“¡Y con ustedes, su majestad la reina!”. Cualquiera pensaría que hablar de las soberanas es aterrizar en alguna monarquía del mundo o, inclusive, en una película de fantasía, en la que un pueblo se rinde ante la jerarquía, poder y elegancia que profesan estas figuras.
En realidad esto ocurre en la historia inglesa, francesa o española, pero también en el norte de Colombia. Atlántico es una cuna de soberanas que esperan meses y hasta años para exaltar la cultura y tradición que transmite este departamento a través de su propio carnaval. Por eso es impensable esta fiesta sin inmiscuirse en la esencia misma de las reinas.
Y es que la esencia e identidad de una soberana se resumen en dos piezas intrínsecas, amarradas entre sí y con un valor que, aunque se pueda calcular, resulta mucho más que una cifra. La corona y el vestido, dos objetos que son más que una pieza fina o solo una costura. Esto trasciende mucho más allá de ser simples accesorios, se convierten en arte e identidad de la reina, claro, cuando pasan por las manos indicadas, las mismas que se encargan de que ella sea recordada en la historia de las carnestolendas.
Pocos podrán dimensionar lo que significa para una familia barranquillera tener entre sus generaciones a una soberana que represente el enorme sentido de la fiesta más importante de Colombia, y por lo mismo, inmortalizar esos detalles no es una tarea para cualquiera. De hecho esas son cualidades que definen a cinco manos habilidosas y mentes creativas que año tras año se preparan para dar lo mejor de sí en el Carnaval: Lina González Palmett, Carolina Arcieri, María Alejandra Kaled, Jaime Mejía y Jean Robechi.
Inmortalizar el Carnaval
Lina González Palmett dice con determinación que la corona es un “símbolo que inmortaliza el carnaval”, y nada más acertado que eso. Esta pieza trasciende generaciones y permea en la historia de las fiestas.
“Es una responsabilidad muy grande ser la persona encargada que debe hacer esa pieza que simboliza tanto para las reinas como para el carnaval como tal. La corona me parece que es el símbolo que inmortaliza el carnaval de cada una de las reinas”, expresa González Palmett.
¿Su fuente de inspiración? Encontrar la historia misma de la reina, conocer sus gustos, sus pasiones y hasta sus sueños. Y es que la labor de estas cinco personas es, precisamente, plasmar en una sola pieza el sentido propio de la fiesta, el valor del patrimonio y el sentimiento que emana la tradición del Carnaval.
Tal vez por eso Carolina Arcieri, una barranquillera que atribuye su éxito en la joyería no solo a su país, sino también a Venezuela e Italia, dice, con la pasión que la caracteriza, que la corona “es la pieza más emblemática y más simbólica de cualquier reina”. Y su gran reto comenzó ahí. Demostrar cómo sus manos artísticas eran capaces de crear una pieza que pudiera reflejar todo lo que significa el carnaval, tanto por tradición como por la esencia misma de esta fiesta que forja cada año la identidad de los barranquilleros y atlanticenses.
La corona de Cristina Felfle Fernández De Castro, reina del Carnaval de Barranquilla en 2015, fue la primera piedra que puso para abrir un camino de tradición en la fiesta. No solo fue un paso importante para su carrera en el universo exclusivo de la joyería, sino que también dio un mensaje de las obras de arte que se pueden crear en Barranquilla, pues usualmente las coronas eran importadas de otros países como Estados Unidos. En la Arenosa hay talento, y eso demostró Carolina.
Desde ese momento apoyó con su arte a cuatro reinas más que quisieron inmortalizar su carnaval, su identidad y que esta perdurara en la historia. Así lo manifiesta Carolina: “El valor real de esas piezas es que trasciende y que reflejan de verdad un año donde esas familias se entregan a Barranquilla y se entregan a hacer del carnaval la fiesta más importante”.
Una conexión íntima
Transmitir la esencia del carnaval en una pieza no solo requiere de creatividad, sino también de sentimiento y hasta la especialidad de crear vínculos. “La joyería nos permite hacer que cada pieza sea para toda la vida y eso, además de ser eterno, nos conecta con la persona para la que diseñamos. Diferente a otros tipos de arte, la joyería realmente nos crea vínculos”, resalta Lina González.
Para María Alejandra Kaled, el arte de la joyería, sobre todo, es una conexión emocional: “Uno se convierte como en una suerte de traductor entre las ideas y las emociones de la persona para poder llevarlo a cabo en una joya”.
Más que una costura
Artes diferentes, pero con el mismo propósito: enaltecer la fiesta y transmitir emociones a través de sus creaciones. El objetivo de Jaime Mejía y Jean Robechi es que la historia del carnaval se vea a través de sus diseños y que sus vestidos inspiren. Con mucho trabajo y dedicación lo han logrado. Sin temor a nada y sin barrera alguna. Lo han demostrado a lo largo de su trayectoria.
Jaime nunca pensó en trabajar para el carnaval, en su momento ni siquiera sabía de qué se trataba, pero a través de sus diseños, que con amor hace año tras año, ha logrado exaltar la tradición de la fiesta.
Su trabajo resume casi que un mantra de su vida: “Mi trabajo es darle toda la fantasía a todo el proceso de creación”. No impone modas, y lo dice de manera clara. Su trabajo es transmitir los sentimientos de las soberanas, pero lo más importante es sentir amor por esa labor. Sin eso no hay nada, pero tampoco lo hay sin humildad. En eso Jaime es enfático.
Ese mismo amor y pasión los transmite Jean Robechi, quien se caracteriza por su experiencia, perseverancia y disciplina. No todo fue tan fácil y asegura que tampoco lo será en un futuro. Se ha enfrentado a miedos, pero ha sabido cómo resolverlos. Esto le ha permitido diseñar vestidos de varias reinas del carnaval y no se frena al demostrar su amor por la fiesta: “El carnaval permite dejarnos expresar como mentes creativas (...) Por ejemplo, cómo transformar una negrita puloy en una fantasía, darle otro sentido a los vestuarios”. Y esa forma de arriesgarse ha llevado a Robechi muy lejos, no tanto como él quisiera, pues su ambición va mucho más allá de algunos diseños para el carnaval. Sueña con el Miss Universe y no duda en cumplirlo.
Tanto él como los otros cuatro artesanos sienten amor por la fiesta más grande de Colombia, la misma que quieren inmortalizar con sus creaciones.
















