franco, homenaje a uno de los grandes hacedores de la fiesta.

“Venimos para resaltar el proceso étnico que hay en Bogotá. Allá hay muchas manifestaciones afrodescendientes, desde el momento mismo de la constitución de la ciudad, cuando Gonzalo Jiménez de Quesada la fundó”, explicó el director de la agrupación, Fulgencio Espitia.

El menor de sus bailarines tiene 4 años, y el mayor es Germán Londoño Ángel, quien a sus 70 años dice que para bailar champeta solo se necesitan las ganas.

“Nos vamos después de que termine el Carnaval, porque también queremos gozar de esta ciudad tan hermosa”, señalaron los folcloristas.

Pilanderas momposinas. Para Luis José Durán Amador, uno de los más veteranos del grupo de pilanderas del barrio León Faciolince, de Mompox, Bolívar, maquillarse y vestirse de mujer para bailar en Carnaval es un orgullo.

Luis Durán desfiló con el ceño fruncido, para otorgar mayor realismo a su personificación de pilandera momposina. 

“Lo bonito de esta fiesta es vivir nuestro folclor y ser ejemplo para los demás países. Me hace feliz llevar esta tradición en la sangre y hacer que el público se sienta parte del Carnaval”, señaló Durán, que al llegar a la esquina de la calle 70B con carrera 47 fue aplaudido por el público, por la entusiasta manera de mover su paraguas.

La muestra de baile negro de Bahía Honda, Magdalena, contagió con su alegría ribereña a los asistentes. “Venimos de un asentamiento negroide, en el que lo típico es el son, el calor, la energía de los negros”, dijo el director de Fusión Ribereña, Donaldo Rivas.

Representantes de Cartagena, Turbo, La mesa, Plato y Arjona, coincidieron en que es el folclor lo que une a nuestras regiones, idea que “de un mordisco” selló el caimán cienaguero que se vino para esta fiesta barranquillera.

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