El inmortal Sófocles siempre sabio escribió en “Antígona”, “Hemón”: “No respetas tu autoridad cuando conculcas las leyes”. Es lo que viene realizando la Presidencia de Colombia, o sea desconocer y proceder arbitrariamente contra las leyes legítimas que deben ser por el contrario el respaldo útil, lo más sagrado para conservar el orden y la equidad nacional. Lo estamos viviendo, sintiendo y padeciendo. La Presidencia a través de Decretos rompió el cauce legítimo de gobernar y ha creído que a través de la ignorancia de las leyes emitidas por el Congreso es que se puede gobernar. Es una obediencia Constitucional y sobre ello no hay reparo. Todos los intentos en las últimas semanas de gobernar por Decretos son inútiles pero demuestran una total ignorancia y una perversidad gubernamental peligrosa.
Afortunadamente tenemos una rama judicial de lujo. Todos los Decretos últimos del gobierno la justicia los ha detenido o declarados fallecidos. En todas las áreas: Salud, pensiones, economía, traslados a fondos que no pueden manejar recursos ajenos, todo ello buscando recursos, dinero, para invertir en las elecciones que es lo único que preocupa en la actualidad a este gobierno nefasto que tenemos. Pero ahí ha estado respondiendo presente a nuestra columna vertebral de protección jurídica: La Corte Constitucional, el fabuloso Concejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría General de la Nación, la Contraloría Nacional y afortunadamente hoy día la Fiscalía General de la Nación. Son las entidades que los colombianos le tenemos que decir “Gracias por protegernos”. Sin el amparo de nuestro lujo jurídico estaríamos al vaivén de un gobierno que desconoce la trascendencia de un Congreso que hace las Leyes, las fabrica, las desmenuza, las corrige, la discute y, procede a intentar gobernarnos con la firma de un papel que llama Decretos.
Después del mes de agosto se pierden las protecciones que la misma Ley dispone de protección para las autoridades máximas. No sabemos qué va a pasar porque creemos que habrá lluvia de señalamientos, acusaciones, demandas de toda clase para quienes hoy dirigen el país. Vamos a vernos inmersos en aguas turbias revueltas y avalanchas de señalamientos perturbadores. El daño que se ha logrado contra la institucionalidad de la república es muy grande, al país se le ha tratado como a un terreno baldío que no conserva ni límites ni seguridad jurídica. Esto no es una fiesta donde cada quien baila al son que le parezca. Somos una democracia y gracias al régimen jurídico que conservamos y defendemos con la Corte Constitucional a la cabeza podemos declarar que estamos protegidos. Los colombianos somos tolerantes pero no ignorantes.








