Liney Fuentes Cabrera asegura que todas las noches sueña con su pequeño hijo Jan Alexander y su madre, Leski Isabel, abrazándolos, dándoles cariño, como solía ser antes, cuando eran una familia feliz.
Pero todo se torna oscuro y doloroso cuando a su mente llegan imágenes, como filminas de una película, de Fabián Quintero Ramírez —su expareja sentimental— portando un revólver calibre 38 e ingresando a la fuerza a su vivienda para acabar con la vida de su retoño y su amada progenitora.
Súbitamente, de acuerdo con el relato de la mujer, despierta de ese sueño y es ahí cuando empieza su otra lucha: una inmensa vigilia cargada de temores que se esconden entre las sombras de su habitación, amenazando su moral con la idea de que aquel hombre saldrá de la cárcel para cumplir finalmente con sus amenazas de matarla a sangre fría.
Hoy, a un año de la tragedia, Liney Fuentes volvió a la cámara de EL HERALDO para denunciar ante las autoridades el gran tiempo que ha tomado el proceso judicial contra este monstruo que le arrebató el brillo de sus ojos.
Temiendo que el hombre lograra salir bajo vencimiento de términos, la mujer reveló a esta casa editorial que, desde su aprehensión y traslado a varios centros carcelarios, Quintero ha fingido algún tipo de “demencia”, negándose a hablar sobre cómo ocurrieron los hechos.
“Para mí ha sido desesperante. Ha pasado un año y siento que el proceso va muy lento, a pesar de que fueron dos personas las que murieron. Tuve que mudarme del barrio porque él me estaba amenazando a mí y a mi hija”, manifestó la mujer.
Para Fuentes, cada noche es una lucha interna en la que su único respaldo es el Todopoderoso, cuando los terrores nocturnos amenazan con golpear nuevamente.
“Duermo muy poco. Concilio el sueño a eso de las 2:00 de la mañana y a las 4:00 ya estoy despierta…He tenido sueños y pesadillas con mis hermanos…Mi familia me presiona y eso me afecta…Mi hija y yo estamos en sesiones de psicología; nos mandaron 20 sesiones en Barranquilla, es difícil los viajes desde Malambo hasta allá, pero estoy tratando de seguir el proceso”, contó cabizbaja.
El día de la tragedia
De aquel 26 de noviembre del 2024, Liney recuerda levantarse muy temprano por la mañana como solía hacerlo en su rutina para dejar todo listo a sus familiares, la comida, el aseo y las demás labores.
“Me levanté a las 5:30 de la mañana, ya que tenía que hacerles el almuerzo a los abuelos de mis hijos que estaban en diálisis, le di desayuno al niño y salí…Mi mamá estaba cosiendo, como siempre a esa hora, entonces me acerqué a ella y le pedí que tuviera al niño listo a las 11:30 para llevarlo al colegio”, narró.
Pero dos horas después, una llamada la habría dejado helada tras ser alertada por una de sus vecinas.
“A las 7:40 a. m. una vecina me llamó: –Mona, ¿dónde estás? Ven rápido, que acaban de herir al niño y a tu mamá–. Yo enseguida pensé que había sido Fabián, por las amenazas, tomé una moto y salí rápido hacia la casa…Cuando llegué, todavía no había autoridades, entonces fui a la estación de policía a pedir ayuda, pero no hicieron nada…Cuando regresé, ya se habían llevado a mi mamá a la clínica (Campbell) La 14…Al niño lo tenían más de media hora sin trasladarlo, y ya estaba sin vida…En la clínica me confirmaron que había llegado sin signos vitales: tenía disparos en la cabeza y el cuello”, sentenció la mujer.
14 días en vilo
Luego de la muerte de su hijo, Liney no tenía fuerzas para ver en una clínica a su madre, quien incluso, aun estando gravemente herida, alcanzó a testificar en contra del ex suboficial sobre cómo habían ocurrido los hechos aquella mañana.
