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Guillermo León Celis Montiel volvió a Junior con una promesa íntima que no necesitó juramentos públicos. Regresó para saldar una deuda que llevaba años pesándole en la espalda y que el fútbol, caprichoso como pocos, le había negado una y otra vez.

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El jueves 10 de julio, a las 8:50 de la noche, el club anunció el retorno del hijo pródigo. Venía de Águilas Doradas, volvía a casa. En el video de presentación habló de raíces, de familia, de colores, pero cerró con una frase que sonó más a sentencia que a deseo: “En Junior solo sirve ser campeón”. A eso venía y el tiempo no solo le dio la razón, sino que —¡por fin!— lo premió.

En su primer ciclo como rojiblanco, Celis había disfrutado de grandes momentos, menos el más anhelado. Ganó una Copa Colombia —en 2015—, pero la Liga, la que da estrella, se le escapó tres veces, siempre con el mismo dolor punzante de quedar a un paso. Atlético Nacional lo dejó sin título en 2014-I y 2015-II, y el Medellín repitió la historia en 2016-I. Esas finales perdidas se convirtieron en una espina permanente, en un pendiente que parecía acompañarlo a donde fuera.

Este segundo semestre fue distinto. ‘El León del mediocampo’, como si su segundo nombre marcara el destino, asumió el rol de guía, de líder, de referente en el equipo de Alfredo Arias. A sus 32 años fue regular, firme, constante. Jugó 1.585 minutos en 23 partidos, 20 como titular, y se convirtió en uno de los hombres de confianza del técnico uruguayo. No fue el más vistoso ni el más ruidoso, pero sí uno de los más necesarios. El que se batió solo en esa primera línea, como si el destino del equipo pasara por la garra que le impregnara a su juego.

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Junto a José Enamorado —el otro jugador de mayor regularidad en el semestre— sostuvo el equilibrio de un equipo que entendió que el camino al título pasaba más por la humildad que por la soberbia.

En los cuadrangulares, cuando todo empezaba a alinearse, Celis habló con EL HERALDO de actitud, de no creerse más que nadie, de un grupo guerrero que había cambiado el chip.

“A nosotros no nos sobra nada. Si te has dado cuenta las veces que perdimos partidos pasó más por un tema actitudinal, que no entramos fuertes en los juegos. Yo creo que ese ha sido el cambio y la respuesta que ha tenido todo el grupo, que nosotros no podemos mirar por encima a nadie, porque no nos sobra nada. Tenemos un grupo de jugadores guerreros, humildes y de equipo”, afirmó.

Señaló la importancia de Teófilo Gutiérrez, no solo por lo que fue, sino por lo que irradiaba desde el banco. La figura que lo ganó todo y que, a los 40 años, seguía empujando a los demás a competir como si fuera la primera vez.

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“Tenemos una figura —Teófilo Gutiérrez— que lo ganó todo, que hoy no juega de entrada, pero está ahí con nosotros apoyándonos y ha sido fundamental para el cambio de chip. Teo es un tipo que es muy competitivo, un tipo que con su aura y su actitud te irradia eso de siempre querer ir por más. Por eso jugó donde jugó, hizo la carrera que hizo y por eso hoy tiene 40 años y sigue estando activo, que no es fácil, pero lo hace por esas mismas ganas de seguir compitiendo y seguir ganando. El simple hecho de que él esté ahí con nosotros, que se haya puesto a nuestra altura, nos hace sentir importantes a todos”, manifestó.

El destino, que tantas veces le cerró la puerta, esta vez lo premió. Junior alcanzó la undécima estrella y Celis, en medio del campo y de la celebración, dejó salir todo lo que llevaba guardado. Agradeció a Dios, a su familia, a Barranquilla, a la hinchada que empujó incluso en los momentos más difíciles. Reconoció que el semestre no fue fácil, que hubo altibajos, pero que la fe y la persistencia terminaron imponiéndose.

“Feliz, feliz, la gloria y la honra sean para Dios. Todo tiene su tiempo. Esta es una etapa muy bonita de mi carrera, una etapa muy bonita con mi familia. La verdad, estoy muy agradecido con Barranquilla. Esta es nuestra casa, nuestra tierra prometida. Esta —el título— era una deuda que yo tenía pendiente, algo que se lo había pedido muchísimo a Dios. Él sabe por todo lo que pasamos y lo que sufrimos, pero él es muy bueno, nos levantó y hoy nos tiene acá”, dijo.

“A la hinchada decirle muchas gracias. No fue un semestre fácil, pasamos por muchos momentos difíciles, muchos altibajos. La hinchada fue el ‘jugador 12’ en estas finales, la verdad nos empujaron, nos ayudaron muchísimo, y esto es para ellos. Estoy muy feliz de hacer parte de esta rica historia”, agregó.

Guillermo Celis, ‘el León rojiblanco’, por fin gritó campeón. Y lo consiguió no como una casualidad, sino como el cierre perfecto de una historia que necesitaba este final para quedar completa.