Bicentenario: ¿Y dónde está la Región Caribe?

Historiadores y otros intelectuales costeños sostienen, a propósito de la celebración del “Bicentenario” por parte del Gobierno, que estamos ante una nueva manifestación de una Historia centralista que ignora el papel fundamental que jugó el Caribe en la Independencia.

Historiadores y otros intelectuales costeños sostienen, a propósito de la celebración del “Bicentenario” por parte del Gobierno, que estamos ante una nueva manifestación de una Historia centralista que ignora el papel fundamental que jugó el Caribe en la Independencia.

De las 21 celebraciones programadas por el Gobierno nacional para conmemorar el Bicentenario, hay cinco en Boyacá, cuatro en Bogotá, tres en Cundinamarca y dos en Santander, entre otras, y una sola en el Caribe, en San Andrés.

La conmemoración viene además con una inversión de $3,6 billones en obras de alto impacto, que bajo el nombre de Pacto Bicentenario incluye la construcción de siete corredores viales para conectar los departamentos de Arauca, Casanare, Boyacá, Santander y Cundinamarca, “que hicieron parte de la Ruta Libertadora”.

Esta identificación de los acontecimientos que rodearon la Batalla de Boyacá con la Independencia no ha caído nada bien entre historiadores y otros intelectuales del Caribe. Para ellos, la Independencia solo puede explicarse como resultado de un largo y complejo proceso, en el que lugares como Cartagena, Ciénaga, Mompox y Atlántico jugaron un papel clave. Aducen además que la Independencia definitiva solo se produjo el 10 de octubre de 1821, cuando los últimos españoles abandonaron Cartagena tras una guerra cruenta.

A juicio de los historiadores, esta ausencia del Caribe en la programación del Bicentenario se emparenta con una discusión más profunda, relacionada con una construcción histórica centralista. Su argumento es que las fiestas nacionales del 20 de julio de 1810 y el 7 de agosto de 1819 fueron instituidas desde el centro del país, a pesar de que la primera no consistió en una declaración de independencia absoluta (a diferencia de las de Mompox el 6 de agosto de 1810 y la de Cartagena el 11 de noviembre de 1811) y la segunda no significó la derrota definitiva sobre los españoles, que seguían dominando la Costa caribe. 

“Visión andina”

El reconocido historiador cartagenero Alfonso Múnera, una de las autoridades del país en la materia, considera que la celebración este año del “Bicentenario” es “un reflejo de lo que ha sido la concepción centralista de la historia del país”.

Dice en todo caso que no ha visto en el Gobienro “un mayor interés para hacer una celebración de impacto nacional, más allá de las declaraciones retóricas, y que el programa de inversiones en la Ruta del Libertador anunciado por el presidente Duque es una muestra de una vieja concepción “andina” de la Independencia.

Según Múnera, en 1819 no se produjo la independencia de todo el territorio, sino de parte de él, y que el “último gran acto” fue el del 10 de octubre de 1821, cuando los españoles se rindieron y se marcharon de Cartagena.

"Más muertos"

De acuerdo con el analista económico Rodolfo Zambrano, “este es el bicentenario de la Batalla de Boyacá, que es la de independencia simplemente de Cundinamarca, Boyacá y Los Llanos, y con ocasión de eso se levantaron $3 billones, pero ahí no vino la Independencia, porque por ejemplo Cartagena puso más muertos”.

Añadió por ello que si van a haber inversiones “Bolívar no puede estar excluido, porque además Mompox fue tan importante como El Socorro, Santander, y la Independencia se dio cuando el virrey huyó con la Real Audiencia y lo que quedaba del Ejército a Cartagena”.

“Hasta 1921”

Entre tanto, el economista y sociólogo Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte, opina que la fecha importante para el Caribe es 1821 y que hay que resaltar que el país no quedó en libertad total hasta ese año.

“El hecho grande para el Caribe fue en 1821, cuando partieron los últimos soldados en octubre, cuando el general Mariano Montilla sitió a Cartagena y los españoles se rindieron y se retiraron hacia La Habana”, dijo. Y agregó: “Lo que hay es que enfatizar es que el país no quedó libre sino hasta 1821 en el Caribe colombiano y lo que hay que hacer es que seguir celebrando y conmemorando hasta 1821”.

Primeros libros

Jorge Villalón, profesor de la Universidad del Norte y miembro de la Academia de Historiadores de Barranquilla, advierte que “se habla del 20 de julio de 1810 como la fecha de Independencia, porque los primeros libros de historia se hicieron en Bogotá. Y el 20 de julio lo que conmemoramos es el comienzo del proceso que iba a conducir a la Independencia, pero todavía no se les ocurría separarse”.

