A siete semanas de la primera vuelta presidencial, voy a hacer una afirmación basado en mis reflexiones y lecturas de Semana Santa. El principal problema de la democracia en Colombia es que nos cuesta aceptar la diversidad. Nos viene desde las peleas de Bolívar y Santander que destrozaron la Gran Colombia. Recordemos que los conservadores persiguieron y mataron liberales hasta que pactaron el Frente Nacional, pero terminaron implantando un bipartidismo excluyente. Para un cargo público había que tener el herraje godo o rojo.
La ausencia de diversidad democrática no es exclusiva de Colombia. La aversión a la diversidad surge de prejuicios raciales, clasistas, religiosos, sexuales e ideológicos, y genera agendas antagónicas. Justamente las tendencias autoritarias en las democracias aparecen porque lo más difícil de gobernar una sociedad es admitir la diversidad y respetarla.
Lo primero que debe suceder en Colombia es que la izquierda y la derecha asuman la moderación como un principio cardinal de la democracia, de modo que las controversias públicas no estén cargadas de excesos. En algún momento llegué a creer que un centro político electoralmente poderoso y símbolo de la moderación, podía cambiar el escenario democrático nacional. Infortunadamente, no ha sido así. En aras de una democracia madura, la izquierda y la derecha deberían lograr un acuerdo que permita que las disputas de poder y los enfrentamientos ideológicos se den en un marco que preserve la paz política. No lo veo como un anhelo quimérico. ¿Dónde está escrito en la teoría democrática que izquierda y derecha no pueden cohabitar y garantizar gobiernos que respeten la diversidad?
Cuando se habla de superar la polarización no se trata de que nos volvamos una sociedad uniforme donde solo quepa un punto de vista. Por eso no me suena democrático el gracioso estribillo: “Solo Petro y Cepeda en esta mondá”. No olvidemos que cierta derecha sanguinaria, aliada a paracos, narcos y militares, consideró que la Unión Patriótica no tenía derecho a existir y la exterminó.
Fukuyama dice: “Los seres humanos son muy buenos a la hora de dividirse en bandos para combatir unos con otros”. Es decir, la diversidad es inherente a la sociedad. Quien quiera que gobierne a Colombia, de izquierda o derecha, debe evitar que las pasiones desbordadas nos arrastren a una confrontación de arrasadoras consecuencias.
Otro acuerdo fundamental de izquierda y derecha debería ser no promover ni el estatismo populista ni el antiestatismo neoliberal y comprometer al Estado en el rol de liderar la construcción de un país rico con elevados estándares de bienestar.
@HoracioBrieva


