El Heraldo
Hánsel Vásquez/Enviado especial EL HERALDO
Rincón Juniorista

Una marea roja inundó el Pascual Guerrero

La afición del América vivió la final como si fuese la primera de la historia.

La final se vivió al rojo vivo. Los hinchas del América de Cali inundaron las tribunas del estadio Pascual Guerrero desde tempranas horas con gran entusiasmo y energía.

Desde tempranas horas del sábado se comenzó a divisar la fiesta. Muchos carros en la calle con la bandera americana, niños, jóvenes, adultos y ancianos transitaban orgullosos con la casaca de los Diablos Rojos. 

“¿Para qué vinieron? ‘La Mechita’ va a ser el campeón”, nos dijo una cajera de un supermercado al notar el acento costeño de los dos enviados especiales de EL HERALDO.

En la vía hacia el Pascual, el colorido y el ambiente de final era mucho más notables. En la avenida quinta, había una miles de aficionados tomando cervezas, entonando cánticos, saludando a los carros que pasaban repletos de fanáticos americanos.

Hubo una larga caravana de buses de barristas rojos  procedentes de Bogotá. Montados en el techo o con medio cuerpo asomado en las ventanas alentaban al equipo caleño.

Ya al llegar al Pascual, todo era escarlata. Ni una sola camiseta rojiblanca en el panorama.

“¡Vamos Mechita! Hoy es el día de la 14”, gritaban unos jóvenes que se dirigían hacia el ingreso de la tribuna norte.

Adentro, las tribunas abarrotadas de público desde dos horas antes del juego. La salsa de Willy García puso a bailar y entretuvo por varios minutos a la gente. Luego, mientras los periodistas locales y visitantes buscaban un puestico para sentarse, por lo menos, y tratar de hacer su trabajo, la afición gritaba a todo pulmón las canciones dedicadas al club vallecaucano y los coros de las barras.

Algunos eran contra el equipo caribeño, cuya entrada al estadio había estado escoltada por el Esmad en medio de gritos y gestos de los ‘Diablos’. 

Cuando Sebastián Viera salió a calentar, muy seguro de sí mismo, recibió una explosiva rechifla y le dedicaron varios coro a los cuales el uruguayo respondió levantando sus brazos y aplaudiendo.

Ni hablar de cuando toda la escuadra rojiblanca entró al terreno de juego para calentar. Silbatinas e insultos directamente hacia Teo, que solo se enfocó en dominar el balón con calidad y en el calentamiento.

Los jugadores de Junior dejaron de ser blanco de la presión anfitriona cuando los dirigidos por Alexandre Guimaraes. Ahí sí los seguidores rojos lanzaron algunos rollos, aplaudieron, hicieron la ola y animaron. 

Poco a poco, ya con los dos equipos un buen rato en la cancha realizando el trabajo de calistenia, el público se fue regulando. 

Ya después, ya cambiados y formados para saltar a la cancha de nuevo, lluvia de papeles, banderas, paraguas, humo rojo, el intento de un tifo, bengalas, tiros de mecha y toda una fiesta previa a los 90 minutos de juego.

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