Compartir:

Para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, EL HERALDO presenta cuatro historias de liderazgo femenino en el Caribe colombiano, protagonizadas por mujeres que desde distintos campos están transformando sus comunidades.

Entre ellas están Diana Bravo, creadora de la Fundación Hilos del Alma; Cindy Pacheco, quien impulsa Fiesta de Estrellas, para celebrar los cumpleaños de niños vulnerables; Sixta Tulia Benítez, fundadora de Amegacol y promotora del emprendimiento gastronómico femenino; y la escritora Viviana Vanegas, creadora del colectivo literario Brurráfalos.

Diana rompe el molde

Jesús Rueda

Diana Bravo se define como una mujer sencilla, colombiana y madre de tres hijos. Nació en Ginebra, Valle del Cauca, pero desde hace más de 13 años vive en Barranquilla, ciudad que la recibió como su propio hogar. Es abogada de la Universidad Santiago de Cali y durante muchos años trabajó en la Fiscalía General de la Nación, donde ocupó diferentes cargos.

“Arranqué como investigadora en Buga y luego fui fiscal en varias ciudades como Cali y Florencia. Con el tiempo me nombraron directora de Fiscalía del Tolima”, expresó.-

Ser una de las funcionarias más jóvenes en ese cargo representó un reto importante. “Cuando te encasillan por la juventud en un cargo tan importante tienes que demostrar de qué estás hecha y generar credibilidad”.

Con el tiempo decidió trasladarse a la costa Caribe para empezar una nueva etapa personal.

“Quería iniciar una nueva vida y sentar raíces en la costa. Cuando llegué a Barranquilla decidí quedarme”.

Además de su carrera profesional, Diana siempre ha sentido un fuerte compromiso social. “Mis padres me enseñaron que uno siempre debe dar la mano a quien lo necesita. Cuando alguien se siente solo, lo importante es decirle: no estás solo”.

Ese deseo de ayudar tomó forma durante la pandemia, cuando creó la Fundación Hilos del Alma, inspirada en las historias que escuchó durante años en su trabajo.“Escuché muchas historias de mujeres que vivían violencia o no tenían oportunidades. Eso me hizo pensar en cómo ayudarlas”, indicó.

En ese mismo periodo Diana vivió uno de los momentos más difíciles de su vida tras enfermar gravemente de covid-19. “Casi me mata. Fue muy duro. Yo solo le pedía a Dios poder volver a abrazar a mis hijos”.

Bravo también reflexionó sobre la forma en que se ayuda a los demás. Aunque reconoce el valor de la caridad, sentía que quería aportar algo más que ayudas materiales. “Yo puedo llegar a una iglesia y llevar mercados, y eso está bien. Pero sentía que algo me faltaba. Yo quería ayudar también con conocimiento y orientación”.

Ese pensamiento la llevó a recordar su propia infancia. Creció en un barrio de clase media donde muchas veces tuvo que pasar tiempo sola mientras sus padres trabajaban.

“Mucho tiempo estuve sola, no porque mis padres quisieran, sino porque estaban trabajando. Yo era una niña muy vulnerable en la calle”.

Uno de los primeros ejercicios que hizo fue tratar de entender cómo funcionan las rutas de atención para personas que viven situaciones de violencia o abuso.

Esa experiencia la llevó a pensar en una forma más directa de acompañar a quienes necesitan ayuda.

“Si una persona habla conmigo y yo no tengo el conocimiento exacto, busco a alguien que sí lo tenga y armamos una red para darle la ruta correcta”.

Ese sistema funciona con el apoyo de voluntarios y contactos profesionales que pueden orientar en diferentes temas.

La primera vez que sintió que ese esfuerzo daba resultado fue cuando logró ayudar a una persona. “Cuando pude ayudar a una sola persona me sentí tan plena que dije: por aquí es”.

Hoy la fundación trabaja de la mano con líderes sociales para identificar las principales necesidades de las comunidades.

Entre ellas aparecen problemas como la falta de alimentos, jóvenes sin acceso a educación o mujeres que viven situaciones de violencia. A partir de ese diagnóstico, Diana busca alianzas con otras organizaciones e instituciones.

