En su visita al Reino Unido, donde fue recibido con todos los honores de jefe de Estado por la Reina Isabel II en el Palacio de Buckingham y escuchado con atención en la Cámara de los Lores, el presidente Juan Manuel Santos, afirmó con vehemencia que el triunfo del ‘No’ en el Plebiscito de la Paz había sido fraudulento y producto de 'desinformación y mentiras'.
La declaración de Santos resultó imprudente y desafortunada no por lo novedosa -lo mismo había dicho el gerente de la campaña del ‘No’ del Centro Democrático, Juan Carlos Vélez Uribe– sino porque alteró el clima de las reuniones que se llevaban a cabo en Bogotá –por instrucciones del propio Santos– entre los delegados del Gobierno y los promotores del ‘No’, en la búsqueda de lograr 'ajustes' al Acuerdo Final de Paz, firmado entre el Presidente y el jefe máximo de las Farc, Rodrigo Londoño, alias Timochenko.
Arropado por las cortinas del Palacio de Westminster, sede del Parlamento Británico, Santos sacó valor para decir con contundencia en la Cámara de los Lores en Londres lo que no había dicho en Bogotá: 'El triunfo del ‘No’ fue el resultado de una estrategia de desinformación y mentiras'.
La versión londinense de Santos contrastó con la versión bogotana. A muchos les gusta más el Santos directo y camorrero de allá, que el taimado y calculador de acá. A los que no les gustó ni cinco el 'Santos inglés' fue a los dirigentes del ‘No’, quienes protestaron públicamente por las que consideraron ofensas del Presidente.
A la postre el impasse se superó y las tensas negociaciones concluyeron con más de 400 recomendaciones del ‘No’ al Gobierno para que este –a su vez– las discuta con los delegados de las Farc en La Habana, quienes tendrán la última palabra sobre el 'nuevo' Acuerdo Final de Paz, como lo llamó el ministro del interior, Juan Fernando Cristo.
En esta oportunidad, sin embargo, el tiempo corre en contra de las Farc, pues si alargan la negociación –como suelen hacer con frecuencia– podrían desaprovechar el mejor momento que han tenido en toda su historia para sacar adelante unos acuerdos muy favorables en términos sociales, políticos y económicos. Y si se quiere, también electorales, puesto que en la más reciente encuesta de Gallup, ese grupo guerrillero alcanza una sorpresiva favorabilidad del 18 por ciento, por encima, incluso, de los partidos tradicionales.
Pero, además, son las Farc las que más tienen que perder si no se logra pronto un 'nuevo' Acuerdo Final de Paz. La incertidumbre jurídica de sus jefes y de sus combatientes, el ánimo de la 'guerrillerada', que espera ansiosa en los campamentos el humo blanco de La Habana y el riesgo de una deserción masiva ante la volubilidad en que se encuentran, son alarmas encendidas que los voceros del grupo guerrillero deben desactivar en el menor tiempo posible. ¿Qué va a pasar en la nueva negociación entre el Gobierno y las Farc? ¿Qué pasará con los temas gruesos del Acuerdo Final, que no son sujetos de 'ajustes', sino de cambios estructurales de fondo?
Acuerdo Final: ¿cómo mover los inamovibles?
Las reuniones entre el Gobierno y los voceros del ‘No’ tenían como propósito lograr acercamientos en los temas de fondo del Acuerdo Final y no el de 'maquillar' aquellos puntos en los que hay algunas afinidades. Es decir, de lo que se trataba era de mover los 'inamovibles' del ‘No’ y no de cambiar algunas palabras incómodas. Había que meterle mano a la carne y no al hueso. Y –al parecer– en este sentido fue muy poco lo que se avanzó. Para decirlo en plata blanca: ni el Estatuto de la Oposición, ni la amnistía a los combatientes rasos de las Farc, ni siquiera el uso y propiedad de la tierra, son puntos irreconciliables entre los promotores del ‘No’ y los delegados de las Farc. Todos ellos se pueden ajustar, pues son el 'hueso' del Acuerdo y por consiguiente no son el problema. El problema está en la 'carne' del Acuerdo Final. Es decir, en los verdaderos temas de fondo: ¿Qué pasará con las penas efectivas a los jefes de las Farc, que tienen que ver con la restricción de su libertad (cárcel)? ¿Qué restricciones políticas se les impondrán para su acceso al Congreso y a otros cargos de elección popular? ¿Cómo se modificará el Tribunal Especial de Paz para que respete la autonomía de la Rama Judicial y para que esté compuesto sólo por magistrados colombianos?
