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La salud ambiental de Barranquilla está grave', dice un adulto mayor que camina a paso cansino y con sombrilla azul empuñada por la carrera 55 con calle 52. Su comentario de mediodía no es fortuito, lo lanza mientras observa fijamente a dos jóvenes universitarios que capturan con sus cámaras fotográficas una imagen desalentadora ante sus ojos. Almendros enfermos y robles muertos le restan vitalidad a la vegetación del sector.

Este panorama se repite en varias zonas de la capital atlanticense. Simón Bolívar, Las Palmas, Los Andes, San Felipe, Los Nogales y El Prado son algunos de los barrios donde los ciudadanos pueden hallar plantas de matarratón, neem, mango, limón y caraqueño afectadas. El presente muestra a algunas de estas especies con su frondosidad reducida a la mínima expresión.

Sin especificar el número exacto de individuos vegetales afectados, un informe de Barranquilla Verde, la nueva entidad ambiental del Distrito, apunta que 'entre el 8% y el 12% de los árboles se encuentran con estructura totalmente necrosada (muerta)'. El último estudio que se conoce data de 2011. En el se dijo que existen 3.600 árboles en 28 parques de la ciudad.

La entidad ambiental del Distrito asegura que eso es consecuencia de factores como ataques de plantas parásitas, enfermedades no parasitarias, deficiencias nutricionales y estrés hídrico, debido a las 'sequías prolongadas' que han afectado a la Región Caribe recientemente.

Dos robles morados muertos, en la calle 52 con carrera 55.

Enfermedades o muertes

Una ilustración más detallada la comparte William Peña, uno de los miembros más experimentados de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Atlántico (Asiadela). Asegura que entre los factores que pueden provocar la muerte de los árboles sobresalen la invasión de plantas parásitas, el comején y las podas antitécnicas.

EL HERALDO hizo un recorrido en compañía del experto para verificar el estado de las plantas arbóreas y las afectaciones a las que están sometidas. En su opinión, uno de los tramos donde más se refleja el desgaste vegetal se concentra en los alrededores de la estación Once de Noviembre del Cuerpo de Bomberos de Barranquilla, cerca de las universidades CUC y Simón Bolívar.

Después de analizar una hilera de robles necrosados, el especialista sostiene que eran árboles relativamente 'jóvenes', de entre 10 y 15 años. En ese sentido, precisa que el promedio de vida de estos, mientras están saludables, ronda los 70 años y su sombra puede reducir la sensación térmica hasta en 3 grados centígrados.

Advierte, asimismo, que uno de los principales elementos de riesgo está basado en la posibilidad de fracturarse y caer sobre un vehículo o una persona, algo que podría ocasionar una emergencia si no se toman a tiempo las medidas pertinentes.

Algunos de los ejemplos más evidentes de especies vegetales momificadas se hallan en el bulevar de la carrera 58 con calle 75, carrera 47 entre 74 y 75, carrera 22 con calle 50, carrera 27 con calle 63B, entre otros. Son apenas un puñado de las zonas por donde los barranquilleros transitan y se topan con la opacidad de troncos, tallos, ramas y hojas sin vida o en el camino de la desaparición.

De acuerdo con el especialista, la ‘pajarita’ es la principal causa de muerte de las especies vegetales. Explica que la planta 'engaña al árbol hospedero' pues para realizar la fotosíntesis, las estomas de las hojas deben estar abiertas. 'La planta parásita nunca cierra sus estomas y el árbol siempre le traslada savia no elaborada y es una forma de envolverlo', anota el agrónomo mientras apunta con su índice derecho hacia un roble morado momificado.

Adicionalmente, indica que transcurren aproximadamente entre ocho y doce meses -dependiendo del crecimiento del árbol- para que la planta parásita mate al individuo vegetal después de penetrar su estructura.

Insectos enemigos

La ‘pajarita’, sin embargo, no es la única que altera el bienestar de los árboles. Otros enemigos silenciosos son los insectos. Los isópteros -también conocidos como termitas o comején- se alimentan de la celulosa contenida en las especies vegetales que tienden a atacar masivamente.

'El hecho de que haya varias reinas en una colonia, como son ellas las que ponen huevos, acaban con los árboles. Sin embargo, lo hacen en menor escala', precisa el agrónomo, antes de señalar que el comején es 'uno de los insectos más dañinos que pueden existir', aunque su efecto mortal puede tardar hasta cuatro años.

