El Heraldo
Yesid Sangregorio recorre la piscina del conjunto, cerca a la gruta de la Virgen. Christian Mercado
Barranquilla

“El Campeón’ fue el vecino que me enseñó a amar al Junior”

EL HERALDO dialoga con algunas personas que compartieron con Édgar Perea, en el conjunto residencial donde vivió en Barranquilla. Lo recuerdan como cordial y alegre.

El lunes, a las 10:30 de la noche, cuando Yesid Sangregorio se enteró de la muerte de Édgar Perea, su exvecino y amigo, reprodujo por enésima vez la narración que hizo ‘El Campeón’ durante el cinco a cero de Colombia contra Argentina, en el estadio Monumental de Buenos Aires. Entre lágrimas y la compañía de su hijo, Yesid Jr., volvió a escuchar la voz –dice- que le enseñó a amar al Junior y vivir con fervor los partidos de la Selección.

Aquel 5 de septiembre de 1993 fue quizás el partido donde ‘El Campeón’ realizó más descripciones de jugadas y cantos de gol, con su característica emotividad. Para Sangregorio, cada narración del chocoano ahora son su mejor memoria.

“Nos hicimos buenos amigos y vecinos porque éramos muy devotos de la Virgen del Carmen. Decíamos que éramos primo-hermanos por la Virgen”, señala Sangregorio, ex gerente regional del Banco de Bogotá, y residente del conjunto residencial Los Laureles, localizado en la carrera 51B con 85. El pensionado de 77 años suelta un leve carcajeo. Una expresión por momentos intrusa en el dolor que refleja su ceño y su boca fruncida.

Se mudó al conjunto en 1989. Un año después, recuerda, llegó Édgar Perea. Este compró los apartamentos del tercer y cuarto piso de la torre A y mandó a diseñar un dúplex. Una escalera de caracol unía ambos pisos: en el cuarto tenía su propio estudio radial y en el tercero los muebles y espacios del resto de la casa. Al transitar entre los edificios de este centro residencial, de árboles frutales y palmeras, algunos vecinos comentan que Perea solía tocar el piano y el clarinete en su apartamento. Que sabía hacerlo muy bien y que algunas amas de casa y jardineros hacían un pare en sus labores para escuchar las melodías. En las piscina de Los Laureles era conocido por parrandear con sus vecinos más allegados, e incluso trabajar. En este conjunto también vivió el compositor vallenato Julio César Oñate, el ex director nacional del Instituto de Medicina Legal Juan Isaac Llanos y el escritor y locutor de radio Germán Vargas Cantillo, por quien Gabriel García Márquez visitó un par de veces el lugar, según cuenta Sangregorio.

“En la piscina Édgar llegó a grabar varios de sus programas radiales. Por eso él decía a veces ‘conjunto residencial Los Laureles, lo mejor de Barranquilla’ o nos dedicaba goles, diciendo ‘por los amigos de los Laureles que están bebiéndose su whisky’”, comenta Sangregorio, mientras camina en ella, al lado de una gruta donde los residentes guardan una figura de porcelana de la Virgen María.

Marina Mantilla, otra residente de Los Laureles, cuenta en la sala de su casa que aunque ‘Él Campeón’ era un hombre sencillo, si caminaba por la piscina o se dirigía hacia el parqueadero siempre había miradas que lo seguían. Cuentan algunos vecinos que era querido por los jóvenes de Los Laureles, a quienes a veces regalaba camisetas de equipos de fútbol y suvenires de sus viajes.

Con un cantado “pórtense bien muchachos” podría terminar sus dádivas.

Édgar Perea se fue del conjunto en 2005. El apartamento dúplex volvió en 2007 a ser dos pisos diferentes. Dicen algunos vecinos, que desde ese año, el conjunto perdió definitivamente cierto ambiente de convivencia e integración. Hoy ya no se forman parrandas entre inquilinos en las piscina ni se reúnen a charlar. Sin embargo, para residentes como Sangregorio el recuerdo del “buen vecino” de Perea sigue permanente en Los Laureles.

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