En uno de los proyectos, por ejemplo, logró articular un proceso de formación con el Sena para jóvenes y mujeres de comunidades vulnerables.

En definitiva, es una mujer que rompe el molde, tal como se titula su primer libro, en el que reflexiona sobre las experiencias y emociones que viven muchas mujeres en su día a día. A través de sus páginas, invita a pensar en lo que sienten, piensan y enfrenta el género en una sociedad que, muchas veces, sigue estando marcada por dinámicas donde predomina la mirada masculina.

“No es un libro feminista porque busco la participación de todos porque hay un mundo que nos necesita unidos, estableciendo un pensamiento crítico y acciones equitativas.

Viviana Vanegas, la bacterióloga que encontró su voz en la escritura

Cortesía

Durante muchos años, Viviana Vanegas Fernández trabajó en laboratorios, dedicada a la bacteriología. Era una profesión que parecía escrita para ella desde joven. Sin embargo, con el tiempo, la escritura comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en su vida.

Su camino profesional estuvo muy marcado por su entorno familiar. “Mi mamá es bacterióloga y en mi casa había un laboratorio clínico, así que estudiar eso era lo que se esperaba”. El verdadero acercamiento con la literatura llegó cuando entró a un taller de escritura creativa. En su libro Todas las mujeres que llevo adentro aparecen muchas voces femeninas que dialogan entre sí.

“En ese libro están las mujeres que han estado conmigo y también diferentes partes de mí”. Hay historias de mujeres que me duelen porque sufrieron de violencia e injusticia”.

También creó el colectivo artístico Brurráfalos, un espacio donde comparten textos, ideas y proyectos literarios desde hace 16 años. “Aquí luchamos para que las voces sean escuchadas”.

Cindy Pacheco les lleva una fiesta de estrellas a los niños más necesitados

Cortesía

El 7 de marzo de 2021 cambió la vida de Cindy Pacheco. Ese día perdió a su hijo Gabriel cuando tenía cuatro meses de embarazo. Lo que parecía un momento de profundo dolor terminó convirtiéndose, con el tiempo, en el inicio de una misión que hoy busca llevar alegría a niños que muchas veces crecen en medio de dificultades.

“En un momento muy difícil de mi vida él se convirtió en luz, se convirtió en estrella. Bebé estrella es un término lleno de ternura que se usa para referirse a un bebé que ha fallecido antes de nacer”.

Después de esa pérdida, su forma de ver a los niños cambió. Mi corazón se partía cada vez que veía en las noticias que un niño era abandonado”. Así nació una fundación que se dedica a organizar celebraciones de cumpleaños para niños que viven en hogares de paso, fundaciones o espacios donde reciben cuidado y protección, llamada Fiesta de Estrellas. “Cada fiesta que organizamos es una manera de decirle a cada niño: –Estás aquí, tu vida importa, tú importas–”.

Sixta Benítez, impulsora de mujeres en la gastronomía del Atlántico con ‘Amegacol’

Cortesía

Lo que comenzó con un mensaje de WhatsApp terminó convirtiéndose en un proyecto que hoy reúne a mujeres emprendedoras de la gastronomía en el Atlántico. Detrás de esta iniciativa está Sixta Tulia Benítez Paternina, fundadora de Amegacol, la Asociación de Mujeres Empresarias de la Gastronomía Colombiana. Sixta es profesional en Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras y especialista en Gestión de la Calidad. Durante 17 años trabajó como funcionaria pública, pero con el tiempo decidió enfocarse en el emprendimiento y en apoyar a otras mujeres.

“Hace 19 años fui bautizada en el Evangelio, una decisión que cambió y transformó mi vida. Hoy en día tengo mi emprendimiento La Vid Gourmet, Cocina Oculta y Catering, desde donde impulsa proyectos gastronómicos y procesos asociativos. “Ese mensaje me permitió ganar una convocatoria y hoy puedo ayudar a muchas mujeres a emprender con lo que mejor saben hacer en la cocina”.