Un juego de sombras tras el telón del teatro Amira De la Rosa le dio inicio a la presentación del circo Farouche, de Francia, y a su obra denominada 'Blast'. En ella las narices rojas que suelen relacionarse a los espectáculos circenses convencionales le dieron paso a la contemporaneidad del juego de luz y las proporciones del cuerpo humano.
La elasticidad la puso a prueba una 'performance' de acrobacias a la que le siguió un acto de cuerda floja que mantuvo en vilo al aforo, que no se guardó sus aplausos en ninguna escena.

Cada acto parecía mejor que el anterior, pues el nivel de dificultad y adrenalina aumentaba, al mismo ritmo que la euforia del público.

Una banda sonora perfectamente sincronizada con cada puesta en escena de los franceses narraba historias de amor y desafío a la gravedad, como la que contaron un par de artistas que vivieron su romance subidos a un tubo de aproximadamente 10 metros de alto, que lo subían y bajaban con una fluidez que parecía de mentira.

El público despidió al circo Farouche de pie y con un aplauso que prolongaron hasta cansarse chicos y adultos.


