Sociedad

La creatividad para replantearse en pandemia salvó sus talleres de ropa

Judy Hazbún, Rafael Ballestas y Joseph Porras son diseñadores de Carnaval que coinciden en la capacidad de adaptación de la moda a nuevos escenarios.

Desde el día en que inició el confinamiento en Colombia (25 de marzo de 2020), la diseñadora de alta costura Judy Hazbún cerró su empresa. Mientras tanto, Rafael Ballestas y Joseph Porras, también creadores de moda, se mantuvieron expectantes.

Los tres coincidieron en que los talleres de ropa que para esta época se encontraban repletos de gente comprando y alquilando sus prendas de Carnaval, se estrellarían con la cruda realidad: la ausencia de clientes presenciales. Este  sería el resultado que les traería la pandemia.

Judy, Rafael y Joseph son sólo un tridente de los miles de colombianos que se vieron afectados por los estragos de la covid-19. Si bien gozan de buena salud, el coronavirus les dejó numerables pérdidas y un bajón en su producción que trajo consigo una crisis económica durante los meses de cuarentena, de los que apenas se están reponiendo.

Un día debieron replantear sus negocios y hallar alternativas que les permitieran mantener a flote lo que durante años han venido construyendo. Todos recurrieron a lo mismo: hacer de la creatividad su herramienta principal para seguir creando prendas de vestir y vivir de ello.

Judy Hazbún, diseñadora de alta costura de Carnaval, muestra sus más recientes creaciones. Johnny Olivares
Judy y su reinvención

“Cerré mi casa y tocó replantear lo que tenía. Yo soy como todos los colombianos que vivimos del día a día, no tenía reservas para este tipo de situaciones y estoy cambiando toda mi forma de trabajar, pero para eso recurro a la creatividad que es mi herramienta número uno y es lo que me ha permitido reinventarme hasta ahora, y voy bien”, expresó Hazbún para EL HERALDO.

Son 38 años de labores con los que Judy ha venido forjando la credibilidad de su nombre plasmado en atuendos exclusivos, que quieren reflejar sensación de versatilidad, energía, jovialidad y bienestar, porque para la diseñadora barranquillera “vestirse es alimentarse también”; por eso, aunque pertenezca a la época del “lápiz y la libreta”, aprendió a adaptarse a la virtualidad y vender a través de redes sociales.

“La virtualidad para mí era un tema tan lejano y yo no tenía ni computador. A mí todo eso me lo hacía mi equipo y llegó el momento en que me tocó hacerlo a mí, entonces eso ha sido de las cosas que más trabajo me ha costado”, afirmó la diseñadora.

Joseph Porras, diseñador soledeño. Johnny Olivares
Vendía almuerzos y hayacas

A 15 kilómetros de distancia de la barranquillera, está el soledeño Joseph Porras, de 28 años, quien desde pequeño hace parte activa del Carnaval y ocho años atrás empezó a vestir con sus diseños a las reinas intermunicipales, comparsas y grupos folclóricos. El cambio, para él, también fue rotundo. Pese a ser joven, sus ventas y alquileres no se manejaban desde plataformas virtuales, sino de manera presencial, por lo que, al igual que Judy, distaba de la tecnología en su negocio.

“El Carnaval para mí es vida, es tradición, pero más que eso es la fuente de ingresos de mi familia, ya que de eso vivimos, trabajamos todos en eso. En la sala de nuestra casa es común ver un vestido carnavalero, no somos la familia común que solo sale a carnavalear. Aquí estamos los 365 días haciendo vestidos, trabajando para colegios y escuelas del Atlántico y demás”, indicó el diseñador.

Joseph se reinventó también de formas distintas a lo que normalmente hacía. Pasó de hacer ropa carnavalera a buscar otras alternativas como la venta de almuerzos y hayacas, pero con el pasar de los meses se dio cuenta de que podía replantear su negocio de otra manera.

“Para muchos fue muy difícil hacerlo, a otros les dio pena. Joseph es un pelao trabajador, pasamos a hacer almuerzos y hayacas, después nos hicimos una gran reinvención con blusas y en estos momentos eso es lo que se está moviendo, es lo que se está haciendo y en diciembre fue un hit. Le vendimos a boutiques, a gente del común, amigos y logramos vender más de 5.000 blusas. Seguimos en pie de lucha”, puntualizó el joven soledeño.

Rafael Ballestas, diseñador barranquillero en su taller de ropa. Johnny Olivares
La covid le dejó secuelas

Entre tanto, Rafael Ballestas, que lleva 25 años inmerso en el mundo de la moda, considera que este ha sido su peor momento  a nivel económico y pasó de un 100% a 20% de productividad.

“A partir de marzo del año pasado las cosas cambiaron, como pocos diseñadores me he mantenido aquí en mi lugar porque me he puesto a hacer pijamas, batolas, ropa para estar en casa, deportiva y lo último que me puse a hacer fue uniformes antifluido.Pero la verdad ha sido un año muy regular en el cual hemos subsistido por pura misericordia de Dios”, aseguró el barranquillero.

Además, se contagió de covid-19 y quedó con secuelas, cosa que le ha dificultado realizar su trabajo. “A mí me dio coronavirus en octubre, duré un mes encerrado, me fui de casa de mis padres para no infectarlos, duré unos días con síntomas leves y después con fiebre. He quedado con dolencias en los dedos y en los pies. Yo que trabajo con mis manos no he podido realizar las cosas en un 100%”, añadió.

Johnny Olivares
Ropa con ADN de nuestro folclor

El hecho de que el Carnaval se realice desde la virtualidad es de beneficio para algunos hacedores e integrantes que hacen parte activa de esta fiesta. Judy, Rafael y Joseph hablan sobre su percepción de la fiesta que se transformó y de qué forma incide en ellos.

“Yo creo que es un cambio al que no vamos a acostumbrar por el momento, porque el Carnaval es vernos, tocarnos, sentarse en el bordillo, y la gente no va a comprar la ropa para carnavalear en su casa”, dijo Judy Hazbún.

“Sin embargo, hemos vendido desde nuestro Instagram prendas de Carnaval a personas de otras ciudades y lo que me da tranquilidad es que esta es una colección creada para ponérsela cualquier día del año con ADN de nuestro folclor”, agregó.

En cambio, Joseph Porras no ha visto ningún beneficio propio en el Carnaval virtual.

“Actualmente, muchos grupos han desistido de mandar a hacer vestidos, las reinas ya no están llegando, también estamos trabajando en la confección de un solo grupo, en años anteriores nuestra casa estaba llena de muchas modistas, ya solamente tengo una trabajando. Es muy triste y lamentable decirlo, nos tocó prescindir de mucha gente”, expresó.

 Y aunque cada uno de los diseñadores de las carnestolendas tiene una situación única, mantienen la esperanza de que el Carnaval 2022 vendrá con más fuerza y, aunque la pandemia los tumbó económicamente, han descubierto nuevas formas de hacer negocio por coincidir en la habilidad de ser creativos.

“La creatividad ahora mismo es una herramienta, es lo único que te va a permitir salir a adelante, porque el creativo no le tiene miedo al cambio y siempre se arriesga”, finalizó Judy Hazbún.

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