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A Saray Rebolledo nadie le regaló un camino claro. Ni siquiera parecía existir uno para una actriz negra del Caribe que soñara con hacer cine. Lo que hubo fue intuición. Una especie de necesidad interna que empezó a tomar forma cuando todavía estaba en el colegio y decidió entrar al grupo de teatro casi como un acto de rebeldía.

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Venía de una familia de profesores y en su casa el horizonte parecía apuntar hacia carreras más convencionales. “Recuerdo que en séptimo grado yo quería estudiar matemáticas”, cuenta entre risas. Pero algo empezó a moverse por dentro cuando apareció el teatro. Ahí descubrió otra manera de entenderse a sí misma.

“Fue una forma de descubrirme y también de salirme de las casillas de lo que querían que fuera”, dice. “A través del teatro y del poder de las artes entendí que actuar era un llamado”.

Desde entonces, el escenario y luego la cámara se convirtieron en un territorio para explorar identidades, emociones y posibilidades. “Meterme en otros cuerpos me hacía pensar en todas las posibilidades que yo también podía llegar a ser”, recuerda.

Graduada como maestra en Artes Dramáticas de la Universidad del Atlántico, Saray ha construido una carrera que se mueve entre el cine, el teatro y la televisión, mientras desarrolla procesos como directora de actores y tallerista.

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Pero el camino no ha sido sencillo. Mucho menos en una industria donde, según ella misma reconoce, las referencias para las mujeres negras siguen siendo escasas.

“No tenía referentes claros”, admite. “Y eso también habla de la representación. ¿Qué mujeres negras han tenido la oportunidad de hacer cine en Colombia? Deben existir muchas, pero el sistema hace que no las conectemos”.

Esa ausencia terminó convirtiéndose también en motor. Saray entendió pronto que su presencia frente a la cámara podía significar algo para otras personas que nunca se habían visto reflejadas en pantalla.

“Si alguien escucha esto y se inspira, ya eso es importante”, afirma.

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Abriéndose camino

Su carrera empezó a tomar forma desde el cine independiente, muchas veces sostenido únicamente por la pasión colectiva. Trabajó de todo para mantenerse mientras perseguía castings y rodajes. “Hice de todo lo que se te ocurra para poder mantenerme”, cuenta.

Uno de los proyectos que terminó marcando un antes y un después fue el cortometraje ‘Salsa’, dirigido por Antonina Kerguelen. Allí interpretó a Margarita, un personaje que le exigió aprender lengua de señas en tiempo récord para construir una relación creíble con una actriz sorda.

“Ese corto me enseñó que puedo hacer lo que sea si me lo propongo”, recuerda. “Ahí reafirmé que quería hacer cine”.

El proyecto terminó teniendo un recorrido internacional importante y obtuvo reconocimientos en festivales como Florianópolis y Primeiro Plano.

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Después llegaron otros trabajos fundamentales como ‘Llueve sobre Babel’, de la directora caleña Gala del Sol. Saray todavía recuerda el vértigo de aceptar ese rodaje mientras trabajaba de madrugada para sobrevivir.

“Terminé de trabajar a las tres de la mañana y al día siguiente viajé a grabar”, cuenta. “Yo no conocía a nadie y me había perdido una semana de ensayos”.

La película terminó llevándola a festivales internacionales y consolidó la sensación de que sí había un lugar posible para ella dentro del cine.

Algo similar ocurrió con ‘Flores del otro patio’, del director Jorge Cadena, donde interpretó a Teodora. El corto fue nominado a los Premios Macondo y tuvo una destacada circulación internacional.

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Saray habla de ese rodaje con especial cariño porque significó convivir con otras identidades y sensibilidades que ampliaron todavía más su mirada sobre el mundo.

“Aprendí muchísimo”, dice. “Me acogieron de una manera preciosa”.

Aunque el cine ha sido su gran pasión, la televisión también le abrió una puerta importante. Su personaje de Berenice en la novela Devuélveme la vida la acercó a un público mucho más amplio y, sobre todo, cambió la manera en que muchas personas de su entorno entendían lo que ella hacía.

“Mi papá siempre me apoyó, pero creo que no entendía muy bien todo esto hasta que salí en televisión”, cuenta entre risas.

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En paralelo, también ha empezado a explorar otros espacios creativos. Hizo un diplomado en dirección de actores y descubrió que le apasiona acompañar procesos interpretativos. Además, desde hace varios años desarrolla talleres y círculos femeninos basados en pedagogía teatral, percepción y autoconocimiento.

“Siempre he tenido un llamado hacia los círculos femeninos”, explica. “Me interesa generar espacios donde las mujeres puedan reconocerse”.

Actualmente trabaja en nuevos proyectos audiovisuales, entre ellos El día de la visita y Margaritas y mañanas. También sueña con crear una casa productora desde el Caribe para impulsar historias y talentos locales.

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“Hay demasiada gente poderosa y mágica aquí”, dice. “Quiero que exista una forma de hacer cine desde nuestros detalles”.

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