La palabra es la artillería de la política. Aunque algunos piensan, argumentan y cuestionan el pensamiento al revés diciendo que la política es la artillería de la palabra. Eso cuenta para quienes conciben al arte de hacer más viable lo posible como un escenario de batalla. Los acuerdos, los consensos, la unidad y la integración, muchas veces se vuelven una componenda que supera la noción clásica de burocracia: es la repartición del mal.
Si los términos pugna, lucha, enfrentamiento, conflicto, pelea, contienda, batalla, combate, rivalidad, enemistad, desafío, disputa y guerra hacen parte del discurso, entonces el voto se define implícitamente como el detonante de la riña, el alboroto, la pelotera, el altercado, la porfía, la camorra, el pleito, la gresca y otras voces de mayor calibre que hasta mencionan la flatulencia y la evacuación de desechos orgánicos. Claro, dichos como vulgarismos o bajo el amparo de la vulgaridad de moda en el momento de la trifulca.
Para el mal político hablar es una acción coloquial. Sus armas superan los convencionalismos, al emplear voces mal dichas, descontextualizadas o alejadas de la realidad. Para los pocos que escriben bien, es una herramienta discursiva diseñada para mostrar la habilidad o la incapacidad de proponer medidas eficaces superando los dramas de la comunidad. ¿Dónde están las soluciones? ¿Reducidas a promesas? ¿Conoces el plan? ¿El discurso es confrontativo y carente de ideas transformadoras? La emoción valora la razón. La inteligencia conecta con la mente e inspira a la pasión.
Si todo eso salpica al grupo que perteneces o al liderazgo que defiendes, diles que deben moderar para liderar. Persuadir, para convencer. Seducir para ganar. Y ante todo ser cordiales como prueba de su generosidad. Si se trata de la dirección de un equipo, en tiempos celebrados por la igualdad, entonces, el asunto es mucho más profundo que estético: Su voz es el timbre de su alma. ¿Lo valoran preferentemente los caballeros? ¿Lo estiman las damas? No es un asunto de género, se trata de lo que generó. El acento lo transforma todo. Como hablas, piensas, y así eres.
‘Votcétera’ son las demás cosas, argumentos, reflexiones, propuestas y acciones que no se mencionan pero que se dejan a la imaginación o la conclusión del interlocutor o receptor de los mensajes, por economía verbal o por ausencia de especificidad, en medio de las actividades propias de la democracia, principalmente en la época de las elecciones. Es la biometría del discurso. El iris de la visión política. El canto de la verdad.
Si el voto es subastado pierde la democracia. ¡Elige para ganar!
@JulioCesarHT


