Barranquilla volvió a vestirse de tradición. Este fin de semana, la ciudad abre el corazón de su Carnaval para rendirle homenaje a las danzas, comparsas y a todos esos grupos que, con años de trabajo y amor por la fiesta, han hecho posible que esta celebración sea reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El arranque no pudo ser más especial. Este viernes regresó el Semillero del Carnaval de los Niños, un espacio que estuvo ausente durante cinco años y que hoy vuelve con fuerza para consolidarse dentro del Fin de Semana de la Tradición, que se vive desde hoy hasta el domingo en la Plaza de la Paz.

Desde este escenario emblemático, más de 160 grupos infantiles se toman la tarima para demostrar que el Carnaval tiene futuro. Son niños y niñas que bailan con disciplina, pero sobre todo con alegría, asegurando que la fiesta siga viva generación tras generación.
A las 10:30 de la mañana, el sonido del primer tambor marcó el inicio del evento. Bajo el sol y con sombrillas en mano, familias completas llegaron para acompañar y aplaudir el talento de los más pequeños.
El primer grupo en presentarse fue Inspiración en la Danza de Paloteo de Barranquilla, que abrió la jornada con una puesta en escena organizada y llena de ritmo. Al ser una danza de relación, contaron con cinco minutos para su presentación, mientras que los demás grupos tuvieron cuatro minutos para mostrar lo mejor de su tradición.
Luego, el escenario se llenó de sonrisas con el Semillero de Son de Negro de Santa Lucía. Pintados de negro, con labios rojos y una picardía que conquistó al público, los niños llevaron a la Plaza de la Paz toda la esencia de una danza que mezcla burla, sabor y herencia afrocaribeña.

Tras las primeras presentaciones, el público fue testigo de un recorrido por distintos ritmos y territorios que confirman la riqueza cultural del Carnaval y de los municipios que lo rodean.
La Fundación Artística Ancestros de Barranquilla se tomó el escenario con toda la fuerza del mapalé. Luego llegó el turno de Ritmos de mi Tierra, del municipio de Soledad, que presentó su garabato con elegancia y coordinación. Bastones en alto y pasos marcados dieron forma a una danza que representa la lucha entre la vida y la muerte, narrada esta vez desde la frescura de los más pequeños.
Un espacio aclamado
Para muchos, el regreso del Semillero del Carnaval de los Niños era una deuda pendiente con la fiesta y con quienes la sostienen desde la base.
“Este espacio hacía mucha falta. Los niños necesitaban volver a sentirse protagonistas del Carnaval, no solo como espectadores. Aquí aprenden disciplina, respeto por la tradición y amor por lo nuestro. Sin ellos, la fiesta no tiene cómo continuar”, dijo María del Carmen López, una de las asistentes.
La apuesta es que no vuelva a desaparecer. “Lo más clave de este espacio es que debe consolidarse. Para nosotros, como Carnaval de Barranquilla, lo importante es invertir en ese capital humano, y son los niños, que finalmente son ellos los que hacen esta fiesta”, dijo el director de Carnaval de Barranquilla, Juan José Jaramillo.

La jornada siguió creciendo en emociones y colores. El Congo Currambero de Barranquilla llegó a la tarima con su fuerza característica.
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Más tarde, el escenario se llenó de elegancia con Pequeños Gigantes de la Gigantona, quienes presentaron la cumbia. Al ritmo de las gaitas, las parejas infantiles exaltaron sobre la tarima una danza que es identidad nacional.





















