La cultura del individualismo sigue dominando las relaciones en todos los ámbitos. “Cada quien con su cada cual” me dijo hace unos días una señora que saludó dándole los buenos días a todos los que esperábamos en la entrada de un edificio, y yo ni le contesté. Solo la miré y le sonreí. Pero fui el único que por lo menos hizo algo. No quisiera imaginarme, si hubiese sido alguien pidiendo ayuda, limosna o algún tipo de atención por ofrecer un producto o servicio para vender. Peor, si fuese un fanático de un político repartiendo publicidad a desconocidos.
La generosidad parece ser una cualidad, habilidad o atributo de la personalidad escaso o virtuoso para el común denominador de la conducta recurrente: parece que se pasa del sálvese quien pueda, al hágalo como pueda. Y allí querer no es poder, porque al poder se le dejó de querer. Y no se le abandonó por evitar el privilegio, la jefatura o el control: se hizo porque ahora la gente se quiere menos.
Estamos perdiendo la cercanía. Todo parece lejano, aunque estemos a centímetros de distancia. Se habla más con quienes están detrás de una pantalla o en otro lado del mundo. Basta con observar en las grandes ciudades, al subirse en un ascensor, cruzarse con alguien en el camino, llegar a un lugar donde hay desconocidos o tropezarse con otros. Ya ni las miradas hablan. El saludo se vuelve algo entre íntimos y la cortesía es una excepcionalidad reservada para los favoritismos, aplicada por gente vista por los demás como rara.
¿Se puede medir el alcance de la visión compartida? ¿Cuál es la dimensión, anchura o profundidad de nuestra escala de valores? ¿Preferimos ser o valoramos el somos? El liderazgo inspirador fomenta la integración, potencia la interacción y premia la innovación. Esas tres íes tienen más que un punto. Adquieren mayores significados. ¿Saludas, aunque no conozcas a la gente? ¿No tienes tiempo para estar pendiente de los demás?
La ‘Societriz’ conforma el número de interacciones, encuentros, vínculos, conexiones y asociaciones acumuladas durante una escala de tiempo, favoreciendo el fortalecimiento de los valores compartidos, las tradiciones, el arraigo, la amistad o las expresiones de respeto y afecto por los demás miembros de una sociedad, grupo o comunidad. El indicador común de la consideración. La cifra soñada por la generosidad. La meta del ideal aplicado a la realidad. La fila esperada por tus aliados. La columna que premia al tiempo en tu espacio.
Para liderar se necesita inspirar, motivar, elegir y vincular. La compañía valora mucho la cercanía. Rodéate bien y prefiere a quienes toman la iniciativa. Esa es tu ‘Societriz’.
@JulioCesarHT