¿Gobierno con la camiseta del ‘No’ en La Habana?
La reunión de ayer en la Casa de Nariño, entre el presidente Santos y Humberto De la Calle, sirvió para que el jefe del equipo negociador del Gobierno informara al jefe del Estado sobre los acercamientos que hubo durante las sesiones con los promotores del ‘No’. Pero –sobre todo– para que le contara en qué puntos las distancias entre lo acordado en La Habana y las propuestas del ‘No’ resultan siderales. Y ello es muy importante, porque de lo que se trata no es de que los delegados del Gobierno sean simples 'mensajeros' de las propuestas de los promotores del ‘No’, sino que se pongan su camiseta a la hora de defenderlas ante las Farc. Y es aquí donde surge una enorme dificultad, luego de la imprudente y desafortunada declaración de Santos en Londres: ¿Van a ponerse los delegados del Gobierno la camiseta del ‘No’ luego de que su jefe –el presidente Santos– afirmara que ganaron con 'desinformación y mentiras'? ¿Con qué legitimidad van a defender ante las Farc unas iniciativas a las que el propio Santos descalificó por ser producto del 'engaño' y el 'fraude'? ¿Qué pasa si las Farc desoyen las propuestas del ‘No’, que fueron respaldadas con 6.400.000 votos? Pero, además, las iniciativas del ‘No’ tampoco tienen el respaldo de los propios delegados del Gobierno en La Habana, como ocurre con el senador Roy Barreras, quien –durante la campaña plebiscitaria– bombardeó con todo tipo de adjetivos a los líderes de opositores. ¿Defenderá Roy unas propuestas en las que no cree? Difícil pensar que así sea.
El afán ahora es de las Farc
Hay una frase que se hizo célebre en todas las negociaciones de paz con las Farc: 'Los tiempos de las Farc son distintos a los del Gobierno'. Ello para significar que la premura a la hora de dialogar no es una de sus características. Esa parsimonia les sirvió para ganar muchas batallas por físico cansancio de sus interlocutores, que manejan otros tiempos y otras urgencias. Pues bien, ahora los tiempos cambiaron, porque quienes tienen afán son las Farc. En el caso de Santos, su mayor preocupación es la de recibir el próximo 10 de Diciembre el premio Nobel sin tener la paz firmada con las Farc. A las Farc en cambio le inquietan varios asuntos delicados: uno tiene que ver con el aspecto militar y estratégico, pues se trata de un ejército irregular cuyos hombres están en sitios fijos y ello los hace vulnerables ante un eventual rompimiento del 'cese bilateral del fuego y hostilidades', escenario que trasnocha a varios de los comandantes del grupo insurgente. Todos los ejércitos del mundo son entrenados para combatir y las Farc no son la excepción. La modorra, la incertidumbre y el limbo podría llevar a sus jefes a desesperarse y buscar salidas, como la deserción, que es uno de los mayores riesgos de las Farc en estos momentos. Una deserción masiva de combatientes sería funesta para los voceros de las Farc en La Habana y para la propia negociación. La otra premura de las Farc es política: nadie tiene más afán por hacer política que ‘Timochenko’ y compañía, mucho más ahora que tienen una 'milagrosa' favorabilidad –según la encuesta de Gallup– del 18 por ciento, por encima de los partidos políticos. Pasar del 99 por ciento de rechazo de los colombianos al 18 por ciento de favorabilidad les abre a las Farc una puerta electoral lo suficientemente ancha como para ser protagonista de primer nivel en 2018.
¿Están dispuestas las Farc a tragarse los sapos?
Es evidente que quienes tienen afán ahora son las Farc y por ello serían las más interesadas en firmar cuanto antes un 'nuevo' Acuerdo Final, entonces es posible que les toque beberse la misma medicina que nos tuvimos que tomar los colombianos durante la negociación en La Habana, esto es: tragarse varios sapos si quieren mantener vivo el Acuerdo Final de Paz, el mismo que fue rechazado por los colombianos. Punto. ¿Están dispuestas a ceder en algunos inamovibles, como los que tienen que ver con la restricción de la libertad de sus jefes? ¿Están dispuestas a replantear todo el sistema de Justicia Transicional? ¿Están dispuestas a ceder en lo que tiene que ver con la llegada 'express' de sus jefes de la selva directamente al Capitolio? Ese es el debate que se abre esta semana en La Habana, sólo que en esta oportunidad las cosas serán diferentes, pues el tiempo por primera vez corre en su contra.


