El Heraldo
Trabajadores en la máquina de ingeniería inversa para manufacturar tapobocas en Barranquilla. Cortesía
Economía

La obra de Watts: una máquina ‘criolla’ para hacer 300 mil tapabocas por día

El ingeniero mecánico Jairo Watts y su esposa Angélica Pérez encontraron en medio de la emergencia del COVID-19 el giro a su actividad industrial de vender cintas adhesivas a fabricar tapabocas con una máquina made in Barranquilla.

El martes 10 marzo, antes de la declaratoria de confinamiento en Colombia, Jairo Watts atisbó en el punto de venta del centro de Barranquilla que Álex, el vendedor, pidió más tela ‘strech’ de las que tenía almacenada.

–Busque 10 metros más –, dijo Álex delante de un cliente.

–Bueno y ¿por qué están pidiendo más rollos de tela? –preguntó Jairo sin que el cliente escuchara.

–Jefe, lo que pasa es que esto se ha disparado –dijo Álex.  

–Pero ¿se disparó todo? Esa tela es un complemento para forrar y fabricar muebles.

–No, lo que pasa es que la gente está corriendo a fabricar tapabocas con esta tela.

–¿Cómo así? – insistió Watts.

–Sí, es que no hay otros materiales. Quienes hacen tapabocas están buscando esta tela.

–No me venda más esa tela. Voy hacer mis averiguaciones –ordenó Jairo Watts.

 

Jairo Watts con uno de los productos que transformaba hasta antes de la emergencia por el COVID-19. Nilson Romo Mendoza

La advertencia de la cuarentena y del confinamiento tenía a Jairo Watts y Angélica Pérez, su esposa, preocupados. “Angustiados”. Buscando soluciones para generar 45 millonesque necesita cada mes su pequeña empresa industrial en Barrio Abajo. Allí fabricaban productos para empaque y embalaje entre los cuales se destacan: ‘stretch film’ (película fina para envolturas), espuma en polietileno, cartón corrugado y cintas adhesivas con 13 empleados empleados.

Jairo Watts se preguntaba: “¿Qué hago Dios? Todo lo hecho y con lo que he crecido durante 14 años. Se va caer a pedazos en cuatro meses”.

Llamó a su hermano un médico en Cali y lo escuchó hablar sobre lo que podía ocurrir con el confinamiento y los efectos del COVID-19.

Jairo analizó que su empresa, Packaging  Suplliers, “no resistiría una pérdida de 180 millones en línea”. Sus créditos con la banca estaban al límite, uno de ellos en dólares y que le aumentó su saldo. Necesitaba de una reinvención. Siguió haciendo cuentas y volvió a endeudarse.

Si antes de la cuarentena, Watts  vendía 4 metros diarios de ‘strech’, y la demanda de cantidad subió a 10 metros, gritó:

–Paren. Vamos a hacer tapabocas –le dijo a su vendedor Álex.  

 

Una de las piezas hechas en la planta del Barrio Abajo para la máquina de tapabocas. Cortesía

Como ingeniero mecánico, con experiencia en el diseño de máquinas y relaciones comerciales con proveedores chinos, Jairo Watts armó un plan de reinvención. “Es como si estuviéramos en guerra. Me encerré en el taller y con lo que había empecé a rediseñar”.

Desarmó sus máquinas de la empresa y contactó a proveedores en China para orientarse sobre las máquinas y conocer cómo hacen los tapabocas.

Conoció que el precio supera los 95.000 dólares, que había inconvenientes para importarlas en menos de 120 días y sin incluir costos de asesoría. Siguió haciendo cuentas. Si entre Barranquilla, Santa Marta  y Cartagena hay más de 3 millones de habitantes, el uso de tapaboca requería de 25 a 30 máquinas para manufacturar más de 500.000 tapabocas diarios.

El Gobierno había dado vía libre para aquellas empresas que con sus iniciativas aportarán para atender los servicios de la pandemia tendría estímulos, y Watts se lanzó a crear. Con una ingeniería inversa diseñó una máquina para fabricar tapabocas.

La propuesta estaba basada en un programa básico que se encuentra en internet, por eso Watts reconoce que “no es una invención propia”. Salió al mercado a buscar piezas y encontró que no las había, que debía hacerlas y desde cero. Luego pasó a un rediseño para adaptarse al mercado.

“Con el aporte de dos talleres en la ciudad, con permisos especiales y disposición, proveedores electrónicos fuera de la ciudad, asesores que conocen de salud para cumplir los requisitos sanitarios, del material para hacer tapabocas como se exige, con su empaque, y nuestros trabajadores creamos la máquina que desde este miércoles producirá 300.000 tapabocas diarios. La máquina es de acero, material que se exige a la industria de alimentos. Una máquina que puede costar los 90 mil dólares”, dijo.

Ahora en el taller, donde continúa, el ensamble de la máquina para completar el proceso de la fabricación, Jairo Watts señaló que tiene pedido de Ecuador, de Medellín, de Bogotá, y hasta le han propuesto que venda la máquina.

Watts explicó que el proceso de manufactura evita que el material permanezca hasta su empaque sin manipulación, después del uso del tapaboca puede ser reciclado y que entrará al mercado compitiendo con precio.

“En estos momentos es cuando se sabe de qué estamos hechos. Haremos tapabocas, que tiene la tela strech con una capacidad de filtración como se exige, cambiaré mi actividad en la Cámara de Comercio, regalaremos tapabocas a vendedores informales, a clientes, exportaremos a Ecuador. Y todo ha sido posible gracias a Dios, a mis trabajadores”.

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