
Los que alcanzaron a ver jugar a Othon Alberto Dacunha cuentan que cada vez que tomaba la pelota por la punta derecha y encaraba al lateral adversario, el público que se apostaba en el estadio Romelio Martínez se ponía de pie porque sabía que se venía una oportunidad de gol para Junior.
Oto, como le dice todo el mundo en Barranquilla, acepta con exagerada modestia que así era. Pero también advierte que la narración de Édgar Perea le ayudó mucho para convertirse en ídolo de los aficionados junioristas ya que elogiaba su forma de juego.
'Yo tomaba la bola y Perea empezaba a decir: ‘dónde está la bolita, dónde está la bolita’. Eso ayudaba a levantar al público en el estadio. Todavía hoy me encuentro con Perea y me narra: ‘dónde está la bolita, dónde está la bolita’', afirma con su marcado ‘portuñol’.
Dacunha era un clásico puntero derecho de raya, de esos que escasean por esta época y cuya principal característica, era encarar al marcador rival, dejarlo regado en el camino con una finta o una gambeta, ganar el fondo y tirar el centro para el remate de un compañero. Dacunha hacía todo esto a la perfección. Inclusive, lo disfrutaba tanto que casi siempre invitaba con sus manos al marcador contrario para que intentara quitarle la pelota de los pies.
Al preguntársele si su estilo de jugar y de dejar jugadores contrarios regados a su paso era similar al de Garrincha, Dacunha responde con total humildad: 'ojalá hubiera sido la mitad de Garrincha, ese era un monstruo. Era un atrevimiento mío hacer todo el malabarismo que él hacía'.
Un amigo suyo, Eladio Andrade, quien es testigo del diálogo, entra en escena y hace una afirmación a manera de ilustración: 'Oto era más o menos lo que es hoy Robinho'.
Al hablar de Garrincha, el tono de voz de Dacunha se eleva. 'Mané era un espectáculo, un show dentro del terreno de juego. En el inicio de mi carrera jugué contra él. Yo en Flamengo y él en Botafogo. Después él llegó a Flamengo'.
Cuando Garrincha vino a Barranquilla a jugar con el Junior, Dacunha se convirtió en su guía. Después de los entrenamientos se lo llevaba para su casa o se iban caminando del Romelio Martínez al hotel Majestic.
Garrincha jugó un solo partido con Junior –ante Santa Fe, derrota 3-2-. Ese día, el 25 de agosto de 1968, Dacunha no estuvo en el campo, por decisión propia. 'El Marciano Miloc (técnico del Junior) me dijo que quería ponerme de marcador derecho porque Garrincha iba a jugar en su posición. Yo le dije que no, que dejara jugar a los colombianos, que se iban a poner felices de tener a Garrincha como compañero'.
Dacunha llegó al Junior en 1966. Marinho Rodríguez de Oliveira fue el técnico que fue a buscarlo cuando estaba jugando en Olaría, club al que arribó un año antes tras su paso por el Flamengo.
Además de Dacunha, Marinho se trajo al mundialista Dida, Othon Valentín, Ayrton Dos Santos, Escourinho, Roberto Do Amaral y Roberto Botejara.
De su paso por Junior, lo que más lamenta fue no haber podido quedar campeón como jugador. La vez que más cerca estuvo fue en 1970, pero el árbitro Omar Delgado le negó esa posibilidad al invalidar un gol de Armando Miranda ante el Deportivo Cali, en el Pascual Guerrero.
Dacunha relata que Delgado no solo se equivocó al anular el tanto de tiro libre de miranda, sino por validar el tanto del triunfo caleño de Abel Da Gracca, al asegurar que este fue con la mano. El Cali ganó 1-0 y se coronó campeón.
En el cuadro barranquillero actuó hasta 1974, cuando una lesión de ligamentos en su rodilla derecha le impidió seguir jugando. 'Ahí dejé la bolita (risas)', dice. Un año después se dio la llegada de José Varacka, con el cual se cambió de la escuela brasileña a la argentina, una decisión que él considera respetable porque no desconoce que de ese país también llegaron grandes jugadores como Juan Ramón Verón y Carlos Babington.
'Nosotros –los brasileños- nunca fuimos jugadores de estar molestando a los dirigentes, siempre los respetamos. Después empezaron a llegar los argentinos y los uruguayos. Yo nunca tuve problema con ellos, los problemas fueron entre ellos mismos, como el de Osvaldo Pérez y Julio Tocker'. Se refiere Dacunha a la correteada de Pérez al técnico Tocker con un machete por todo el Romelio Martínez.

Junior de 1967. Arriba: Arturo Segovia, Calixto Avena, Hermenegildo Segrera, Carlos Peña, Pedro Brugés y William Martínez. Abajo: Othon Alberto Dacunha, Dida, Pepe Romeiro, Quarentinha y Othon Valentín.
Al momento de hablar de los mejores jugadores del Junior no faltan los nombres de Víctor Ephanor, Dida o el Pibe Valderrama, pero Dacunha asegura que se comete una tremenda injusticia al olvidarse de uno que fue muy grande vistiendo los colores rojiblancos: Didí Alex Valderrama.
De los jugadores de su época dice que le impresionaba mucho el soledeño Arturo Segovia. 'Parecía brasileño', afirma. Y de aquellos que lo marcaron guarda un recuerdo especial del samario Pablo Emilio Huguett, con quien sostenía unos duelos a muerte.
'Huguett pegaba bastante, pero yo también sabía defenderme porque me enseñaron. No para pegar, sino para llevar el balón sobre un elemento al que le gusta pegar. Siempre que pegaba era falta y después se iba expulsado. Huguett me amenazaba y creía que yo le tenía miedo. Yo no le tenía miedo a nadie'.
Dacunha aún no se explica su salida del Junior como entrenador de las categorías menores. Considera que por su experiencia para corregir y enseñar tenía mucho que aportar todavía. 'Fuimos campeones de reservas y campeón del Torneo La Esperanza. Siempre me sentí orgulloso de pertenecer a la familia del Junior'.
Una de sus mejores experiencias en Junior fue haber sido asistente, junto al Papi Peña, de Dragan Miranovic, en 2003. 'Ese señor era un tremendo entrenador'.
Flamengo, su otro amor
En el Flamengo, el equipo más popular de Brasil, Dacunha estuvo entre 1958 y 1964. Recuerda que allí llegó a probarse con Carlos Alberto, el recordado lateral derecho capitán de la selección campeona del mundo en México 70.
Eran del mismo barrio, pero finalmente Carlos Alberto fichó para Fluminense. En Flamengo compartió con otras estrellas como Gerson, Dida, Joel, Moacir, Ayrton, Zagallo y Amarildo. 'Puras culebras mapanás (risas), unos ‘cracks’. A nosotros nos tocaba esperar'.
Por Manuel Ortega Ponce
Twitter: @manuelortega3


