Pone de presente al respecto que, en realidad, “a quien primero se le ocurrió fue a Cartagena en 1811. La independencia de Bogotá habría tenido lugar el 7 de agosto de 1819. Sin embargo, la independencia absoluta, como se le conoce al periodo en el que los españoles salieron del país, se dio el 10 de octubre de 1821 en Cartagena”.

Villalón agrega que “está bien que estas celebraciones se hagan en Bogotá y Boyacá, aunque el próximo año deben conmemorarse los 200 años de vida republicana de Barranquilla. Y en 2021, en Cartagena, el Bicentenario de la Independencia absoluta”. 

Óleo que recoge la firma del Acta de Independencia en Santafé de Bogotá, 20 de julio de 1810. El acto fue organizado por notables miembros intelectuales y políticos criollos bogotanos, y la declaración mantenía la lealtad al Rey de España.
Óleo que recoge la firma del Acta de Independencia en Santafé de Bogotá, 20 de julio de 1810. El acto fue organizado por notables miembros intelectuales y políticos criollos bogotanos, y la declaración mantenía la lealtad al Rey de España.

“Imposición”

El historiador y catedrático de la Universidad de Cartagena Javier Ortiz Cassiani señala que estas celebraciones, tanto del 20 de julio de 1810 como del 7 de agosto de 1819, “son conmemoraciones que de alguna manera están fundamentadas en la imposición de una fecha construida desde el centro del país”.

Sostiene que “las dinámicas históricas hablan de que hay otras fechas consideradas incluso más importantes, como el 11 de noviembre de 1811, por ejemplo, que es cuando se habla de independencia absoluta, mientras que el 20 de julio de 1810 lo que hay es un apoyo al rey que está preso por los franceses”.

Califica como una “paradoja” el hecho de que los actos del Bicentenario “estén circunscritos básicamente al centro del país, y aparecen el Chocó y San Andrés, pero me parece que es un juego de ese centralismo demagógico”.

Por lo que, concluye, “la conmemoración de la Independencia tendría que ser menos mezquina, más incluyente y más abierta a la geografía nacional, y el gran sacrificado en todo esto es el Caribe”.

“Independencias”

El historiador y docente de la Universidad del Atlántico Alejandro Blanco Zúñiga opina que no se debería hablar de Independencia sino de Independencias, ya que “no hubo una independencia nacional, dado que se firmaron actas en diferentes zonas del país”.

Considera en este sentido que “las batallas del centro del país opacaron los procesos sociales que se estaban dando en las periferias” y agrega: “Ha primado el centralismo y se deja de lado lo que ocurría en la periferia”.

Señala el historiador que, incluso antes que Cartagena, Mompox ya había declarado la independencia de los monarcas españoles: “A diferencia de Cartagena, Mompox sí se declara libre el 6 de agosto de 1810. Después tuvo un enfrentamiento con Cartagena. Sin embargo, esta se declara libre el siguiente año, en 1811”.

A diferencia de Cartagena, Mompox sí se declara libre el 6 de agosto de 1810

El factor naval

El historiador magdalenense Jorge Elías Caro pone de presente el caso de Santa Marta, donde había una población mayoritaria de comerciantes y hacendados que defendía al rey de España.

“El Caribe, además, jugó un papel decisivo en la lucha porque tenía los puertos, lo naval. Por aquí entraban los pertrechos militares, las provisiones, para abastecer las tropas e impedir además que las otras lo hicieran. Y estaba la lucha permanente entre Cartagena y Santa Marta por defender una causa, patriota para el caso de Cartagena y realista para el de Santa Marta”, explicó.

Recuerda Caro que además de Cartagena y Atlántico, Ciénaga y Santa Marta también soportaron al ejército español después de 1819, y lugares como Sucre, Córdoba y Valledupar siempre persiguieron independizarse.

“Ciénaga fue fundamental porque el 10 de noviembre de 1820 es escenario de una sangrienta batalla. Luego luchan en Santa Marta el 25 de noviembre de 1820, porque en esta ciudad había comerciantes y hacendados que eran proclives a la monarquía. Cartagena, Ciénaga, Tamalameque, Valledupar, Sucre y Córdoba, lo que es el actual Bolívar, siempre buscaron la independencia”, dijo.

“Ciudad decisiva” 

Zarita Abello, directora del Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo, coincide en que “Cartagena fue una ciudad decisiva para todo lo que pasó, posteriormente, en el país. Santa Marta lo fue en menos proporciones, pero también tuvo mucha importancia.  Así como  Mompox también cumple un papel fundamental en la historia de la Independencia”.

