Durante tres décadas busqué al asesino de mi hija Nancy Mariana Mestre Vargas. Un hecho que, por su prolongación en el tiempo, impactó en la opinión pública de Colombia y de varios países del mundo. Los medios de comunicación recalcaron mi persistencia para conseguir justicia. Nunca imaginé que esta tragedia tendría tanta divulgación, al punto de influir en la sociedad de una manera tal que llegaron a mí amigos, amigas del colegio de Nancy Mariana y hasta extraños, todos sugiriéndome contar los detalles de esta historia en un libro.
Ese torrente de comentarios y sugerencias sembró en mí una inquietud: ¿cómo se podría contar una historia tan trágica y dolorosa como esta? El solo hecho de pensarlo me llevó a hacerme preguntas: ¿es necesario hacerlo? ¿Cómo se puede escribir sobre el asesinato de tu propia hija? ¿Soy yo la persona indicada para ello?
Al reflexionar, entendí, casi de inmediato, que era renuente a la idea. Con tanta información publicada sobre la historia de Nancy Mariana, no lograba visualizar el propósito de emprender un proyecto como este. Sin embargo, en abril de 2024, ante la inminente extradición de Jaime Saade Cormane de Brasil a Colombia, supe que una búsqueda de tres décadas merecía ser contada. Las noticias que narraban la historia de un padre que guió a la justicia se multiplicaron.
Y entonces ocurrió algo que me dio argumentos para empezar a considerar la escritura de este libro.
Empezó a llegarme una oleada de cartas, mensajes, llamadas y comentarios en redes sociales. Eran personas que me compartían su frustración debido a que se enfrentaban a casos de impunidad. Veían en mi lucha una fuente de esperanza en un sistema que los había golpeado hasta hacerlos rendirse en su búsqueda de verdad.
Otra circunstancia determinante para aceptar escribir este libro fue el recuerdo de quienes me ayudaron a que la historia no cayera en el olvido. En estos treinta años conocí a decenas de periodistas que publicaron y apoyaron las nuevas informaciones que recopilaba sobre el caso. Gracias a ellos, las autoridades locales y nacionales siempre tuvieron en el radar a ese padre que, carpeta en mano, tocaba puertas para preguntar qué estaban haciendo para capturar al asesino condenado de su hija. El diario más cercano siempre fue EL HERALDO, del que conocí a cinco directores: Juan B. Fernández Renowitzky, Gustavo Bell Lemus, Ernesto McCausland Sojo, Marco Schwartz Rodacky y Erika Fontalvo.
Muchos de esos periodistas han fallecido, otros están jubilados, y nuevas generaciones de reporteros han llegado, y han apoyado mi causa incluso en los momentos más oscuros. Si este libro podía servir como un agradecimiento a esos periodistas y a tantas otras personas, entonces valía la pena escribirlo. Me decidí a hacerlo.
Varios medios locales, nacionales e internacionales me ofrecieron su apoyo. Todos eran serios y competentes. Tras varias reuniones y conversaciones, elegí al periodista, productor y autor Juan Guillermo Mercado.
En nuestro primer encuentro me preguntó:
—Don Martín, ¿cómo debo llamarlo?
—En mi oficina me llaman arquitecto. En la universidad, mis alumnos me dicen profesor. En la Armada, mi capitán. Los apenas conocidos me llaman don Martín, y mis amigos, simplemente Martín. Como mi coautor, vamos a ser muy amigos. Llámame Martín —le respondí.
Desde ese día me convencí de que Juan Guillermo respetaría el nombre de mi hija, quien apenas era una adolescente de dieciocho años cuando Jaime Saade Cormane le quitó la vida. Hemos escrito este libro sin sensacionalismos y protegiendo siempre la memoria de Nancy Mariana. Ella es un símbolo universal de las víctimas del feminicidio. Cuando Saade la asesinó, en 1994, este delito no estaba tipificado.
Hoy, a la luz del nuevo Código Penal colombiano, Saade Cormane es un feminicida. Leo la palabra y me parece precisa desde el punto de vista judicial, pero tibia para describir la condición de un tipo inhumano, cobarde y ruin que le quitó la vida a una muchacha que apenas empezaba a soñar y que había depositado en él una confianza plena.
Entre 1994 y 2020, el feminicida Jaime Saade se escondió en Brasil utilizando la identidad falsa de Henrique Dos Santos Abdala. Huyó de la justicia antes de ser juzgado, creyendo que, con un nombre falso, un matrimonio y dos hijos, podría echarle tierra a su crimen, burlarse del dolor de quienes amamos a Nancy Mariana y, de paso, rehacer su vida.
Desde ese fatídico 31 de diciembre de 1993, cuando mi hija Nancy Mariana nos pidió permiso para salir con Jaime Saade después de los pitos del Año Nuevo, nuestra vida cambió para siempre. Saade, de treinta y dos años, parecía de menos edad y era conocido del grupo de amigas del colegio.
Jamás imaginé que dentro de él viviera un monstruo peligroso.
Los psicópatas como él suelen ser simpáticos y capaces de engañar a los demás. De eso se valió para asesinar a mi hija.
Este libro no es solo el rescate de la memoria de una víctima y de la resistencia de su familia, sino también un testimonio que tal vez dará un poco de fortaleza a muchas personas que enfrentan dolores similares al nuestro.
Martín Mestre Yúnez
Barranquilla, noviembre de 2024.





















