La industria de la moda se ha estremecido este lunes, tras la partida del diseñador italiano Valentino Garavani, por lo que la cascada de reacciones no ha cesado.
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La familia Armani y el diseñador Leo Dell’Orco, responsable de esta marca, expresaron este lunes “la gran estima” que Giorgio Armani siempre profesó a Valentino, quien murió hoy a los 93 años en Roma apenas cuatro meses después que Armani, otro de los reyes del mundo de la moda.
En un comunicado difundido por la casa Armani, la firma expresó su condolencia por la pérdida de Valentino y subrayó la relación de respeto y admiración que ambas marcas mantuvieron durante décadas.
“El maestro indiscutible de la gracia y la elegancia”, señaló la nota, “encarnó la excelencia de la couture, el rigor del oficio y una visión única de la moda”, caracterizada por “líneas puras, colores icónicos y una belleza absoluta”, una pérdida que “deja un vacío inmenso”, añadió la ‘maison’ Armani.
Tras la muerte de Giorgio Armani en septiembre de 2025 a los 91 años, Valentino quedó como el último gran emperador y embajador de la alta costura italiana, pese a haberse retirado de las pasarelas en 2007, después de más de 45 años al frente de su firma.
Con motivo del fallecimiento de Armani, el propio Valentino había expresado públicamente su respeto y admiración por su colega, a quien describió como “un amigo, nunca un rival”, y recordó una relación de más de medio siglo, desde sus primeros desfiles conjuntos en Capri (sur de Italia) hasta una larga trayectoria compartida en la historia de la moda italiana.
A comienzos de los años sesenta conoció a Giancarlo Giammetti, su socio clave en la expansión del negocio y pieza central en la consolidación internacional de Valentino SpA como firma de referencia.
Entre sus primeras clientas célebres figuró Elizabeth Taylor, a quien trató durante el rodaje de “Cleopatra” en Roma. Luego llegaron reinas europeas, actrices de Hollywood y figuras como Jacqueline Kennedy, quien lo eligió incluso para su boda con Aristóteles Onassis.
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Durante los años setenta se movió entre Roma y Nueva York, rodeado de artistas, editores de moda y celebridades. En los noventa, las supermodelos impulsaron de nuevo su visibilidad global.Sus vestidos se volvieron habituales en los Oscar y otras grandes galas, desde Jane Fonda y Julia Roberts hasta Cate Blanchett. En tiempos más recientes, Zendaya, Carey Mulligan y Gemma Chan continuaron esa tradición.





