“Mi mamá explicó claramente lo sucedido: Fabián llegó preguntando por mí y ella le dijo que yo no estaba, pero él no le creyó…Entró a toda la casa buscándome y al no encontrarme le dijo a mi mamá: –Ah, no está. Bien, (vulgaridades), usted es la que me la va a pagar–. Le disparó dos veces, en el pecho y en el abdomen…Luego se fue hacia donde estaba el niño y le disparó en la cabeza y el cuello…Después le disparó a mi mamá en la pierna cuando ella intentaba arrastrarse para defenderse”, relató Fuentes.
Pese a que toda la familia estuvo aferrada a un rayo de esperanza por ver que la señora Leski se recuperara, desafortunadamente la adulta mayor acabó falleciendo a los 14 días de los hechos debido a complicaciones de salud derivadas del ataque.
“Ella estuvo consciente, hablaba normal, recordaba todo…Le decía a mis hermanos que quería irse para Córdoba, que no volvería a vivir acá…Teníamos esperanza, aunque sabíamos que quedaría en silla de ruedas. Pero a los 14 días se complicó y falleció por un paro, el viernes 28 de noviembre habría cumplido años”, contó entre lágrimas su hija.
“Pido justicia por mi familia”
Casi que olvidada por la institucionalidad, Fuentes se aferra a la justicia divina, pero pide a las autoridades que no dejen que su caso llegue a dilatarse aún más, por temor que Quintero no pague ni un solo día en la cárcel.
“Pido justicia. Que este caso no siga esperando… El 4 de diciembre hay una audiencia importante y temo que lleguen las vacaciones y se pare todo…Quiero que lo condenen en una cárcel, no que lo manden a un hospital psiquiátrico, Él (Fabián Quintero) no está loco”, sentenció la mujer.
Por su parte, Javier Colina Páez, representante de la víctima, expresó que aspiran a que la justicia no llegue de forma tardía, ni mucho menos que el ente investigador caiga en la “trampa que está montando el señalado homicida”.
“Quintero intenta hacerse pasar por una persona demente para evitar una condena. Si el dictamen no es controvertido por la Fiscalía ni por la víctima, quedaría en firme y podría ser enviado a un centro psiquiátrico en lugar de una cárcel, lo cual preocupa a la familia…Con las pruebas que se han aportado, esperamos que pase al menos 50 años en la prisión”, manifestó el abogado.
Víctima vive, pero justicia falla
Para Ruth Pareja, líder de mujeres y miembro del Movimiento Amplio Social de Mujeres en el Atlántico, casos como el de Liney Fuentes Cabrera logran llegar a las altas esferas por el impacto social que tienen, pero en el momento en que la justicia debe intervenir, el camino se vuelve estrecho y no se llega a la meta, que es cumplirle a la víctima.
“Este es un caso muy doloroso, cada escenario de violencia deja una familia esperando que sus derechos sean resarcidos… Es lamentable que una madre hoy no pueda cerrar su duelo porque el victimario puede salir en cualquier momento a las calles…Ella vive aterrorizada ante la posibilidad de que esta situación pueda convertirse en un feminicidio y es que, si ella se salvó, fue porque no estaba en el lugar del hecho, de lo contrario, hoy estaríamos lamentando otra víctima más”, expresó la lideresa.
Pese a que la víctima logra sobrevivir a un hecho traumático que la marca por toda su vida, la inoperancia de las autoridades, desde la falta de interés en los casos, las dilataciones entre audiencias y demás, continúa revictimizando a estas personas que tratan de calmar aquel dolor cerrando dicho capítulo solicitando ayuda de la justicia.
“La Ley 1257 de 2008 es clara: hay que brindar un amparo integral a las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar o tentativa de feminicidio, y también a las familias de víctimas mortales, debe existir atención psicosocial garantizada, pero eso se queda en el papel… Las autoridades no se han tomado en serio el tema de mujeres. No les interesa resarcir derechos que históricamente hemos tenido que ganar en las calles, derechos que nos han costado la vida de muchas mujeres”, manifestó Pareja.


