El Heraldo
En el barrio El Prado se han habilitado espacios gastronómicos para todos los gustos.
Barranquilla

El Prado se revitaliza con la gastronomía

Este tradicional sector de Barranquilla es un ícono del progreso y la modernidad de la ciudad y del país. En sus calles y edificaciones se manifiesta la cultura en sus diversas dimensiones.

El barrio El Prado de Barranquilla no solo cuenta con viviendas de diferentes “lenguajes arquitectónicos” con influencias islámicas, neoclásicas y mudéjar, entre otras, sino también con una variada oferta gastronómica y cultural para el disfrute de propios y visitantes.

Este tradicional sector es un ícono del progreso y la modernidad de la ciudad y del país. En sus calles y edificaciones se manifiesta la cultura en sus diversas dimensiones, que forjaron desde principios del siglo XX la identidad de los barranquilleros, de origen o adopción.

En opinión de Marcela Cuéllar, decana de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Atlántico, la aparición de diversos lenguajes arquitectónicos, que se ven hoy día en las casas, obedeció a la llegada de distintas tendencias mundiales para posteriormente combinarse y dar paso a nuevos espacios en la capital del Atlántico.

“Hoy El Prado es más que un espacio urbano, es un ícono de la memoria y la identidad de los barranquilleros, sus calles, sus casas y su estilo de vida, son únicos en un paisaje urbano y arquitectónico que combina la sencillez del trazado de las vías con el desborde de las formas de las edificaciones, que se suma a la naturaleza presente y a la combinación de usos que hacen que hoy El Prado esté vivo y dinámico en la Barranquilla pujante del siglo XIX”, expuso Cuéllar.

Gastronomía. Diferentes lugares de interés se concentran en este barrio por la carga histórica y el movimiento comercial que se produce en el mismo. Para el caso de los restaurantes, poco a poco El Prado se ha convertido en el epicentro de la comida típica. En el sector también se puede disfrutar de una amplia variedad gastronómica, hay restaurantes en los que se encuentra comida china, italiana, mexicana, árabe y libanesa, entre otros.

Kathy López, jefe de la Oficina de Turismo del Distrito, sostiene que el barrio El Prado y sus vecinos Bellavista y Altos del Prado conforman un sector de interés cultural que ofrece una variedad gastronómica de cocinas tradicionales de inmigrantes y cocinas del Caribe colombiano.

Asegura que se puede encontrar un circuito culinario diverso de restaurantes reconocidos con trayectoria de muchos años y otros en ascenso en el mercado gastronómico.

“La influencia de inmigrantes no solo se ve reflejado en la arquitectura del sector, sino también en la oferta de entretenimiento y cocinas de influencia Caribe, árabe, italiana, asiática, mediterránea, entre otras”, explica.

Johnny Caballero Fontalvo, chef del Hotel El Prado y quien desde hace 18 años se dedica a la gastronomía, sostiene que un turista que visite la zona –y particularmente este hotel ícono de la ciudad–, puede encontrar diferentes ambientes, desde el pool bar donde pueden disfrutar de la coctelería y gastronomía de la Región Caribe, hasta restaurantes con pizzería, entre otros.

Samuel Padilla, decano del departamento de Arquitectura y Diseño de la Universidad de la Costa, asegura que el barrio El Prado es una amalgama de situaciones urbanas, pues no solo está el valor arquitectónico o la historia de la formación de la ciudad de principios del siglo XX, sino que también hay un espacio urbano caminable, una gran vegetación, manifestaciones culturales, entre otras.

“Algunos patios se han empezado a convertir en restaurantes de alta cocina, ha empezado una nueva oferta cultural en el barrio y ese es un proceso de revitalización que empieza a ponerse fuerte con nuevas funciones y nuevos usos, ya no es solo el residencial o el institucional, sino que  empieza a activarse una vida nocturna alrededor de la gastronomía o de algunos espacios culturales o artísticos”, explica Padilla.

