El escándalo provocado por Abelardo De la Espriella, al presumir del supuesto tamaño de su masculinidad ante una periodista, por lo cual tuvo que disculparse posteriormente con el argumento de que solo se trataba de una broma, me llevó a si el candidato que también se autoproclama “tigre” es un José Arcadio, hijo de José Arcadio Buendía, o un Pietro Crespi. Pues las características físicas de todo hombre definen mucho.
Según Cien años de soledad, la obra cimera del nobel de literatura Gabriel García Márquez, José Arcadio era “un hombre descomunal”. “Sus espaldas cuadradas apenas si cabían por las puertas”. Rebeca, su hermana de crianza, cuando lo vio “sucumbió al primer impacto”. De hecho, lo comparó enseguida con Pietro Crespi, el novio con quien finalmente no se casó por preferir a José Arcadio. “La tarde en que lo vio pasar frente a su dormitorio pensó que Pietro Crespi era un currutaco de alfeñique junto a aquel protomacho cuya respiración volcánica se percibía en toda la casa”.
Rebeca Buendía, como se sabe, terminó en los brazos de José Arcadio, y el día que la poseyó literalmente “la descuartizó como a un pajarito”. Por supuesto, “antes de perder la conciencia en el placer inconcebible”, Rebeca alcanzó “a dar gracias a Dios por haber nacido”.
No cabe duda de que el mundo machista de Macondo queda muy bien fotografiado, al igual que la salida impropia de Abelardo, en la escena donde José Arcadio, en el fragor de una fiesta, coloca sobre un “mostrador su masculinidad inverosímil, enteramente tatuada con una maraña azul y roja de letreros en varios idiomas”. José Arcadio le había “dado sesenta y cinco veces la vuelta al mundo” desde que se fue de Macondo. ¿Y de qué había vivido? De “eso”: de su masculinidad. Pilar Ternera fue la primera mujer que supo que tenía ese potencial la vez que lo tocó y exclamó: “Qué bárbaro”.
Mi asombro cuando vi lo de Abelardo es que él creyera que “eso” también podía ayudarlo a ganar el voto femenino para alcanzar la presidencia de la República. José Arcadio exponía su masculinidad para con ella ganarse la vida con las mujeres, y hasta rifas aceptaban para llevárselo a la cama. Abelardo, obviamente, fue más sutil que José Arcadio, menos explícito digamos. José Arcadio empleaba sus atributos para obtener dinero de las mujeres y Abelardo creyó que en su caso era para seducir el voto presidencial femenino.
Pero, algo es evidente: Abelardo no tiene la corpulencia, ni la poderosa fuerza física de José Arcadio. De baja estatura y magro, diría que más se acerca al italiano Pietro Crespi, cuya nacionalidad comparte e incluso es “escrupuloso en el vestir” como este.
@HoracioBrieva







