Me invitaron a presenciar el rodaje del nuevo video de Aria Vega, y no sabía que caminaría hacia una experiencia que no solo se filmaba, sino que se sentía.
Aria Vega —cantante y compositora barranquillera que hoy acumula éxitos sonando en redes y en las calles— ha logrado conectar con su ciudad de una manera muy especial. La bailan, la repiten, la sienten. Con su mezcla de pop, afrobeat y esa vibra costeñita inconfundible, ha puesto a más de uno a moverse y ha ido abriendo un universo propio en la escena musical. Trabajadora, disciplinada y luminosa, compone lo que canta y está viviendo un momento decisivo.
Entrar a la casa donde se rodaba su nuevo video, antes que nada, era entrar a un espacio que parecía recordar algo de todos nosotros. Una casona antigua del viejo barrio El Prado, con techos altos, ventanales inmensos y esos pisos de mosaico caribe gastados por generaciones que los caminaron antes. En silencio, la casa hablaba. Tenía esa manera de decir sin decir, de guardar su historia con una dignidad tranquila, de haber sido testigo de vidas, de alegrías y de dolores. En esa quietud dorada que entraba por las ventanas se sentía algo que no venía del equipo técnico ni del movimiento del rodaje, sino que venía del lugar mismo.
Era una casa que parecía tener memoria propia: las bisagras antiguas que crujían como suspiros, las puertas de madera pesada que abrían habitaciones detenidas en el tiempo. Cada rincón vibraba con una energía silenciosa, como si las paredes supieran que ese día se iba a contar una historia nueva. Una de esas casonas de El Prado que uno quisiera que nunca desaparecieran. Y ahí estaba también la brisa decembrina, entrando con confianza por los ventanales, como si hubiera sido invitada a hacer parte de este universo caribe que comenzaba a desplegarse frente a mí.
Más tarde entendí por qué.
Fue Sergio de Ávila, director de Turbo Creative Hub, quien me lo explicó con una frase que ordenó todo lo que yo estaba sintiendo: “Esta casa es la cabeza de Aria”. Una metáfora visual de sus inseguridades, de su fuerza, de sus dudas y de lo que quiere conquistar. Turbo Creative Hub no es solo una productora: es uno de los colectivos audiovisuales más interesantes que han surgido desde Barranquilla.
Sus proyectos mezclan estética fresca, narrativa limpia y un entendimiento profundo del ritmo. Lo lidera Sergio —barranquillero, creativo, intuitivo— y alrededor suyo hay un equipo que ha trabajado con artistas de distintos géneros, siempre desde un sello que combina autenticidad con rigor cinematográfico.
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Con Aria han construido un lenguaje visual compartido durante casi tres años, detrás de videos como Agua e’ Panela, Abanico Sanyo y Ay Mama (Mi tiburón). Conocen sus tonos, su luz, su energía. Y este rodaje, quizás más que los anteriores, parecía demostrar cuánto ha crecido ella y cuánto ha madurado ese vínculo creativo.
Sergio, que la ha visto transformarse, me explicó que la estructura de la casa no era casual: cada cuarto era un pensamiento, cada pasillo una emoción y cada escalera una parte de sí misma con la que está lidiando. Así está construida la narrativa del video: como un recorrido íntimo por su mente.
En esta canción, Aria baila su propia batalla interior. No se trata de un baile ornamental, sino de un gesto emocional: una manera de enfrentar lo que la detiene para acercarse a lo que quiere. Lo hace desde el cuerpo, desde ese lenguaje silencioso que todos usamos cuando las palabras se quedan cortas.
La cámara la sigue mientras atraviesa sus dudas, y ella se mueve para liberar lo que pesa, para hacer espacio a lo que desea.
Cuando Aria entró descalza al set, la energía cambió. Se acomodó la melena, respiró hondo y empezó a ensayar. Era su primer video con bailarinas y, aun así, la coreografía se la había aprendido apenas un día antes. No se le notaba. Había una concentración limpia, casi ritual.