Abello hizo en este sentido un llamado a los historiadores y al Gobierno a no excluir del guion oficial el papel de estas ciudades de la Costa. “Con el Bicentenario se está repitiendo lo que se ha dicho muchas veces: no se tiene en cuenta a la Costa. Son igual de importantes Cartagena, Santa Marta y Mompox como las ciudades del interior que tuvieron que ver con el Bicentenario”, afirmó.

De esta manera, el marco de la conmemoración de los 200 años de la Batalla de Boyacá y los acontecimientos que la rodearon  –principalmente, la entrada victoriosa de Simón Bolívar en Santafé de Bogotá tres días más tarde– ponen sobre la mesa otra batalla. La que vienen dando desde el Caribe historiadores, intelectuales, escritores y economistas: la reivindicación de fechas, hechos y hazañas que ocurrieron en la región y que tienen igual, o incluso mayor, importancia que los hitos de los días patrios ya instituidos desde el centro del país.

Una batalla que no es nueva, pero que se ha reanimado a raíz de la decisión del Gobierno de celebrar el “Bicentenario” asociando la Independencia con unos hechos donde no ‘jugó’ el Caribe.

El día que el general Tomás Cipriano de Mosquera rehusó celebrar el 20 de julio

Era 1841. El alcalde de Coromoto, Santander, le envió una invitación al general Tomás Cipriano de Mosquera para que asistiera a la celebración del 20 de julio en esta población.

Mosquera, quien tuvo un papel fundamental en las guerras por la Independencia y en la política de mediados del siglo XIX (fue cuatro veces presidente de la República), se caracterizaba por su “desafío al poder central y a las élites de Bogotá”.

En el artículo ‘El día de la Independencia en Colombia. La exclusión de los hechos históricos de la Región Caribe‘, los historiadores Raúl Román y Vanessa Niño  cuentan que, el 13 de enero, desde San Gil, Mosquera respondió al alcalde de Coromoto con una carta en la que quedó patente su desagrado por esta fecha de conmemoración. 

“Señor Jefe municipal. En contestación a su atenta carta debo decirle a usted que jamás, ni como magistrado ni como particular, he reconocido como efemérides nacional el acto que tuvo lugar en Bogotá el 20 de julio de 1810”.

Y explicaba así sus motivos: “Si debe celebrarse como efemérides memorable el primer pronunciamiento revolucionario que se hizo en el antiguo Reino de Granada, correspondería al que tuvo lugar en Quito en 1809. Pero forzados a contraernos a lo que hoy es territorio de Colombia (sic), debería celebrarse el 22 de mayo de 1810 en que tuvo lugar la deposición del gobernador de Cartagena, brigadier Montes, y el establecimiento de un gobierno provisorio en aquella plaza fuerte que tuvo gran influencia política en todo el Virreinato y fue secundado en Pamplona el 4 de julio de 1810”. 

Se refería Mosquera a unos acontecimientos políticos que sucedieron en Cartagena, donde el Cabildo cambió la forma de gobierno para garantizar una mayor autonomía y abrió el camino para que otras provincias copiaran su pionera iniciativa.

Y concluía su misiva de la siguiente manera: “Toca, jefe municipal, a los hombres públicos que vivimos y que pertenecemos a los fundadores de la República, rectificar los hechos de los que hemos sido testigos, para que no se adultere la historia”.

Mosquera no era costeño (nació en Boyacá en 1798 y murió en el Cauca en 1878), pero ya subrayaba el papel de nuestra región en la Independencia. 

No fue la única personalidad que cuestionó los intentos por consagrar el 20 de julio como el día de la Independencia nacional.

Román y Niño citan también en su artículo a Miguel Antonio Caro, “uno de los conservadores más distinguidos de la segunda mitad del siglo XIX y quien cuestionó que la fecha del 20 de julio se decretara como día de la Independencia del país por parte del gobierno liberal”.

En 1872, un año antes que se aprobara la ley que declaraba el mencionado día como fiesta nacional, Caro, quien sería después presidente de la República, publicó en el periódico ‘El Tradicionista’ un artículo en que explicaba su posición. Sin desconocer la importancia del 20 de julio, sostuvo que no hubo en aquellos acontecimientos protagonizados por el cabildo de Santafé muestra alguna de una vocación independentista. 