Destaca que esta nueva dinámica será contundente para la ciudad. Incluso, para la comunidad, el barrio El Prado se ha vuelto un epicentro para el disfrute de los barranquilleros y quienes lo visitan.

“Esto es un sector para conocer y degustar su variada gastronomía”, dijo Daniel Cortés, una persona que transitaba por el sector.

Cultura. En opinión de Marcela Cuéllar, el barrio El Prado ha sido como un nodo cultural en el que hay museos y teatros tales como La Perla, de la Universidad Simón Bolívar, y Bellas Artes, de la Universidad del Atlántico.

“Aquí (Bellas Artes) se han formado músicos, artistas, gente de teatro. Aquí la gente disfrutaba de los conciertos, de las obras de teatro y de arte en la galería. En estos momentos estamos haciendo un esfuerzo para que vuelva a ser eso que fue tan importante”, dice.

En la zona también está el Museo Romántico, que aunque sus puertas están cerradas, se constituye en un lugar que ofrece secciones con objetos que remiten a la historia local, regional y nacional, así como colecciones de ciencia y tecnología, arte y etnografía. Con unas 12.000 piezas que se pueden visitar en forma independiente.

También hay casas o asociaciones culturales, así como centros de danzas y de pintura.

“El barrio El Prado es la memoria de una sociedad intelectual que fue la que fundó el barrio y este sigue con la misma vocación, apuntándole a fortalecer esos nuevos usos”, dice Jairo López, presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos regional Atlántico.

López también considera que barrio El Prado se ha convertido en una ruta gastronómica casi que exclusiva de las terrazas.

“ Hay mucha comida árabe combinada con típica de la región. Tiene edificaciones hermosas que llaman la atención del extranjero”, asegura.

Destaca que cuando este sector de la ciudad nació prácticamente se construyó una ciudad dentro de la ciudad y que el concepto residencial era con referentes estéticos acordes con el modernismo de Estados Unidos y Europa, con espacio para escuelas, iglesias, clínicas y club deportivo.

El arquitecto indica que  El Prado es uno de los barrios característicos trazado urbanísticamente con una exactitud de un modelo homogéneo.

“Lo único heterogéneo en el barrio El Prado son la diversidad de mansiones con diferentes estilos porque sus dueños traían los estilos del extranjero. Esa diversidad de estilo es lo que le da riqueza al barrio, pero lo que si es homogéneo es el concepto urbanístico de sus zonas verdes y sus bulevares”, sostiene.

Sandra Monsalve, una mujer que transitaba por la zona, dijo que al caminar por el barrio El Prado se puede disfrutar de sus árboles nativos, de las aves, de las casas patrimoniales, ver teatro, conocer el arte, la cultura y la historia de Barranquilla.

Luis Hernández, otro transeúnte, asegura que este sector tiene mucha importancia en la historia de la ciudad, lo que se ve reflejado en las antiguas y grandes casonas de estilo republicano rodeadas de bonitos jardines que engalanan esta parte de la ciudad.

Este año, El Prado cumple 100 años. Con la fundación Compañía Urbanizadora de El Prado se dio inicio a la puesta en marcha de ideas innovadoras en la planeación y construcción de ciudad. Más que un nuevo barrio se desarrolló una nueva forma de vivir, liderada por Karl C. Parrish.

Esta nueva forma de vida se dio en un momento muy importante para la ciudad, la década de los veinte del siglo XX, pues la ciudad estaba en pleno auge económico, que se reflejaba en la gran actividad de su puerto. 

La urbanización ofrecía una vida innovadora, con avances en los que se puede mencionar la posibilidad de seleccionar el terreno, planificar, diseñar y construir las casas  sobre planos, cosa que jamás había ocurrido en el país.  Además, cada unidad tenía servicios públicos, revolucionario también, porque hasta el momento la electricidad y el acueducto no llegaban hasta las casas.

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