En los días previos a la Semana Santa, el ritmo de algunas calles de Barranquilla cambia. No se trata solo del aumento del tráfico o del movimiento habitual de la ciudad, sino de un flujo distinto: personas que buscan imágenes, libros, rosarios y objetos cargados de un marcado significado espiritual para vivir uno de los tiempos más importantes del calendario católico.
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Las vitrinas comienzan a llenarse de símbolos. Crucifijos, estampas, sirios, biblias y figuras religiosas ocupan cada espacio disponible, mientras los clientes entran con una intención clara. No es tan solo comprar. Es, en muchos casos, un acto de fe.

Con la llegada de la Semana Mayor, el comercio religioso se dinamiza. Las ventas aumentan y los establecimientos especializados se convierten en puntos clave donde convergen tradición, espiritualidad y economía. Desde pequeñas tiendas hasta librerías y negocios de arte sacro experimentan un repunte que confirma que la fe también tiene un impacto directo en la actividad comercial.
En la librería San Pablo de Barranquilla, por ejemplo, el comportamiento de los compradores cambia notablemente en esta época.
Rocío Redondo, administradora del establecimiento, lo explica desde la experiencia que a diario tienen en este local.
“Es un tiempo de recogimiento, de acercarse más a Dios. Por eso la Biblia es lo principal”, señaló la mujer, al tiempo que destaca que durante estos días aumenta la demanda de textos religiosos y materiales de apoyo para la vivencia de la Semana Santa.
Entre los artículos más solicitados se encuentran las Biblias, los misales diarios conocidos como ‘Pan de la Palabra’ y los viacrucis en diferentes formatos, que acompañan a los fieles en las celebraciones litúrgicas.
La dinámica o se limita a la lectura o a la reflexión personal. También abarca la preparación de templos y espacios de culto, donde cada elemento cumple una función específica dentro de las ceremonias.
Mientras caminaba entre los estantes de la tienda Encuentro de Arte Religioso, el comerciante Faber Restrepo explicó que en esta temporada se incrementa la búsqueda de productos relacionados con la liturgia.
“Los productos que no pueden faltar son los sirios, las imágenes del resucitado, la Virgen Dolorosa, las cruces y todo lo necesario para la celebración de la Semana Santa”, comentó.
A esto se suma la demanda de ornamentos y piezas especializadas utilizadas en iglesias, así como servicios de restauración de elementos religiosos que vuelven a relucir durante estas fechas.
En este segmento, los precios son variables. Pueden encontrarse artículos desde los 5 mil pesos hasta piezas de mayor valor que alcanzan cifras elevadas, dependiendo de su tamaño, elaboración o nivel artístico.
Este movimiento comercial evidencia una cadena que va más allá de la venta directa. Incluye producción, restauración, distribución y un conocimiento profundo de las tradiciones religiosas que se mantienen vigentes año tras año.
Sin embargo, en medio de ese flujo económico, el componente espiritual sigue siendo el eje central: “Es un tiempo para vivir la fe, no para distraerse. Es importante acompañar todo el proceso de la Semana Santa”, agregó Redondo, insistiendo en el sentido de recogimiento que caracteriza estos días.
La visión de emprendedores
Ese mismo espíritu se percibe en emprendimientos más recientes, donde la fe y el trabajo se entrelazan de manera directa. Es el caso de Lisseth Torrez Núñez, fundadora de Variedades Religiosas Nuestra Señora de Fátima, quien ha construido su negocio a partir de una historia personal marcada por la perseverancia.
Su proyecto nació en 2017 en Cartagena, se transformó durante la pandemia y tomó fuerza en Barranquilla, primero desde lo digital y luego con un espacio físico que hoy empieza a consolidarse.
“Semana Santa para mí es un reto, pero también una bendición”, contó, mientras organiza cuidadosamente los productos que ofrece en su local.
En su tienda, cada artículo responde a una necesidad espiritual concreta. Libros de acompañamiento para la Cuaresma y la Semana Mayor, novenas, imágenes religiosas y rosarios forman parte de una oferta que busca conectar con los fieles desde lo simbólico y lo práctico.
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Uno de los elementos que más llama la atención es el rosario de los 33 credos, utilizado durante el Jueves Santo en el recorrido por las iglesias.

“Representa los 33 años que Jesús vivió en la tierra. Las personas lo buscan mucho en esta época”, explicó.
A esto se suman productos como las botellas para agua bendita, diseñadas con distintas imágenes de las advocaciones de la Virgen María, consolidándose como una alternativa práctica y significativos para los creyentes.
“Es algo sencillo, pero útil. La persona lleva el agua bendita y al mismo tiempo la imagen de la Virgen”, añadió.
Los precios en su tienda oscilan entre los $10 mil y los 180 mil pesos, incluyendo piezas elaboradas a mano como rosarios, manillas y elementos personalizados, que reflejan un trabajo artesanal y detallado.
Más allá de las ventas, su discurso mantiene un enfoque claro: la invitación a vivir la Semana Santa con sentido.
“Es un tiempo para acercarse a Dios, para vivir cada día desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección”, agregó.
Es un conjunto; estas voces muestran una realidad que se repite cada año: la Semana Santa no solo moviliza creencias, también activa economías, fortalece oficios y mantiene vivas las tradiciones que siguen teniendo un lugar importante en la vida cotidiana de la ciudad.
En Barranquilla, la fe no solo se celebra en los templos. También se refleja en cada vitrina, en cada objeto y en cada historia que encuentra en esta temporada una oportunidad para crecer, sostenerse y, sobre todo, conectar con lo esencial.
A este movimiento también se suman los clientes que llegan con necesidades muy específicas, ya sea para cumplir una tradición familiar o para participar activamente en las celebraciones religiosas. Algunos buscan elementos para el hogar, como imágenes o bendiciones, mientras otros se preparan para recorridos como el de las siete iglesias o para acompañar las liturgias en sus comunidades.

En muchos casos, estos objetos terminan teniendo un valor que trasciende lo simbólico. Se convierten en herramientas de conexión espiritual, pero también en recuerdos que se conservan en el tiempo. Un rosario, una biblia o incluso una vela encendida durante estos días pueden marcar un momento personal, una tradición que se repite año tras año dentro de las familias.
Los sectores beneficiados con esta temporada
El centro de pensamiento económico Anif referenció recientemente que la Semana Santa no solo es una importante actividad cultural y religiosa, sino también un dinamizador de la actividad económica. En ese sentido, los sectores más beneficiados en la Semana Mayor serán el turismo, comercio, alojamiento, transporte y la gastronomía.



