Un tema muy especial
Más tarde me lo diría con esa honestidad suya, sin disfraz:
“Es la primera vez que hago un video con bailarinas y tengo una sensación de orgullo, como cuando uno hace las cosas bien y siente que cumplió una meta.”
El sencillo se llama Tototototototo (Todo Infinito) y es una de sus canciones más personales. Lo dice sin misterios:
“Esta canción es muy especial para mí.”
Y cuando uno la escucha, lo entiende.
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La primera línea —“Cada vez que me abraza, el mar picado se calma y me susurra la brisa”— tiene la textura emocional del Caribe, ese mar que habla y que uno lleva desde niño.
Para Aria, la canción es movimiento, es identidad:
“Es un poco más de la nena de Quilla, de la costeñita, de los sonidos caribeños y del afrobeat que todos llevamos en la sangre desde el tetero.”
Las bailarinas —entre ellas una del equipo de Beéle— seguían cada instrucción con precisión y presencia. Acompañaban a Aria con ese lenguaje corporal que no necesita palabras pues es el que sostiene, el que impulsa, el que enmarca. Marcaban acentos, afinaban detalles. Todo tenía un pulso común.
Una campaña que coincidió
En medio del rodaje había otra historia moviéndose en paralelo desde Bogotá: el lanzamiento de Gen Zleek, el nuevo producto de The Hair Generation, la marca barranquillera cofundada por Marcela García Caballero. Una marca nacida del storytelling del pelo, de la identidad, de cómo las mujeres se cuentan a sí mismas. Su lema —“El pelo cuenta historias, ¿cuál es la tuya?”— se volvió un sello reconocible.
Para esta campaña, Marcela quería una pieza con baile, con movimiento, con una artista que encarnara autenticidad. Pensó en Aria. Luego escuchó varias canciones suyas y escogió Tototototototo (Todo Infinito) porque fue la que más le vibró, la que tenía el ritmo y la fuerza para sostener la historia.
La canción no fue creada para la marca; fue Marcela quien la encontró en el catálogo de Aria y la sintió exacta para lo que quería contar.
Aria grabó previamente la coreografía que Marcela había imaginado para el lanzamiento. Ese material fue el corazón de la campaña presentada en Bogotá, mientras en Barranquilla se rodaba el videoclip oficial.
Las dos hicieron una alianza poderosa: la canción encontró su espacio en la marca, y la marca encontró en Aria el cuerpo y la voz que la campaña necesitaba.
Aria, que habla con la misma claridad con la que canta, me contó después que este lanzamiento también la tocó de otra manera.
“Conecto mucho con esta marca porque es de una barranquillera; demuestra lo poderosas que somos cuando nos juntamos. Estoy honrada de que esta canción haga parte de esta campaña”, me dijo.
El impacto fue inmediato: más de un millón doscientas mil visualizaciones en menos de un día, miles de compartidos y una conversación que confirmó que Tototototototo ya estaba caminando sola.
“Desde que empieza… esta canción me transporta”, añadió.
Cuando pensó el video, imaginó exactamente lo que terminó ocurriendo en esa casona de El Prado:
“Baile, Caribe, melena, calor, sudor, fuerza, poder”.
Y cuando le pregunté qué viene, la respuesta fue tan clara como contundente:
“¿Qué viene para mí? Mucha música.” Un tema por mes. Unos 18 lanzamientos. Y el sueño de un EP o un álbum conceptual que cuente una historia completa. Le ronda la gaita, la curiosidad, nuevos colores. “A mí me encanta crear universos.”
Salí del rodaje con la sensación de haber entrado en la mente de Aria, en su universo íntimo y vibrante. Pensé en lo que vi: una artista con claridad, identidad, disciplina y un talento que no pide permiso.
Y por eso, para mí, lo que viene para Aria Vega es solo cuestión de tiempo.
Afuera, el aire de El Prado seguía soplando, cómplice.
Me quedé con sus palabras finales, dichas con la serenidad de quien ya está mirando hacia adelante:
“Esto apenas empieza. Y lo que viene es todo. Todo infinito.”
Y sí. Yo también lo creo.