“Tal fue el importante movimiento de 1810, movimiento grandioso y fecundísimo pero constitucional y monárquico, no republicano ni de independencia. Legalizóse, y ratificáronse sus principios por la constitución monárquica de 1811, cuyo imperio se extendió hasta el 16 de julio de 1813. Entonces, solo entonces, se declaró la independencia propiamente dicha”.

Caro –quien posteriormente fue vicepresidente en el periodo presidencial del cartagenero Rafael Núñez y, después, presidente– precisó en el artículo: “El 20 de julio no es un aniversario de Independencia, porque entonces no se proclamó independencia, ni del nacimiento de la República porque la forma monárquica subsistió hasta 1813”. 

La pelea que hizo que un presidente nombrara en su gabinete a dos costeños

El 20 de julio como día de la Independencia nacional siguió suscitando inconformidades en la Costa Caribe, particularmente en Cartagena. En 1910, cuando se iba a celebrar el primer centenario, intelectuales y autoridades del departamento de Bolívar se resistieron con vehemencia a aceptar los acontecimientos ocurridos en Bogotá como exclusivos precursores de la Independencia de Colombia.

Estos cartageneros alegaban que la primera independencia inequívoca de Colombia había ocurrido en su ciudad el 11 de noviembre de 1811, cuando las autoridades de la época desconocieron al rey de España Fernando VII y se declararon libres, soberanos e independientes, a diferencia de los cabildantes santafereños, que en su declaración del 20 de julio de 1810 reafirmaron su lealtad al monarca español. En realidad, los cartageneros pecaban también de ‘centralismo’, pues la primera declaración de independencia había tenido lugar en Mompox el 6 de agosto de 1810 

Varios factores se mezclaron y fueron agitando el clima de rechazo a una celebración que consideraban centralista, mientras sectores políticos reclamaban la autonomía administrativa de Cartagena, Las advertencias separatistas de la Costa fueron tomando popularidad en la prensa. El ambiente de rechazo de los cartageneros a la celebración del primer centenario del 20 de Julio alcanzó tal intensidad que el presidente de la época, Carlos E. Restrepo, se vio obligado a negociar con las élites de esta ciudad. 

Dentro de la negociación quedó pactado el nombramiento de los cartageneros Simón Araujo y Jerónimo Martínez Aycardi en el gabinete ministerial. 

Pero el ascenso de dos costeños al poder central fue solo una parte de la negociación. Restrepo, quien era antioqueño, sancionó la Ley N° 57 del 29 de septiembre de 1910, emitida por la Asamblea Nacional de Colombia, que declaraba “fiesta nacional el 11 de noviembre de 1911, primer centenario de la proclamación de la independencia absoluta de la Madre Patria”. 

La ley tenía tres artículos. La ley autorizaba al Gobierno para que “dictara las medidas necesarias para que entidades y corporaciones pudieran participar de las festividades en Cartagena”. Y concedía “la suma de 30 mil pesos al departamento de Bolívar por parte del Tesoro Nacional, para que la República contribuya a solemnizar aquella fiesta de la patria”. 

Aunque la ley solo erigía en fiesta nacional la celebración del primer centenario, Cartagena mantuvo la tradición y se convirtió en una de las localidades pioneras en defender su día de independencia. Con posteridad se fueron realizando otras celebraciones de centenarios de transcendencia local en distintos puntos de Colombia. 

Pero la región andina seguía con la intención de consolidar una fecha nacional que reivindicara la unión nacional que se veía resquebrajada y débil, sobre todo tras la separación de Panamá. 

“Se vieron en la obligación de centralizar la representación fundacional de la república colombiana; de ahí que se inventaran la celebración del Centenario del 7 de agosto de 1819 como aquella fecha en que se dio la Independencia definitiva”, según los académicos Román y Niño.

Barranquilla, la primera que usó el nombre Colombia

El historiador Jorge Villalón relata que cuando el español Pablo Morillo empezó en 1815 a avanzar con sus tropas, antes que se produjera la invasión en Barranquilla, enviaron una carta a las autoridades de esta ciudad –que había sido erigida en Villa en 1813– y de Soledad para que se rindieran. 

Sin embargo, los soledeños y barranquilleros se unieron y respondieron la carta, revelando una fuerte resistencia frente a los españoles, pese a que estos tenían una apabullante superioridad militar. La carta la escribieron el 23 de abril de 1815 y la firmaron así: Barranquilla de Colombia, quinto de nuestra República.

“O sea, la palabra Colombia, según los datos que se han conocido, aparece por primera vez el 23 de abril de 1815 en una carta de los patriotas barranquilleros y soledeños de negarse a entregar la plaza”.

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