Fernando Avendaño, expresidente de Asiadela, manifiesta al respecto que el tema de los isópteros es mucho más complejo en Barranquilla porque hay presencia de dos especies: arbóreo y subterráneo. Esto -añade- implica realizar 'seguimientos constantes' a los árboles afectados para mitigar el daño ocasionado por los insectos.

'Muchos de ellos son notorios cuando vemos que en las partes aéreas de la planta se forman colonias que se enclaustran en el área de los tallos para perforarlos. Apenas llegan a su cilindro central, la planta no puede transportar los alimentos y deja de haber circulación a nivel de los tejidos de xilema y floema', explica el agrónomo.

Avendaño detalla que las hormigas y los insectos minadores (larvas de insectos que viven dentro del tejido de las hojas) también 'son dañinos', aunque en menor escala. 'Como los carcomas, los minadores son difíciles de controlar', comentó. El experto argumenta que estos 'se protegen de los pulverizadores insecticidas y las defensas de las plantas alimentándose dentro del tejido de las propias hojas, comiendo selectivamente sólo las capas que tienen la menor cantidad de celulosa'.

Podas y curaciones

El cuidado y mantenimiento también juegan un papel preponderante en la preservación de los árboles. En ese sentido, el ingeniero Peña advierte que las podas 'antitécnicas' desestabilizan al individuo vegetal. 'Se necesita una poda técnica y armoniosa. Quien la haga debe reunir los conocimientos necesarios para evitar que pierdan su savia', dice el experto, quien recalca que un mal procedimiento podría perjudicar la especie.

En relación con las acciones curativas, Avendaño cuenta que es clave identificar la presencia de la planta parásita, con la intención de comenzar oportunamente la poda técnica para tratar de eliminar la plaga sin causar daño a la planta afectada. Después, es necesario arrancar un plan de fertilización e hidratación.

Si el daño es por comején -describe- 'lo importante es eliminar las cacotas y hacer una fumigación general del árbol a nivel foliar y radicular, mediante el uso de plaguicidas que tengan características gaseosas'.

La ‘pajarita’ provocó la muerte de este árbol sembrado en el bulevar de la carrera 22 con calle 50.

Opciones de solución

Peña y Avendaño coinciden en llamar la atención de las autoridades ambientales, debido a la importancia de contrarrestar la situación y buscar alternativas para mitigar el impacto suscitado. 'Es conveniente que asuman un compromiso para poner freno al problema', declaran los agrónomos.

Frente a lo expuesto por los ingenieros, Barranquilla Verde respondió que 'existe un programa de recuperación vegetal', el cual permitirá 'aumentar la producción de oxígeno y absorber en promedio por árbol unos 20 kilogramos de CO2 (dióxido de carbono)', lo que minimizaría el impacto del efecto invernadero.

Por otra parte, el ente ambiental informó que el retiro de árboles con estructura necrosada 'requiere la intervención de personal especializado como el de la empresa de energía eléctrica por comprometerse líneas de alta tensión, además del personal de Bomberos por la altura de los mismos'.

La entidad también aludió al Plan de Desarrollo 2016-2019 ‘Barranquilla Capital de Vida’, que comprende la estrategia ‘Conviviendo con el medio ambiente’. A través de esta, el Distrito proyecta la siembra de 250.000 árboles durante la presente administración.

La ‘pajarita’ sigue siendo la principal causa de enfermedades

Sobre la evolución de la planta, Peña detalla que la situación se origina desde el momento en que los pájaros migratorios ingieren el fruto producido por la destructora especie vegetal. La semilla se aloja en su tracto digestivo y, al defecarla, se fracciona y saca un haustorio (hongo parásito que penetra el tejido del anfitrión, pero permanece fuera de la membrana de la célula huésped) para adherirse al árbol.

Después de invadirlo, su ataque prosigue succionando el xilema (tejido vegetal formado por células muertas, rígidas y lignificadas que conducen la savia y sostienen la planta). 'Lo que hace es enrollar el árbol y pasar de una etapa a otra', dijo Peña, precisando que son cinco.

La primera corresponde a la penetración. En esta, el árbol adopta la semilla como una rama propia y la alberga. Luego, se convierte en un bejuco y enrolla a la especie hospedante; se conoce como fijación y es la segunda etapa del proceso. La siguiente es fortificación, en la que las hojas empiezan a mostrar un verde intenso gracias a los nutrientes que absorbe.

Cuando el individuo presenta un follaje frondoso, está en la cuarta etapa, la de floración. La última –fructificación- es en la que la flor se transforma en un fruto que pasa de verde a amarillo y luego a rojo. Este último color es el que apetece a los pájaros migratorios, que lo consumen y se encargan de reiniciar el ciclo.