A pesar de que cuando se publican resultados de las encuestas se suscitan reacciones diversas, algunas descalificadoras y negativas de los más fervientes y emotivos seguidores, cuando no favorecen a sus candidatos preferidos, la realidad nos reafirma frecuentemente que éstas son una herramienta muy necesaria en las campañas electorales para elegir al presidente de la República u otros cargos de elección popular.
Las encuestas nos transmiten mensajes o señales que en la práctica son una efectiva retroalimentación que ayuda a conocer lo que piensan o sienten los posibles electores, permitiendo comprender mejor las tendencias de las preferencias de la población, lo que su vez facilita a los candidatos y sus respectivos equipos de campaña hacer los ajustes pertinentes a sus estrategias electorales. Por supuesto que también proveen información a los electores que les permite confirmar o reevaluar sus decisiones en las urnas.
En general los datos más esperados de las encuestas son los porcentajes de la intención de voto de los ciudadanos por los candidatos. Frente a la primera vuelta, en los últimos meses el candidato de la Izquierda, Iván Cepeda, se ha mantenido adelante con una ventaja de alrededor de 14 puntos porcentuales, seguido por Abelardo de la Espriella y por Paloma Valencia, quien ha crecido su potencial electoral desde que ganó la consulta interpartidista del 8 de marzo en la que participó.
Sin embargo, en la más reciente encuesta de Guarumo hay un dato muy significativo, una señal que no es positiva para el candidato de la Izquierda, y en contrate si lo es bastante, y además muy esperanzadora, para los candidatos de la derecha y centro-derecha que le compiten: el 37.2% de los encuestados manifestaron que nunca votarían por Iván Cepeda; mientras que el 22% manifestó que no lo harían por Abelardo De la Espriella y solo el 14.7% nunca lo harían por Paloma. Siguen otros candidatos con porcentajes irrelevantes.
Aquí el mensaje es que las probabilidades de crecer en la intención de voto del candidato de la Izquierda es muchísimo menor que el que claramente tienen sus contendores. Aunque hay que ser realistas frente al inminente paso a la segunda vuelta de Cepeda, en la que la competencia se volverá más reñida.
En ese contexto la estrategia debe ser mantener el firme y positivo trabajo proselitista, promoviendo las fortalezas y propuestas de Paloma y Abelardo. Al final, en la segunda vuelta, votaremos masivamente para el triunfo del que pase de los dos.
X @AELopezP


