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El altercado por los presuntos insultos racistas del argentino Gianluca Prestianni hacia el brasileño Vinícius Júnior durante un partido de Liga de Campeones este martes abre un nuevo capítulo en la relación entre ambos países.

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Tras la celebración del gol que le dio la victoria al Real Madrid frente al Benfica, el atacante merengue se acercó al árbitro para denunciar que Prestianni le había dicho “mono”, por lo que el colegiado colocó sus brazos en cruz y activó el protocolo contra el racismo de la UEFA.

“Los racistas son, por encima de todo, cobardes”, afirmó en sus redes sociales el delantero de la selección brasileña, mientras que el jugador argentino negó las acusaciones y manifestó haber sido “malinterpretado”.

Por lo menos una vez al año durante competencias que involucran a equipos de la región, como la Copa Sudamericana y Libertadores, algún fanático es filmado personificando a un primate en dirección a un hincha brasileño.

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Como hizo la abogada argentina Agostina Páez en dirección a un camarero a la salida de un bar en Río de Janeiro, por lo que se encuentra detenida por injuria racial.

La joven, que se encontraba de viaje con sus amigas, negó en su declaración que el gesto haya sido con “intención discriminatoria”.

Este caso instó a especialistas y medios de comunicación del país vecino, que verano tras verano llena de turistas las playas brasileñas, a divulgar recomendaciones sobre qué evitar al viajar a Brasil.

“Qué saber antes de viajar a Brasil”

“El uso de términos despectivos” o de “gestos que imiten a animales son causas automáticas de arresto” y “no se necesita contacto físico; un gesto o una palabra bastan para iniciar la detención”, reza el periódico Primera Edición de la provincia de Mendoza en su manual preparado para turistas desprevenidos.

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Las radios y televisiones se llenaron de especialistas jurídicos alertando sobre los alcances de esta novedosa ley brasileña, sancionada en 2023.

En Brasil, donde el 55 % de la población se declara mulata o negra, la severidad contra el racismo nace de la propia Constitución de 1988, que lo define como un delito imprescriptible y que no admite fianza.

Pero el gran cambio ocurrió en 2023 con la sanción de la ley que equiparó en el Código Penal la injuria racial, es decir, los insultos dirigidos a una persona específica, al delito de racismo, para así dejar de considerarlo un crimen de menor potencial ofensivo.

Antes, ante un insulto racista, un agresor podía pagar una fianza y quedar libre en pocas horas; hoy, quien comete un acto de este tipo enfrenta una pena de dos a cinco años de prisión efectiva, más el pago de una multa.

Este endurecimiento legal no es casual, sino que forma parte de una política de Estado prioritaria para la actual gestión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que incluso instauró un Ministerio de Igualdad Racial para controlar este asunto y presionar por protocolos más estrictos en distintos ámbitos, como el deporte.

Los insultos racistas en el deporte, al alza

Aunque a raíz del caso de la abogada argentina las detenciones de turistas han ganado espacio en la prensa, los casos de racismo fuera del ámbito deportivo no alcanzan la escala de lo que ocurre en las canchas.

Según un estudio del Observatorio de Discriminación Racial en el Fútbol, este tipo de situaciones han mostrado un crecimiento alarmante en los últimos años.

En 2023, último año registrado en el informe, los incidentes racistas hacia jugadores, hinchas, árbitros y cuerpos técnicos en Brasil o en el marco de competiciones de la Conmebol aumentaron en un 40 % con respecto a 2022, y en un 112 % si se compara con 2021.

Y no solo se da en el fútbol masculino; en diciembre de 2024, durante el torneo amistoso femenino Brasil Ladies Cup, en São Paulo, lo que comenzó como un altercado en el partido entre River Plate y Grêmio terminó con la intervención de Cancillería argentina y con cuatro jugadoras del conjunto millonario detenidas.

Las futbolistas, que fueron filmadas realizando gestos de mono hacia un alcanzapelotas y jugadoras rivales, pasaron la Nochebuena y la Navidad cumpliendo prisión preventiva en un centro penitenciario y la organización del torneo expulsó a River Plate de la competencia por dos años.